hoy.es
Miércoles, 23 mayo 2012
1.454.047 lectores. Datos OJD [+]
sol
Hoy12 / 29||Mañana14 / 31|
más información sobre el tiempo
Estás en: > >
«Lo más importante ahora son mis niños y no creo que me vendiera por nada»

FERMÍN SOLIS

«Lo más importante ahora son mis niños y no creo que me vendiera por nada»

22.11.09 - 00:17 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
-¿Va mucho por Madroñera?
-Ya menos. Antes sí, todos los veranos. Los veranos que recuerdo de mi adolescencia, de mi juventud. Esos que te marcan, son vividos en Madroñera.
-¿Tiene familia allí?
-Ya no tengo.
-¿En qué colegio estudió?
-En el Paideuterion.
-Siempre aprobaba Dibujo, supongo.
-Bueno, en el colegio sí, en el Instituto (estuve en el Norba), suspendía casi siempre Dibujo Técnico, pero con la nota media del Dibujo Artístico aprobaba. Las matemáticas no son mi fuerte.
-Después hizo Magisterio ¿no?
-Sí, en la especialidad de Infantil, aquí en Cáceres. Hice la prueba libre para Bellas Artes en Salamanca, pero la obra que presenté era tipo ilustración, cómic, porque en aquella época a mí me gustaba mucho la crítica punk de los años setenta y los que entraron, claro, pues fue gente que presentó cosas surrealistas y abstractas. No entré y entonces me metí en Magisterio, que era una carrera corta. Ahí conocí a mi novia, Marisa, la que sería luego mi mujer y, bueno, al final he terminado haciendo ilustración infantil, que es lo que quería.
-¿Se considera un dibujante rápido?
-Es una pregunta compleja. Depende del trabajo. Si tengo que hacer un cómic como el de Buñuel, que son ciento y pico de páginas, no soy rápido, me lo tomo con mucha calma. Pero si es una ilustración para una revista, para un libro, o un cartel, que te piden de un día para otro, pues lo hago en una tarde.
-¿Le tientan las nuevas tecnologías para dibujar?
-Creo que las nuevas tecnologías son una herramienta. Siempre cito las películas de Pixar, hechas con los últimos programas digitales, pero detrás de todo eso hay una mano y un lápiz, siempre; eso no se va a perder nunca. A mí me tientan como herramienta. Tengo una tableta gráfica, que es lo último, pero la utilizo para colorear, como si fuera un pincel. Hay veces que vuelvo al pincel y al gouache porque me gusta mancharme las manos y sentir la pintura.
-¿Las historias que más llegan al lector son las que tienen una carga más biográfica?
-Creo que sí, aunque es un género que se critica mucho dentro del sector del cómic. Hay quien dice que a nadie le interesa que le contemos su vida o nuestra vida a otras personas, pero muchos autores lo hacen y la gente se siente identificada con ellos. Con 'Los días más largos', por ejemplo, cuando se publicó en Canadá, yo pensaba que nadie se sentiría identificado con las aventuras de un niño en un barrio cacereño. Sin embargo, me escribía gente desde Canadá diciéndome que lo mismo les había pasado a ellos de pequeños.
-Por cierto, ¿qué barrio es?
-San Ignacio. El Rodeo, San Francisco, toda esa zona.
-¿El cómic es más evasión o más reflexión?
-Pues hay de todo, igual que en el cine o en la novela. Hay cómics que son totalmente evasión: los de humor, los de súperheroes, los de aventuras... y cómic de reflexión. Ahora estoy leyendo 'La ascensión del gran mal', sobre la epilepsia, de David B., en el que la epilepsia es una excusa para hablar de la historia de Europa, de guerras, de comida, de todo... Es reflexión pura y dura. En el cómic hay reflexión, hay diversión, hay de todo. Según lo que quieras leer y en el momento en que quieras leer.
-¿Sin humor puede contarse alguna historia?
-En mi caso no creo que sea capaz. De hecho 'Buñuel en el laberinto de las tortugas', que es una historia muy dura, tiene humor. Un humor negro, un humor más absurdo, pero... es difícil contar historias sin humor.
