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MENOS AGRICULTORES Y MENOS JÓVENES

Que cada vez hay menos agricultores y que menos jóvenes deciden desarrollarse profesionalmente en el sector primario, es una realidad bastante asumida dentro del mundo agrario. Sin embargo, de vez en cuando se publican datos, más allá de los registros nacionales de empleo, sobre los que merece la pena hacer alguna reflexión. Según un estudio presentado por el Parlamento Europeo y elaborado por dos institutos de investigación, uno austriaco y otro inglés, la Política Agraria Común (PAC) no favorece la creación de empleo agrario. Mientras que desde 2007 hasta 2014 el empleo total de la Unión Europea (UE) ha caído en un 2,8%, en el sector primario, incluida silvicultura y pesca, el descenso ha sido del 9,6% Esto ha supuesto la pérdida de representatividad del empleo agrario en zonas rurales, que ha pasado del 16,2% al 12%

Estos datos no deben sorprender. El objetivo de la PAC no es aumentar el empleo rural. En sus orígenes, cuando su finalidad solo era producir volumen de alimentos en una Europa deficitaria, el aumento de empleo fue una consecuencia directa. Esta tendencia cambió desde el momento en que empezamos a ser autosuficientes y, por tanto, el objetivo pasó a ser gestionar el excedente y racionalizar la producción. Todavía menos ahora, cuando ante una liberalización paulatina de los mercados, lo que se busca es ser más eficientes a nivel global y, para ello, se ha hecho necesario concentrar la producción, entre otras cosas. Por ello, el primer pilar de la PAC, que sigue siendo el más relevante, presiona el empleo a la baja.

Otra cuestión son las medidas que se adoptan con el segundo pilar, orientado al desarrollo rural. Esta parte de la PAC, menos importante presupuestariamente, sí tiene entre otros objetivos mantener población en zonas rurales. Para ello promueve el desarrollo económico integral, pero su impacto en la economía rural y por tanto en la agraria, es mucho más reducido. En todo caso no compensa la pérdida de empleo derivada de la concentración del tejido productivo y del abandono de la producción.

En la evolución del empleo agrario es muy importante el papel que juega la incorporación de jóvenes agricultores, un objetivo incluido en este segundo pilar. En este sentido, la Comisión ha hecho público un estudio de percepción entre jóvenes agricultores europeos que pone sobre la mesa sus dificultades para incorporarse al sector agrario, en particular en España, lo que ha hecho que en nuestro país su número esté por debajo de la media europea. De acuerdo con los datos del Consejo Europeo de Jóvenes Agricultores en España, un 5,3% de los agricultores son consideraros jóvenes, frente a un 6,5% de media de la UE, y un máximo del 14% en algunos países.

Uno de los mayores limitantes que tienen es el acceso a tierras que les permita disponer de un soporte físico suficiente como para poder gestionar una explotación viable. Así lo valora el 60% de este colectivo. En el caso español esta limitación es algo más baja que en el resto de la UE, solo el 50%, ya que el marco geofísico de nuestro país es mucho más amplio y diverso. Sin embargo, la limitación cuando se trata de arrendamientos sí se aproxima a la media europea. Un factor limitante para los jóvenes españoles que quieren emprender en el sector agrario, es el acceso a fuentes de financiación; un asunto mucho más condicionante que en otros países del centro y norte de Europa.

Otro dato que llama la atención es la mayor mentalidad subsidiada de nuestros jóvenes, ya que para el 70% la dificultad en el acceso a ayudas es un limitante, mientras que la media europea es solo del 40%. También es cierto que esto puede ser un indicador de un modelo agrario menos eficiente. En todo caso, un síntoma de lo importante que siguen siendo las ayuda públicas para la agricultura.