La esterilidad se ha convertido en España en un «problema médico y social preocupante». Alrededor de 35.000 niños nacen al año por medio de técnicas de reproducción asistida. «Una cifra parecida a la del resto de los países europeos, pero todavía con una asignatura pendiente: el alto número de gestaciones que resultan embarazos múltiples», en palabras del director de Instituto Valenciano de Infertilidad en Madrid, Antonio Requena.
Los embarazos múltiples siguen representando un desafío médico. El problema se agudiza cuanto mayor es el número de fetos. «En el hospital de Cruces, más del 50% de los embarazos dobles nacen pretérmino (antes de tiempo), cifra que asciende hasta el 90% en los triples. En general, por cada niño de más en el útero, se reduce en tres semanas la duración media del embarazo», asegura el profesor titular de Obstetricia y Ginecología de la UPV y presidente de la sección de Medicina Perinatal de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, Juan Carlos Melchor. El adelanto de los partos acarrea problemas de madurez fetal. «La mortalidad y las secuelas son más frecuentes e importantes», precisa el profesor.
Los embarazos triples, por ejemplo, pueden presentar «incidencia elevada de aborto espontáneo y muerte intraútero, prematuridad extrema con hemorragia cerebral y daño neurológico permanente», añade el ginecólogo José Gurrea.
Esto en lo que toca al niño. También hay complicaciones para la madre: «Hipertensión, eclampsia (convulsiones durante el embarazo y el parto) y atonía uterina (el útero no se contrae tras la expulsión de la placenta causando hemorragias)». El especialista de la Clínica Euskalduna admite, no obstante, que «estos riesgos han disminuido con los avances de la neonatología y la práctica obstétrica».
Melchor confirma que «el avance producido en la Medicina Perinatal (control del embarazo) y Neonatal (atención a los recién nacidos) ha hecho que los resultados que se obtienen, tanto en las gestaciones múltiples, como en las gestaciones únicas, sean muy buenos».
Los médicos están de acuerdo en que la reducción embrionaria es aconsejable en gestaciones cuádruples o mayores, pues «las complicaciones perinatales y psicosociales sobrepasan claramente al riesgo de la propia reducción fetal», aclara.
Lo que se discute es si estas gestaciones «de alto orden» se deben reducir a triple o doble, o incluso si las propias gestaciones triples se deben o no reducir.
Porque la aplicación de la reducción embrionaria tampoco es inocua. En un documento de la Sociedad Española de Fertilidad, que deben firmar las mujeres antes de someterse a la intervención, se mencionan éstas: aborto (entre el 5 y el 20%); infección ovular (1,35%); partos pretérmino (75% de los casos) y «consecuencias que pueden aconsejar el apoyo psicoemocional de la pareja».
Este aspecto es particularmente relevante. Hay que tener en cuenta que se trata de personas ansiosas por lograr un embarazo. Un estudio (Schreiner-Engel, 1995) señala que, tras someterse a la reducción, «más del 65% de las mujeres relatan un sentimiento agudo de dolor emocional, estrés y angustia».
Un 70% mostraban señales de duelo por la pérdida fetal durante un período de cuatro o más semanas. Era frecuente que los pensamientos negativos desembocaran en «síntomas depresivos de intensidad moderada». En algunos casos, el sentimiento de tristeza y culpabilidad persistía más allá de las cuatro semanas. Sólo, añade el estudio, «el apego materno posterior y la cristalización de la maternidad mejoraban esta situación penosa». Casi todas las parejas que habían optado por la reducción se reafirmaban con el tiempo en su decisión.