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«Mi mayor orgullo es dirigir el legado de mi padre, un hombre excepcional»

ZONA DE PASO POR JUAN DOMINGO FERNÁNDEZ

«Mi mayor orgullo es dirigir el legado de mi padre, un hombre excepcional»

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-¿En su casa los libros eran un 'paisaje natural'?
-Sí, desde la infancia. Eran el paisaje más natural de todos. Siempre había libros y siempre recuerdo a mi padre con libros en la mano. Era lo más natural.
-¿Toda su vida ha transcurrido en Almendralejo?
-No. Viví en Almendralejo hasta los 11 años y a esa edad me marché a Madrid y regresé en 1994.
-Así que todo el Bachillerato lo cursó en Madrid ¿no?
-Sí, la antigua EGB, el Bachillerato, la carrera universitaria y el doctorado lo hice en Madrid
-¿En la Complutense?
-Sí, estudié Filología Clásica en la Universidad Complutense, en la especialidad de Latín, y luego el doctorado en la Facultad de Filología Española.
-¿A qué edad empezó su propia biblioteca?
-Desde mis primeros recuerdos de infancia recuerdo a mis padres, a los dos, regalándome libros y yo solicitándoles algunas lecturas. Lo recuerdo desde muy niña. Porque uno intenta emular a las personas que tiene cerca y en mi caso yo intentaba emular a mi padre. Descubrí un mundo maravilloso entre los libros. Un mundo en el que más que la fantasía, la imaginación volaba. Desde entonces, afortunadamente para mí, no me he desenganchado de ello.
-¿Se considera una persona coqueta?
-¿En qué sentido coqueta?
-En el sentido general.
-Me parece que es un acto de educación procurar hacer la vida agradable al prójimo y si entre ellos está intentar ir bien peinada, con cierta elegancia en el vestir o procurar, bueno, brindar una sonrisa a la persona que está contigo, sí soy coqueta.
-¿Carmen Fernández-Daza se baja libros de Internet?
-Muy pocos. Pero algunos sí. Afortunadamente, Internet nos puede servir libros de muy difícil acceso que antes uno sólo podía conseguir si viajaba a Madrid y ahora la digitalización de ciertos impresos nos favorece muchísimo a los investigadores, tanto impresos como documentos. Sí, bajo libros de Internet.
-Usted es una gran especialista en la obra de Séneca. ¿Diría que la juventud actual es más senequista que la suya?
-No lo creo. No creo que sea más senequista que la mía. La mía tal vez sea al contrario, sí. Yo creo que ahora no hay tanta serenidad. Y no se valora tanto el equilibrio de las cosas. Se está llegando muchas veces a extremos, que no siempre son peligrosos, en algunas cosas son afortunados, pero no, no la veo una juventud muy senequista.
-¿Con qué autor del pasado, se iría, si pudiera, de vacaciones?
-¡Qué difícil! Tengo varios. Tengo una especial devoción por Fray Antonio de Guevara, que fue obispo de Mondoñedo, porque me parece que en lo que es su epistolario refleja a una persona divertidísima, a una persona a la que le gustaba comer, a una persona que le gustaba viajar y le gustaban los libros, que compraba también en Zafra. Podría ser uno de ellos. Tengo muchos.
-¿Extremadura, humanamente, es tierra de aluvión?
-Sí, Extremadura desde sus orígenes se formó yo creo que por la confluencia de mucha gente, procedentes en principio del reino de León, Asturias, y yo creo que ha seguido así. Incluso en la zona en la que yo me muevo y a la que tanto quiero, que es Tierra de Barros, ya se decía que el carácter de la gente se hizo porque los forasteros que llegaron en aluvión hicieron que la gente fuera hospitalaria con el prójimo. Todo aquel que llega creo que se siente bien.
-¿De qué disciplina se considera más próxima, de la Filología, de la Historia o de la Filosofía?
-Pues creo que soy una historiadora frustrada. En el sentido de que me gusta muchísimo la investigación histórica, y todos los trabajos de filología que realizo terminan desviándose en los entresijos, por alguna rama que buscan la vida de ese personaje, o sus inquietudes personales. Por eso quizás me gusten tanto los epistolarios, los literarios como los que no lo son. Pero claro, mi formación es la filología.
-Le gustan tanto los epistolarios que incluso se ha atrevido a publicar uno como obra de creación ¿no?
-Sí, una osadía, supongo. Es un epistolario cuyo 'leivmotiv' fundamental es la ausencia. Me da lástima que un género tan hermoso y en el que tan magníficos escritores se han volcado, se esté perdiendo. De manera que sí, fue una pequeña osadía que me permití.
-¿Aparte de una responsabilidad, qué supone ser la hija del IX Marqués de la Encomienda?
-Es un orgullo como hija. Pero no porque sea el IX Marqués de la Encomienda, sino porque fue un ser humano único, y ahora que no está lo puedo decir ampliamente: generoso, muy bondadoso, muy divertido, muy cercano y como padre muy tierno también. Aparte de la responsabilidad, ya que ha citado lo de marqués, hay cierto temor porque es muy difícil emular tanto en el plano personal como intelectual a muchas figuras que me precedieron en el pasado; una familia que se asentó en Almendralejo en el siglo XV y que no se ha querido mover de esta tierra jamás, nunca.
-¿Alguna vez ha tenido veleidades republicanas, por ejemplo?
-Sí, muy leves. En mi época universitaria.
-¿Qué juguete de la infancia recuerda con más ilusión?
-Una panera de madera [tabla sobre la que se frotaba la ropa de lavar] que nos hizo un carpintero maravilloso de Almendralejo llamado Melchor, en la que mi hermana Lali y yo jugábamos a ser lavanderas.
