Cómo son los extremeños. El columnista del Diario HOY José Ramón Alonso de la Torre ha intentado plasmar en un libro la idiosincracia de los extremeños.
"366 paseos por Extremadura" es el título de este libro que hoy ha dado a conocer en el Parlamento regional junto al presidente de esta institución, Juan Ramón Ferreira; Pedro Gato, autor de las fotografías que acompañan el libro; y Marino González, director de la editorial "De la Luna Libros".
El libro no habla de política, sino de un señor que reparte vino en Almendralejo, de un mendigo que le gritó "Viva Franco" o de la "parcelina" de su suegra.
Los 366 artículos de los que se compone la obra ahn sido elegidos en los más de 7.500 que ha escrito en la prensa y que te dejan con una sonrisa en la boca. Como a aquel vecino de Alcuéscar que recorta la columna y la lee por la noche, "no sé si porque se duerme con ella" o porque realmente le hace sonreír, ha señalado Alonso de la Torre durante la presentación de la obra.
Ha aclarado que la obra no ha sido un "cortar y pegar", sino una selección de 366 de las 7.500 que ha escrito desde 1986, "que trata de lo cotidiano y el día a día", y en las que su principal fuente de información ha sido el autobús urbano.
Entrevista
-¿Sabe que he imaginado esta entrevista varias veces?
-Pues yo no... [Sonríe]
-Porque le envidio.
-La verdad es que mi situación es envidiable.
-¿Lo reconoce?
-Sí, además doy envidia a todo el mundo. Siempre me dicen: 'Vividor' o 'Yo quiero ser como tú de mayor'. Los periodistas no me lo dicen, pero los profesores sí porque hago lo que todo el mundo querría hacer. Escribir columnas...
-Pero no le debió ser fácil llegar hasta aquí.
-Me ha costado mucho. Primero estuve dos años escribiendo gratis y con seudónimo en Villagarcía de Arosa. Yo era E.T. Un periodista maravilloso, Julián López Fariña, me metió en esto.
-Ha hecho de todo en periodismo.
-Sí, durante muchos años... Menos editoriales, he hecho de todo, de todos los géneros y en todas las secciones.
-¿Le gustaría escribir un editorial?
-No. Me suena a rollo. Tienes que medir mucho todo... ¡Uf!
-Y esas envidias, ¿a veces son insanas?
-No, porque la gente tiene claro que yo nunca voy a ser nada en un periódico. No soy enemigo. No puedo quitarle el puesto a nadie. También procuro no meterme mucho en los periódicos.
-Mejor mantenerse al margen.
-Sí, mejor no saber demasiado.
-Por otro lado, también alimenta amores incondicionales.
-Y además es muy importante. Que te quieran o que te odien, lo que no puedes hacer es pasar inadvertido. El día en que, al leerme, nadie reaccione a favor o en contra, estaré acabado.
-¿Quién le quiere más?
-Las señoras de treinta años en adelante.
-¿Le gustaría tener un club de fans?
-No, no, no... Por Dios. Me pone muy nervioso la fama. Yo siempre camino mirando al suelo.
-Tiene razón, con las fotos daría muy poco juego. Su aspecto es el mismo desde hace mucho tiempo.
-Mis amigas me preguntan si me doy cremas porque no tengo arrugas. Y luego está lo de afeitarse la cabeza. Con el pelo blanco es diferente. Yo el día que me afeité me di cuenta de que me había quitado diez años de encima. La cabeza afeitada y este cutis, que he heredado de mi madre, me hacen más joven.
-Parece un 'enfant terrible'.
-No. Yo sólo escribo porque me lo paso muy bien...
-¿No quiere cambiar las cosas?
-¡Qué va! Además, me pongo muy nervioso cuando la gente piensa que escribo algo para cambiar las cosas. Yo nunca he hecho una campaña contra nada. Si algo no me gusta, escribo un artículo y ya está, no cinco. De hecho me asusto. Cuando escribí mi primer artículo en Cáceres, sobre unos toldos de colores en la Plaza Mayor, al poco Saponi, el alcalde, sacó una normativa según la cual había que cambiar todo aquello para unificarlo. Me asusté.
-Prefiere que lo que escribe no sirva para nada.
