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La carrera de fondo del torero

SOCIEDAD

La carrera de fondo del torero

Correr, estirar, torear de salón, hacer ejercicio o acudir a tentaderos. La agenda de los diestros en invierno se llena de otro tipo de compromisos...

27.12.09 - 00:05 -
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No cabe duda de que para ser torero se necesita valor, esfuerzo y mucho arte, pero también reflejos, agilidad y una forma física que permita saltar al callejón tras un par de banderillas e incluso esquivar al morlaco en caso de caída. A nadie le extraña que los diestros pasen horas entrenando, acudiendo a tentaderos e incluso toreando de salón. La afición puede verles de vez en cuando en traje corto y por supuesto en traje de luces, pero cada día, los matadores de toros se calzan las zapatillas, se ponen la ropa deportiva y se dedican a preparar a fondo su forma física. Sobre todo en el invierno, cuando se dispone de más tiempo al no tener compromisos. El mundo del toro, dicen, es una carrera de fondo y en este caso más que nunca. Carrera continua, estiramientos, ejercicios y toreo de salón componen la tabla diaria de cualquier diestro.
Lejos de corridas, de viajes, de cogidas y de aplausos la finca es el refugio para cualquier torero. Son poco más de las once de la mañana y en 'Las carboneras' hace frío y un aire que torna la jornada un tanto desapacible, pero tan sólo mirar el entorno hace que un extremeño se sienta como en casa. En plena dehesa, cualquier actividad se hace más amena. Incluso correr a dos grados de temperatura y pisando un suelo cuya vegetación conserva aún restos de escarcha.
Con gorro de lana para combatir el frío y la inestimable compañía de su perrita Maggie, Antonio Ferrera comienza su día dedicando una hora a la carrera continua. Lo hace cada mañana e incluso tiene un pequeño circuito preparado. Las inclemencias del tiempo son lo de menos para alguien que lleva más de una década dedicándose plenamente a la profesión que ha encandilado a personas tan dispares como Orson Welles, Hemingway o el cantante Joaquín Sabina.
>El verano no es tiempo de descanso ni el invierno momento en el que se intensifica la actividad. El ritmo de vida de los toreros es distinto. Su actividad es mayor entre marzo y octubre y se relaja en noviembre. Diciembre, enero e incluso febrero son meses para la temporada americana: Venezuela, Colombia, México... «El invierno es el momento para vivir el toro las 24 horas, con entrega y responsabilidad lo cual no quiere decir que no aproveches para quedar con amigos y pasar un rato en un ambiente distendido», resalta el de Villafranco del Guadiana.
Las vacaciones para los diestros suelen venir cuando termina la temporada, en torno a octubre o noviembre. Para Antonio llegaron a medias. El 31 de octubre lidió su última corrida en Navalmoral de la Mata pero tuvo una cogida que le mantuvo un mes de 'descanso'. «Aproveché también para operarme del brazo, de una lesión que tenía con anterioridad, así que he pasado ese tiempo en reposo», comenta mientras reconoce que le ha venido bien, sobre todo para descansar y mentalizarse, algo que valoran todos los diestros. No sólo hay que preparar el cuerpo sino también la mente. La concentración que debe tener un torero antes de pisar el albero y enfrentarse a un animal cuya sola presencia ya impone respeto es importante y se prepara en estos momentos.
Esta mentalización pasa por 'entrenarse' para determinadas situaciones complicadas que pueden darse a lo largo del año. Cogidas, lesiones o los altibajos de la profesión, que pueden hacer que un día un matador abra una puerta grande y al siguiente pinche en hueso.
«Hay que saber esperar, la capacidad de tener paciencia cuando llegan esos momentos que son complicados y que a todos nos llegan y llegarán es importante», apunta Ferrera instantes después de terminar la carrera. Llega el momento del calentamiento, del sprint, el ejercicio aeróbico y la elasticidad. Para eso se ha cambiado de ropa y ahora viste un pantalón corto. Con un frío que cala los huesos los que aseguran que los toreros están 'hechos de otra pasta' llevan más razón que nunca.
Colosal en los tres tercios, la afición se entusiasma especialmente con el de banderillas. Hay pocos matadores que las pongan. Algunos lo hacen tan sólo en ocasiones especiales o en determinadas plazas. Es en esos momentos cuando Ferrera hace gala de una elasticidad y una agilidad que -desde el tendido- impresionan, emocionan y ponen el corazón en un puño a partes iguales. Por ese motivo sorprende sobremanera saber que no hay entrenamiento para los garapullos.
«Desde que tenía unos doce años -comenta- no ensayo para las banderillas. Parece que todo está calculado pero es pura improvisación incluso hago muchísimas cosas que no imagino que podría hacer». Según él basta con tener conocimiento de los terrenos, de las distancias y algo de inercia pero siempre «con cabeza».
