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Monsanto, objeto de deseo y de lo contrario

Estos últimos días, la multinacional Monsanto ha sido protagonista directa o indirecta por varios asuntos. Por un lado de forma directa, por la oferta de adquisición por parte de otra multinacional, la alemana Bayer, que ofreció más de 55.000 millones de dólares. Monsanto lo ha considerado insuficiente y cree que hay determinados aspectos que no están suficientemente claros, por lo que lo ha rechazado, por el momento. Hay que recordar que hace pocos meses esta multinacional intentó lo propio con Syngenta, y la operación no fraguó. Llama la atención que en tan poco tiempo se pueda pasar de comprador a comprado; un indicador, al fin y al cabo, de que también las grandes empresas buscan ganar dimensionamiento para competir mejor en unos mercados que cada vez son más difíciles y están más ajustados.

También en muchos foros ha salido su nombre en relación con el cada vez más enrevesado debate europeo sobre la renovación de la aprobación del glifosato, el principio activo más utilizado como herbicida a nivel mundial, y durante más tiempo. Aunque la patente de esta molécula ya ha prescrito y son muchas las compañías que la comercializan, su nombre está y estará asociado a Monsanto, entre otros motivos, por ser su creador. Pero no solo por eso, también sus eventos transgénicos que se incorporan a muchas variedades de cultivos para hacerlos resistentes a herbicidas, en concreto a los elaborados a partir de esta molécula.

El glifosato ha sido autorizado por las autoridades científicas de los principales países del mundo, pero siempre ha habido un intenso debate a caballo entre los científico y lo emocional. Sin embargo, en estos últimos meses se están publicando estudios que generan dudas y contradicciones, al menos para el ciudadano de a pie. Mientras el Centro Internacional de Investigación contra el Cáncer, dependiente de Organización Mundial de la Salud (OMS), emitía un informe en 2015 declarándolo cancerígeno probable, la misma OMS y la FAO han dicho un año después lo contrario. Si ni ellos los tienen claro, poco se puede pedir al eurodiputado, y menos todavía, al ciudadano de a pie.

La necesidad de este herbicida para los agricultores es incuestionable, al margen de que se utilice o no con cultivos transgénicos. Es muy difícil entrar a valorar, salvo que uno tenga formación técnica científica en la materia, si los informes son correctos o incorrectos, por no decir imposible. Pero hay dos aspectos que generan pocas dudas. El primero de ellos, que dejar de comercializar glifosato sin alternativas contrastadas sería un auténtico drama para los agricultores, que se quedarían sin su mejor herramienta para defenderse de las malas hierbas. El segundo de ellos, es que el glifosato, siempre que se haya aplicado de una manera adecuada, tal como marcan las prescripciones de los fabricantes, no produce daños sobre las personas, o al menos no se conocen casos confirmados desde 1974, en que se comenzó a utilizar. Por supuesto, un uso incorrecto o abusivo de este producto, como de cualquier otro producto de síntesis química, puede producir daños en la salud y en el medio ambiente. Pero eso sucede con otros muchos, y no solo fitosanitarios. El hecho es que la Comisión Europea dispone de poco más de un mes para buscar una solución de consenso, antes de que se produzca una verdadera crisis en el sector agrario. Por el momento, el Parlamento Europeo se ha enrocado y no acepta la reducción de tiempo de aprobación de uso, pidiendo su completa prohibición. Una exigencia desproporcionada y muy peligrosa.

La tercera cuestión ha sido el reciente informe de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU, que ha concluido que las plantas transgénicas son indiferenciables del resto y que no existe ninguna prueba de que tengan impacto negativo sobre la salud. Hay que recordar también que estas plantas se cultivan desde hace 30 años, un tiempo suficientemente amplio como para que hasta los más escépticos comiencen a confiar en el empirismo científico, que aunque no exacto del todo, es lo menos inexacto de lo que disponemos.