Paloma Almoguera
Pekín, 20 ago (EFE).- La condena a muerte suspendida contra Gu Kailai, conmutable por una pena de prisión, sugiere para algunos expertos que su esposo, el ex líder Bo Xilai, será tratado con benevolencia por el régimen chino, con una doble intención: mostrar unión política interna y suavizar la imagen del país en el exterior.
La sentencia de Gu y la de su asistente doméstico Zhang Xiaojun -quien recibió nueve años de prisión como cómplice- por el homicidio del británico Neil Heywood fueron anunciadas hoy a la hora prevista (9.30 am hora local, 1.30 am GMT) sin grandes sorpresas, ya que eran la opción predominante de todas las quinielas.
Parte de su trascendencia radica en las pistas que la condena aporta acerca del castigo que el Gobierno chino decidirá contra Bo, caído en desgracia al tiempo que se daban a conocer las sospechas contra Gu pero jamás implicado en la muerte de Heywood.
Por el momento, a Bo, otrora uno de los políticos en mayor alza del país pero del que se desconoce su paradero desde que fuera depuesto en marzo, sólo se le investiga por "irregularidades" dentro del Partido Comunista.
"Será un castigo ligero. Probablemente la expulsión del Partido. Aunque fuera a juicio, sería juzgado por ofensas menores, no por cargos de peso como corrupción", dijo hoy a Efe el experto en política china Willy Lam desde Hong Kong.
Las posibles prácticas corruptas de Bo en Chongqing (metrópoli en el centro de China que gobernaba hasta su caída el pasado marzo) es una de las sombras del caso sobre las que el Gobierno chino ha corrido un tupido velo porque sus extensas ramificaciones dañarían seriamente al régimen, según algunos analistas.
Por ello, Pekín ha optado por no tomar medidas extremas en el escándalo antes del relevo en el poder que tendrá lugar durante el XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) en octubre, "en aras de la máxima de unidad y armonía política que quiere transmitir tanto dentro como fuera del país", apunta Lam.
"Además, Bo todavía cuenta con apoyo considerable de la izquierda más conservadora. El Gobierno prefiere no enfadar a sus aliados", explica a Efe Willem van Kemenade, consultor holandés de política china afincado en Pekín.
Esta intención también es visible en la "condena sorprendentemente baja" de los cuatro jefes de Policía chinos acusados de encubrir a Gu, que recibieron hoy penas de cinco a once años de prisión, evalúa Kemenade.
Con Gu fuera del patíbulo y Bo tan sólo condenado al ostracismo político, el régimen apostaría por un tono apaciguador de cara al exterior, en línea con un reciente discurso del vicepresidente Xi Jinping -considerado el próximo líder del país- en el que aseguró que "el mundo no tiene por qué temer a China", aseguran a Efe fuentes académicas chinas que prefieren mantener el anonimato.
Por las mismas razones, Lam ya no cree "tan probable" que el ex mano derecha de Bo y vicealcalde de Chongqing, Wang Lijun, "sea acusado de traición y se le condene a muerte. Como mucho recibirá la misma sentencia que Gu".
Wang fue quien desató el escándalo el pasado febrero cuando pidió asilo en el Consulado de EEUU en Chengdu (próxima a Chongqing), donde, supuestamente, reveló la mala praxis de Bo y vinculó a Gu con la muerte de Heywood.
A pesar de la aparente consistencia de la trama -y de las prisas de las autoridades chinas por dar por cerrado un escándalo que ha ensombrecido los preparativos para la transición en el poder- Kemenade insiste en que aún hay muchas incógnitas.
Entre ellas, el consultor se cuestiona la identidad del británico, a quien se le ha llegado a tachar de espía: "¿quién era Heywood realmente? Seguramente, sólo un profesional del lavado de dinero", considera. EFE