-¿Ha llorado alguna vez viendo una película?
-Muchas veces, muchas veces.
-Por ejemplo, ¿en cuál?
-¡Es que son tantas! Soy de lágrima fácil, me emociono con facilidad. Y también ante los paisajes. Puedo llorar ante un paisaje, perfectamente. Ante una luna llena. Soy un poco lunática también. He llorado muchas veces viendo películas, incluso infantiles.
-¿Sabe cambiar su monitor de televisión de la TDT a los canales analógicos?
-Sí, eso lo he conseguido. Se me dan mal los mandos y la tecnología (risas), pero eso lo he conseguido.
-Voy a ponerle en un aprieto. Elija un extremeño que pudiera representarnos a través de la historia.
-Pues hay un personaje, Luis de Ávila y Zúñiga, confidente y muy amigo de Carlos V, lo admiro por lo que el personaje tiene de épico, de notable militar, de diplomático y cortesano, por su exquisita formación, por su mirada a Europa, su cosmopolitismo y su amor por Extremadura, sin que ambas cosas sean antagónicas; magníficos representantes de nuestra tierra son los humanistas, entre los que siento verdadera veneración por Pedro de Valencia, tan ilimitadamente erudito como buena persona; me asombra su equidad, su sentido de la justicia, de la amistad, su equilibrio, el valor de la razón, su capacidad filológica, todo ello bañado en una prosa sorprendente; luego está San Pedro de Alcántara, para mí símbolo espiritual de Extremadura, embajador en el cielo de lo nuestro, un personaje fascinante, cuyas huellas visibles en el paisaje, incluso en la naturaleza (¡lo imagino andariego por tantos caminos!) y en los edificios civiles o religiosos me emocionan, incluso me han hecho llorar: Alcántara, El Palancar, Oropesa... y están -ahora por el centenario tan en alza- esos defensores de la libertad, de la equidad social de la igualdad, sean Francisco Fernández Golfín o Diego Muñoz Torrero... Cualquiera de ellos son una magnífica tarjeta de visita histórica de Extremadura, a la que tanto amaron y en la que vivieron, de la que sólo salieron cuando sus obligaciones administrativas, militares, políticas o religiosas se lo exigían.
-¿Sin respeto no puede haber educación?
-Por supuesto. No existe la educación sin respeto.
-¿Y en eso vivimos tiempos poco favorables?
-Yo creo que son poco favorables. No quiero ser pesimista, pero se ha perdido el respeto en la familia, en la escuela e incluso en la calle. A mí me da muchísima lástima porque es una riqueza que tiene el español y que muy poca gente hable de usted y a un niño pequeño haya que enseñarle el tratamiento porque no sabe usarlo libremente, espontáneamente.
-Recomiéndeme un libro.
-¿Solo uno? (Risas). No me gustaría caer en tópicos, pero mi libro, de siempre, es El Quijote, por ser una obra genial de principio a fin. Soy, no obstante, una lectora empedernida de poesía, sin límite cronológico, desde nuestro riquísimo y fascinante Romancero a la producción del siglo XX y estos nueve años del siglo XXI, me costaría elegir una obra y un autor; es verdad que, muy a menudo, mi sensibilidad y mi corazón se vuelven a Lope, a la producción lírica de ese ser que tanto amó. Si me preguntase por el último libro de poesía que he disfrutado, le diría que ayer releí 'Sepulcro en Tarquinia', de Colinas.
-¿Ha viajado mucho al extranjero?
-Sí. No sé si muchas veces, porque me gusta mucho viajar, pero he viajado.
-¿Y tiene predilección por algún país?
-Me gusta muchísimo Italia y tuve una sensación maravillosa en México. Y Grecia. El azul y la talasocracia griega me impactaron. Las islas, sí.
-¿Qué regalo de los que le han hecho a lo largo de su vida le ha causado mayor ilusión?
-(Larga pausa). Quizás porque mi padre nunca hacía regalos, no iba en su estilo ni en su despiste... me impresionó que al terminar la tesis doctoral me regalase la enciclopedia de Simón Díaz, de bibliografía. Creo que ese regalo, y una estilográfica, me hicieron mucha ilusión. No me gustan los grandes regalos. Los detalles sencillos que puede tener una persona: unos pendientes de un mercadillo que mi hijo me regaló el otro día, y que son maravillosos.
-¿Se atrevería a conducir un coche de Fórmula 1?
-No, creo que no.
-¿Y a montar a caballo?
-Sí, por supuesto.
-¿Lo hace?
-Lo hacía, alguna vez. Es un animal maravilloso. Y si es de pura raza española, doble maravilla. Montar a caballo en el campo. Nosotros tenemos esa suerte.
-¿Qué le resulta más gratificante, presidir la Unión de Bibliófilos Extremeños o dirigir el Centro Cultural 'Santa Ana'?
-Las dos cosas son gratificantes. Bien es verdad que mi mayor orgullo es dirigir el Centro Universitario 'Santa Ana' y su biblioteca, por ser el legado de un hombre excepcional y por lo enriquecedor de trabajar con un equipo humano donde el corazón (la bondad y confianza) y la altura intelectual van parejas.
-¿Cuántos libros tiene en este momento la biblioteca?
-Tiene 144.000 registros de entrada y entre ellos hay libros, monografías, separatas e incluso fotocopias de vaciados de artículos, documentos en formato digitalizado (muy pocos). Las entradas de Extremadura rondan las 40.000.
-Es la mayor biblioteca de Extremadura, ¿no?
-Yo creo que sí.
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«Mi mayor orgullo es dirigir el legado de mi padre, un hombre excepcional»
Carmen Fernández-Daza, en su despacho del Centro Universitario y Biblioteca 'Santa Ana'. / BRÍGIDO
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