¿Y los deportes? «Me encanta jugar a fútbol o al tenis pero intento no llegar al máximo porque puede haber riesgos», reconoce Antonio que comenta entre risas que hace unas semanas jugó un partido en Ciudad Real donde intentó marcar un penalti a Songo'o. «Era imposible», bromea tras declararse seguidor del F.C Barcelona.
De salón
Mientras estira apoyado en una encina el viento sigue soplando con fuerza y Antonio reconoce que no es un buen día para torear. Aún así toma muleta, capote y carretón y en la plaza de tientas de la finca se dispone a torear de salón, es decir, a emular los pases y practicar lo que después hará delante del toro. Es una actividad que realiza cada día.
Observando la conjunción entre la figura del torero y el capote, la concentración, al matador y su mirada se nota que Antonio ha nacido para ello. El toreo de salón es quizás uno de los momentos de concentración y de intimidad del diestro. Además tiene la suerte de que su mozo de espadas, su hombre de confianza es además su hermano, Diego Ferrera, que toma el carretón para emular los movimientos del toro.
La constancia es sin duda una de las cualidades de Antonio, y a pesar de que el día está desapacible y con el viento el torero puede quedar descubierto, se desplaza hasta el lugar donde guarda el ganado bravo. Antonio Ferrera tiene una coqueta finca donde se encuentran sus animales. Algunas ovejas y una partida de vacas con las que, en ocasiones, se entrena pero también lo hacen alumnos de la Escuela Taurina a los que invita con asiduidad. Al diestro de Villafranco del Guadiana le encanta compartir esos momentos con los chicos que sueñan con ser como él el día de mañana.
Él también fue como ellos lo que le hace ser humilde, una de las cualidades que más admiran sus seguidores. «Yo siento que el público me da más de lo que doy y ver que la gente va ahora a la plaza con la misma emoción que iban a verme cuando tenía 9 años es muy gratificante. No obstante yo he salido de donde ha salido todo el mundo. Soy de pueblo y vengo de la sencillez, la humildad, el espíritu de superación, el trabajo… Pienso que las cosas hay que ganárselas por uno mismo y que hay fiel a esos principios. Tengo el carácter del extremeño luchador, que sale de abajo y lucha por sus objetivos», comenta.
Antonio tiene una legión de aficionados y una peña en su pedanía que acaba de cumplir quince años. Aunque nació circunstancialmente en Ibiza, siempre ha vivido en la región y se considera extremeño de pro por lo que la Medalla de Oro de Extremadura de 2007 supuso para él una especial alegría. «La medalla es para la gente que me sigue, para los que se sienten identificados conmigo más que para mi», reconoce.
La conversación con Antonio se interrumpe unos momentos. Llega la hora de encerrar a las vacas. La labor es compleja y requiere concentración. Las vacas se encuentran en un corral desde el que hay que dirigirlas hacia otro. Se hace corriendo detrás de ellas y una vez en el corral se observan sus características. Diego y Antonio las contemplan y seleccionan la que será lidiada. Pasa a un corral y finalmente al remolque para animales que se engancha a un vehículo para transportarlas. Ya en la plaza de tientas se abre el 'toril' y sale la vaca que muestra bravura sobre el albero. «Lástima de viento» masculla Antonio. La recibe con el capote y continúa con la muleta. Se encuentra tan cómodo con ella que ni se percata del paso del tiempo. La vaca regresa al corral. El entrenamiento por hoy ha terminado pero llega el momento de hablar del futuro.
A Cali>
¿Cómo se presenta la próxima temporada para Antonio Ferrera? De momento los compromisos más inmediatos están en América. El día 29 marchará al otro lado del océano donde el 1 y 2 de enero toreará en Cali, la tercera ciudad más poblada de Colombia.
«En esta ocasión -explica- quiero que sea poco tiempo porque ya llevo siete años pasando el fin de año fuera y en 2010 quiero estar menos días». La razón es que Antonio quiere prepararse a conciencia para Francia, Portugal y sobre todo España. Aún no hay nada firmado pero reconoce que le haría ilusión empezar la temporada en su tierra, en Olivenza una plaza que asegura, lleva en su corazón. Quizás lo más inminente es llegar a un acuerdo con un apoderado -rompió su relación con José Cutiño y actualmente no le lleva nadie-. «Considero importante el tema personal. Que él sepa ponerse en mi lugar y yo en el suyo. Ante todo tiene que ser persona» comenta Antonio que reconoce que le gusta tener confianza con su cuadrilla.
El tiempo ha pasado volando. Son casi las tres y es la hora de comer. La jornada de entrenamiento y conversación junto a Antonio debe concluir. Sin embargo, seguro que su pensamiento sigue ligado al toro. Es la vida del diestro, una vida que no cambiaría por nada del mundo...
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Son las once. Antonio Ferrera corre en su finca. :: J. V. ARNELAS

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