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La compraventa de fincas rústicas se despereza

Las tierras dedicadas al cultivo de regadíos son las que menos valor han perdido durante la crisis
Las tierras dedicadas al cultivo de regadíos son las que menos valor han perdido durante la crisis / Ismael Rozalén
  • El número de operaciones ha crecido un 16% en el último año, aunque los precios de la tierra siguen bajos y el mercado echa en falta la entrada de inversores fuertes

El pasado mes de febrero saltó la noticia de que el dueño del club de fútbol Manchester City, el jeque Mansour Al Nahyan, se había comprado una finca de 8.000 hectáreas en Valencia de las Torres con el propósito de desarrollar allí una explotación ovina de 20.000 cabezas y una yeguada con destino al mercado árabe, además de mantener su tradicional uso cinegético. Cada vez que se lleva a cabo una gran operación de ese tipo se produce una pequeña convulsión en el mercado de las fincas rústicas, aunque más por los titulares de prensa que por un efecto real en las compraventas de un sector al que le está costando despegar en Extremadura tras casi una década de crisis, si bien los datos del último año empiezan a ser esperanzadores.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) refleja que en 2015 se volvieron a superar en la región las 6.000 operaciones de compraventa de fincas rústicas, lo cual no ocurría desde el año 2008, y es una tendencia que se está manteniendo en el primer semestre de 2016. En concreto, el pasado año se vendieron en Extremadura 6.046 fincas (3.739 en Badajoz y 2.307 en Cáceres), lo que supone un incremento de un 16% en relación a 2014, cuando las operaciones fueron 5.200, y del 26% con respecto al peor año de transacciones de la última década, que fue 2010 con tan solo 4.781.

Las cifras están aún lejos de los niveles precrisis (en 2007 se vendieron en Extremadura 7.883 fincas rústicas), pero las subidas de los dos últimos años demuestran que el mercado empieza a desperezarse, al menos en el número de operaciones. Otra cosa son los precios de venta, que si bien en este sector no han sufrido un descenso tan profundo como en el residencial, también se han abaratado y se mantienen en niveles bajos.

Resulta difícil dar cifras, ni siquiera orientativas, en cuanto a los precios a los que están cerrando ahora mismo las operaciones de compraventa en Extremadura porque depende mucho del tipo de terreno y de su uso. La fuente más fiable en este sentido son las numerosas compañías inmobiliarias de la región especializadas en fincas rústicas. Los agentes consultados por este diario mantienen una visión pesimista y coinciden en su diagnóstico de que el mercado se encuentra «casi parado», si bien destacan que en algunos sectores empieza a haber algo más de movimiento poque los precios están «históricamente bajos».

«Si alguien se está planteando comprar una finca de recreo en Extremadura, desde luego ahora es el momento», afirma tajante José Antonio Pacheco, de la firma pacense Agrofinca. «Lo poco que se vende es sobre todo de labor y cultivo, y más movimiento hay cuanto más pequeño es el terreno», apunta este mediador, que echa en falta a los grandes inversores, sobre todo de Madrid, que antes miraban hacia Extremadura pero han dejado de hacerlo por el escaso margen de ganancias que les da la tierra.

Una opinión parecida tiene Enrique Fernández, de Fincas Rústicas Suroeste, quien apunta que ahora mismo se están viendo en el mercado extremeño precios «de hace 20 o 25 años».

De hecho, considera que ese es el motivo principal del repunte en las compraventas que se haya podido producir durante el último año. Según su experiencia, la valoración actual de las tierras en Extremadura se mueve «entre los 25.000 euros por hectárea de los cultivos de regadío más caros de tomate, arroz o maíz, y los 2.000 o 3.000 que se están pagando por las fincas de caza y de recreo».

El perfil mayoritario del comprador de finca rústica ahora mismo en Extremadura es el de un agricultor local que adquiere un pequeño terreno en su lugar de residencia con el objeto de ampliar un poco sus cultivos. Grandes operaciones como la del dueño del Manchester City, o la de la finca adquirida también recientemente en táliga por el emir de Dubai, que se va construir allí una residencia de recreo, son por el momento excepciones en un mercado que, en las circunstancias actuales, sigue resultando poco atractivo para el inversor, aunque según Enrique Fernández se han visto ciertos repuntes puntuales de la demanda en algunos cultivos muy concretos, como la viña.

Los responsables de las inmobiliarias rústicas también coinciden en señalar que este es un mercado especialmente sensible a la inestabilidad política porque retrae a los inversores, y del mismo modo influye la incertidumbre sobre el posible final de las ayudas de la PAC, que puede dejar de hacer rentables algunos cultivos y usos ganaderos.