-¿En su producción existe algún tipo de obra que calificaría como 'alimenticia'?
-Sí, sí que hay. Hay varias. Como en todos los trabajos ¿no? Aunque hayas dado lo mejor de ti, se nota que no tienen tu sello personal, que algo falla...
-'Dando tumbos', 'No te quiero, pero te amo un poco', 'El año que vimos nevar', 'Échame el aliento, hija'. Usted titula muy bien. ¿Qué es primero, el título o los dibujos?
-Depende. Me lo dice mucha gente. Cuando voy a Barcelona al Salón del Cómic y hablo con otros autores me dicen: «Envidiamos tus títulos porque siempre pones el título adecuado». Se tarda mucho en poner un título, aunque a veces te vienen rodados. Uno de ellos no es mío: 'No te quiero, pero...' es una frase de un niño que se lo decía a otro niño o a una niña. Quizás los títulos tienen que ser como esa frase, tienen que ser buenos. Normalmente no tiene problemas poner un título, siempre los encuentro enseguida, y a lo mejor en las primeras páginas del cómic ya estaba el título. Sin embargo, a 'Buñuel en el laberinto de las tortugas' le di muchísimas vueltas. Terminé la última página y no lo tenía aún.
-¿Se considera tímido?
-Sí, siempre lo he sido. Y siempre me lo han dicho.
-¿Y ese carácter más retraído quizás ha sido beneficioso para que se concentre en su obra?
-Puede ser. Puede ser que a lo mejor desde pequeño esa timidez haya hecho que me refugie en la lectura o en la música. Casi seguro que sí. (Risas).
-Los cómics son una puerta de entrada a la lectura. ¿Pero también al cine y a los vídeojuegos, por ejemplo?
-Creo que sí, porque hoy día todo se retroalimenta, todo se comunica. El cine está viviendo mucho del cómic, igual que los vídeojuegos, con toda la cultura manga. Todo forma un bloque. El cómic no es ya esa forma de entrar a la lectura como podía ser en nuestra época. Yo entré en todos los clásicos gracias a las Joyas Literarias Juveniles, que fue mi primer acercamiento a Julio Verne, Salgari... Y he seguido compartiendo la lectura de cómics con literatura. Pero creo que hoy está todo más mezclado. De hecho no hay revistas de cómic para niños. Sin embargo, sí que hay una gran cantidad de libros ilustrados que también pueden atraerlos hacia el cómic.
-¿Quiénes cree que son ahora el Capitán Trueno, el Supermán, el Spiderman, el Corto Maltés de nuestros días?
-La oferta ahora es diversa. Pero creo que ahí están Harry Potter y Gerónimo Stilton, por ejemplo, que son personajes literarios. Pero los niños siguen conociendo a Spiderman. Mi hijo de cuatro años conoce a Spiderman, conoce a Batman, Supermán, todos los héroes de Marvel... Tintín y Asterix siguen estando ahí. Ahora lo que hay es otra cultura, -me da pena decirlo- que es el manga; muchas niñas pequeñas están leyendo manga. Están leyendo cómic para niños pero a través del manga. Y hay un montón de personajes.
-¿El manga no le gusta o cuál es su discrepancia?
-No es que no me guste, es que lo desconozco. No tengo discrepancias, hay obras de arte. Los dibujos son alucinantes y las historias también. Hay un tipo de manga, que se aproxima más al cómic europeo, que son las historias de Taniguchi, que son como de cine europeo independiente. Hay otro tipo de manga para niños y adolescentes, que desconozco, porque es tal la producción existente que no sabría por dónde empezar. Pero está haciendo que muchos chavales lean. Y sobre todo niñas. Niñas que se acercan al cómic, que antes era impensable.
-Ha impartido también talleres de dibujo y cómic. ¿Le parece gratificante esa actividad?