-Claro... Pero, por otro lado, sé que a los directores les gusta que se influya. Vamos a ver, yo siempre pienso que me van a echar del periódico. Soy muy neurótico. O pienso que mis alumnos no van a aprobar la Selectividad. Por eso, a veces confío en que, si lo que yo escribo tiene repercusión, igual tardan más en echarme. Y eso me importa porque, después de 23 años, lo que tiene el periodismo es que si yo tengo un buen titular o una buena historia, me dan unos subidones de adrenalina terribles.
-O sea, que el periodismo le pone.
-No hay nada, y yo he hecho muchas cosas, que después de tanto tiempo me haga levantarme de la cama a escribir por una idea, por ejemplo, para un titular.
-¿Recuerda cómo se tituló la entrevista con la que se inauguraron sus colaboraciones en HOY?
-'Escribir me cura la gripe'. Es cierto. La clave es que cuando escribo la columna me olvido de todo. Y si estoy con gripe, esa media hora no tengo gripe.
-Pues tiene que hablar con la ministra de Sanidad.
-Sí, bueno... Contra la gripe A, columnas.
-La primera que publicó en HOY, en diciembre de 2005, ¿se titulaba?
-Algo de la boutique Carol y la Botika...
-Explicaba el porqué del antetítulo, 'Pues dicen...'.
-Sí, aquí en Cáceres se dice mucho eso de 'pues dicen...'. Que llueve, que hay gripe A, que ha perdido el Cacereño...
-¿Y qué pasa cuando lo que se dice no pasa?
-Hay gente tan malvada que dice cosas para vacilarme. Alguna vez me intoxican con rumores. Lo más arriesgado es cuando hago caso al problema de un lector. Ahí sí que, a veces, por hacer caso a alguien...
-Estudió Filología, se dedica a la enseñanza, ahora dirige una escuela de arte dramático y reconoce que lo que de verdad le gusta es el periodismo. Lo suyo es puro teatro.
-Cuando me han nombrado director de la escuela de arte dramático, la gente que me conoce sabe que es lo que me va. Me he dedicado a esto muchos años.
-¿Le han acusado de enchufado? Su hermano es director general de Promoción Cultural de la Consejería de Cultura.
-En realidad, mi hermano ha sido un obstáculo. Por eso yo estoy muy tranquilo.
-Él sí que le debe envidiar.
-Sí, además esto es lo que a él le gustaría hacer. Pero ojo, este tema no me garantiza que yo vaya a ser más feliz.
-De lo que no hay duda es de que atraviesa un momento dulce. Además está lo del libro y, oiga, el director no le va a despedir.
-De cara afuera sí, porque da prestigio, pero íntimamente vivo mi situación de siempre. Me he dedicado a muchas cosas. Hay gente que dice que las personas discapacitadas, como yo, hacemos muchas cosas. Yo no creo que las haga para demostrar que valgo más o valgo menos.
-¿Pero usted se siente un discapacitado?
-¡Yo qué voy a sentirme discapacitado! La única diferencia es que las cosas que hago ahora tienen mucha proyección. Pero no soy más feliz por dirigir una escuela que por dar clases a mis alumnos de bachillerato. O por hacer la gala de fin de curso del instituto.
-¿No le enorgullece la fama?
-No. Eso es una ventaja enorme. La fama no me produce placer. A mí desde pequeño me mira la gente. Porque, al faltarme un brazo, siempre me paraban para preguntarme qué me había pasado. Incluso me daban dinero. Ahora me preguntan por la columna, no la vertebral, y entonces reacciono igual que antes. Estoy educado para que la gente me pare.
-Pero es que alimenta eso. En sus columnas, en realidad, casi siempre habla de usted.
-Ssssssí... [arrastra la respuesta pensando si explicarlo o no]. Pero es que sé que es lo más leído y lo que más gusta. Que hable de mí. Sobre todo a las mujeres. Las columnas que se recuerdan son las que hablan de, por ejemplo, la última bronca de mi mujer. Yo sé que eso funciona. Hay una parte comercial en lo que escribo. Yo sé lo que le gusta al lector y hace muchos años que escribo así. Desde el principio, lo que gusta es algo del tipo 'Se fue mi suegra, llegó mi madre'.