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«Los esquiladores de la región tienen un gran nivel»

Juan Luis Benítez (izquierda), y José Manuel Borrego, en plena faena. :: j. g.
Juan Luis Benítez (izquierda), y José Manuel Borrego, en plena faena. :: j. g.
  • José Manuel Borrego y Juan Luis Benítez acaban de comenzar la temporada, que se prolonga hasta finales de junio

La llegada de la primavera trae al campo una serie de faenas. Junto a la siembra de tomates, melones o sandías que alivien en julio y agosto los rigores del estío, el esquileo de las ovejas se hace necesario. Cuenta Extremadura con un gran número de esquiladores, muchos de ellos formados y con suficiente experiencia para 'pelar' a las más de tres millones de cabezas de oveja con las que cuenta la región, la segunda mayor cabaña ovina del país, tan solo por detrás de Aragón.

Ha sido Extremadura una región cuya producción ovina ha estado enfocada más a la carne y a la leche. Pero la irrupción en el mercado de los países asiáticos, llegando a pagar hasta casi 15 euros el kilo de lana, ha revalorizado la lana, y con ella el trabajo de los esquiladores.

José Manuel Borrego y Juan Luis Benítez, naturales de Salvatierra de los Barros, son dos esquiladores extremeños que en estos días se encuentran trabajando para ganaderos calamonteños. Pero, además de en esta localidad cercana a Mérida, Borrego y Benítez trabajan en Salvatierra de los Barros, en Jerez de los Caballeros o en Zafra. Otros de sus compañeros salen de la región para trabajar en Andalucía o en Castilla la Mancha o León cuando el trabajo en Extremadura decae.

Este oficio, el de esquilador, ha ido pasando de padres a hijos tradicionalmente, como en el caso de Juan Luis. Aunque también se puede aprender mediante formación reglada a través de cursos y cuyo coste suele asumir el propio esquilador, como fue el caso de José Manuel, que en el año 2000 asistió en el país vecino a un curso impartido por un reconocido esquilador francés. «La administración no apoya mucho este oficio y apenas hay ayudas por su parte», se queja Borrego.

La crisis económica también ha aumentado el intrusismo en una profesión denostada hasta hace no mucho. «Ahora das una patada a una piedra y salen doscientos esquiladores que ni son esquiladores ni nada, pero ellos se denominan así», apunta Benítez, que denuncia que muchos de los que esquilan actualmente, «ni han aprendido el oficio en cursos ni les ha enseñado nadie, aunque entendemos que como está la cosa uno haga lo que pueda porque hay que llevarse el pan a la boca todos los días y el jornal hay que buscarlo como sea», reconoce.

La jornada laboral para ellos comienza por la mañana, bien temprano, y se prolonga hasta avanzada la tarde. A lo largo de cada jornada, llegan a esquilar unas 250 o 300 ovejas. Y, según apuntan, «el sueldo no es muy alto». Además, hay que señalar que la campaña dura escasamente tres meses y es difícil vivir de este oficio. «Para vivir de esquilador te tienes que ir a Australia, porque aquí esto no da para vivir todo el año», reconoce Borrego, al tiempo que añade que el resto del año es temporero en el campo «trabajando en lo que caiga porque hay que darle de comer a la familia».

«El nivel de los esquiladores extremeños es muy alto y la mayoría son de aquí, aunque algún consejero de Agricultura dijo en una ocasión que los esquiladores de Extremadura venían de Polonia», afirma el de Salvatierra, que se muestra decepcionado por la poca implicación de la administración regional con este oficio, aunque desde 2011 el gobierno de la región ha comenzado a impartir cursos para esquiladores en los Centros de Formación del Medio Rural de Don Benito, Navalmoral de la Mata o Miajadas.

Técnica

Como en todos los oficios, hay diferentes técnicas. «Cada maestrillo tiene su librillo», reconocen. Borrego y Benítez usan una modalidad neozelandesa que permite sacar el mayor rendimiento posible a cada merina. La técnica que consiste en esquilar a la oveja sin atarle las patas, permitiendo, con menos pasadas de la maquinilla, extraer más lana de cada animal.

Y es que Extremadura es una de las principales productoras de lana de España. Si hablamos de lana procedente de oveja merina, es la primera, seguida de Andalucía. Si nos referimos a lana de menor calidad, las dos Castillas encabezan la clasificación, seguidas de cerca por Extremadura. La lana de oveja merina está muy reconocida en el mercado por sus múltiples características: no propaga el fuego, es ignífuga, lo que la hace muy útil para, por ejemplo, los pasamontañas que emplean los pilotos de Fórmula 1, confeccionados al cien por cien con esta lana, que también usan reconocidas firmas internacionales de moda como Louis Vuitton por su calidad y resistencia o grandes marcas como Nike o Adidas por ser un importante aislante térmico natural.

Así, este oficio, pese a la crisis, el intrusismo y el bajo número de centros de formación, en Extremadura tiene la continuidad asegurada. De hecho, uno de cada tres de los 700 esquiladores del país es extremeño y la Asociación Española de Esquiladores de Ovejas, creada en 2010, tiene su sede en la localidad extremeña de Castuera.