-A mí no me gratifica. Personalmente me duele decirlo, pero no me gratifica demasiado, y eso que he hecho Magisterio. Lo que me gratifica es ponerme delante de un papel y garabatear. ¿Sabes por qué? Porque los talleres me decepcionan mucho. Voy siempre con muchas expectativas y los chavales de hoy día... Hace poco he estado dando una charla y no sabían ni quién era Buñuel; si les hablaba de cine, de literatura, no sabían nada. Hombre, yo intento ponerme en su piel y con 15 años a mí sí me interesaba el cine negro, me apasionaba, leía literatura para adultos, aunque sí que a mis amigos a lo mejor no les interesaba, y ahora pasa igual ¿no? Salgo muy deprimido porque estoy seis meses dando un taller en la Biblioteca y ni uno me hace un cómic de dos páginas, no son capaces de terminar una y lo dejan... En ese sentido no son gratificantes, aunque intento poner todo de mi parte. No veo respuestas. Y eso que los chavales de ahora lo tienen todo a su alcance, cualquier película, cualquier serie, todo, y aún así no les interesa...
-¿Qué castigos eran los que peor le sentaban de niño?
-Normalmente, los que a todos los niños: quedarte sin postre, el zapatillazo... Pero un castigo muy duro, que recuerdo todavía, fue cuando por primera vez suspendí una asignatura un verano.
-¿Era buen estudiante?
-Yo creo que un poco vago, pero iba aprobando. En el instituto, coincidió con la caída del muro de Berlín y recuerdo que no me interesaba. No me interesaba la historia ni nada. Ahora son temas que te apasionan. Para documentarme sobre Buñuel aprendí un montón de historia. Y me decía a mí mismo, ¿pero cómo no me interesaban a esa edad? Era eso, me interesaban otras cosas. Pero ese castigo fue que mi padre me prohibió comprar cómics. Fue lo peor. Estuve un montón de tiempo sin comprar y lo poco que compraba era a escondidas, y siendo superselectivo. Fue cuando descubrí El Víbora y cómic para adultos, que no eran Mortadelo, Spiderman... Después me levantó el castigo y ya ni se acordaba. (Risas).
-¿Por qué le vendería Fermín Solís su alma al diablo?
-[Larga pausa]. Pues no lo sé... la verdad, creo que por nada. Un homenaje, por nada. El premio nacional, por ejemplo, que hubiese sido un 'superboom, porque en las dos ediciones anteriores, los que las ganaron, ahora mismo ya no están con los cómics, uno de ellos se va a México a dar conferencias, se va a hacer una película de su cómic... Eso hubiese sido importantísimo ganarlo y quedé finalista. Pero lo importante es trabajar, que haya trabajo, seguir publicando. No sé, para mí lo más importante ahora son mis niños y no creo que me vendiera por nada. No soy ambicioso tampoco. Lo que quiero es hacer mis cómics, seguir con mi trabajo, porque disfruto mucho haciendo cómics.
-¿Buñuel le hizo que descubriera las Hurdes o fue al revés?
-Fue Buñuel. O también fue al revés, no lo sé, porque cuando fui a las Hurdes a buscar una historia, tampoco quería hablar sobre Buñuel, quería hablar sobre las Hurdes, lo que pasa es que él todavía tiene allí un peso, para bien o para mal, muy importante. Descubrí a los dos.
-¿En qué trabaja actualmente?
-Tengo tres proyectos empezados, tres libros, que voy alternando con el trabajo de ilustración. Uno es sobre Medea. Una revisitación del mito de Medea pero no contando la historia clásica, sino qué pasó después con ese personaje cuando se fue ese carro tirado por dragones. Lo que ocurre es que es una historia muy extraña. En argumento y esquemas. No sé qué saldrá. Luego estoy haciendo la tercera parte de las aventuras de 'Martín Mostaza', aventuras por decirlo de alguna forma, y el número dos de 'Astro Ratón', que es un cómic para niños. Son los tres en los que voy trabajando cuando tengo ratos.
En Tuenti
«Lo más importante ahora son mis niños y no creo que me vendiera por nada»
Fermín Solís tras la portada de su obra 'Buñuel en el laberinto de las tortugas', inspirado en la película 'Las Hurdes, tierra sin pan'. / ARMANDO MÉNDEZ
Videos de MAS ACTUALIDAD
más videos [+]
MAS ACTUALIDAD
Hoy.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.