Jennyfer Rasquin tiene 18 años y es de Liège (Bélgica). Diego Soto tiene 19 y es de Badajoz. Aparentemente no tienen nada en común. Ni siquiera hablan el mismo idioma. Pero hay algo que los une: su pasión por el arte culinario. Ese ha sido el motivo por el que durante más de una semana 10 alumnos del Ciclo Formativo de Cocina del IES San Fernando y 14 estudiantes belgas se han dado cita en la capital pacense para compartir experiencias gastronómicas.
La actividad forma parte del proyecto europeo 'Comenius', mediante el que estos 24 participantes han trabajado en los productos más emblemáticos belgas y extremeños. Han podido profundizar en el aspecto histórico, geográfico y económico del aceite de la Denominación de Origen Monterrubio, del jamón de la D.O. Dehesa de Extremadura y del vino D.O. Ribera de Guadiana. Del mismo modo, han podido conocer de cerca el jamón de las Ardenas, la cerveza y el chocolate belga. Además de visitar los centros de producción y elaboración, también han tenido que superar una parte práctica que consistía en realizar recetas que tuviesen la peculiaridad de combinar todas estas materias.
Interculturalidad
«Se trata de un proyecto que apuesta por la interculturalidad, cuyo objetivo es hacer que los chicos se sientan parte de Europa. Para ellos es toda una experiencia personal. Tienen la oportunidad de conocer a otros jóvenes con sus mismas inquietudes. También es muy positivo a nivel profesional ya que pueden intercambiar opiniones gastronómicas», explica Edurne Sánchez Alba, docente del IES San Fernando y coordinadora Erasmus.
El desconocimiento previo que tenían los alumnos belgas sobre Extremadura y viceversa lo hace más necesario. «Antes de venir pensábamos que España sólo era tortilla, paella, flamenco y toros. Estábamos muy condicionados por los tópicos. Pero hemos aprendido mucho de Extremadura. Uno de los platos que más nos ha sorprendido ha sido las migas, y lo que más nos ha gustado ha sido el lomo. Nos han enseñado también a cortar jamón, algo que no sabíamos», cuentan Lionel Panthier y Jennyfer Rasquin, que destacan que lo que más les ha asombrado han sido los horarios tan distintos que tienen. Si los visitantes quedaron fascinados con los productos ibéricos, los alumnos del IES San Fernando tuvieron esa misma reacción con el chocolate belga. «Es exquisito», afirman.
Los belgas se han marchado con muy buen sabor de boca de Badajoz, y la impresión que se han llevado los pacenses de ellos tampoco ha sido mala. «Hemos descubierto una cocina nueva. Tiene sabores diferentes, y se decanta más por la comida dulce. Es un contraste cultural, ya que están acostumbrados a ciertas cosas y nosotros a otras. De hecho la grandeza de la gastronomía es la variedad. Podemos probar con todo, contrastar gustos y texturas. Arriesgar e innovar para descubrir nuevas creaciones es positivo, y encuentros como estos es una buena ocasión para hacerlo», indica Diego Soto.
Según manifiesta Miguel García de Mita, profesor que acompaña a la representación belga, ambas cocinas tienen muchas características comunes. «Donde hay más diferencia es en los productos típicos, pero el modo de elaboración varía muy poco». Sin embargo, para Mercedes Ferreras Castañeda, profesora técnica de cocina y pastelería, cualquier momento es bueno para aprender nuevas técnicas gastronómicas. «Es una manera muy buena de enriquecerse y de conocer otras formas de trabajar». Aunque es cierto que no hablan la misma lengua, a la hora de cocinar se entienden a la perfección. Todos ellos dominan el idioma gastronómico, que derriba todas las barreras.