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Vegaviana o el vivir con armonía

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Vegaviana o el vivir con armonía

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Rocío se afana en limpiar su pub. En realidad no es un pub, sino un quiosco situado en medio de un parque, un quiosco llamado Los Curros que es cafetería por la tarde y disco-pub en la madrugada. Los afanes de Rocío son múltiples. Ella y su pareja han de levantarse temprano para hacer y despachar churros en La Pacheca, su churrería, y se acuestan tarde, cuando la marcha se acaba en su pub.
Decíamos que el quiosco de Rocío está en medio de un parque, pero mejor sería decir que está en medio de una dehesa de encinas, o en medio de un alcornocal, o en medio de un pueblo. . Un jaleo, eso es el lugar donde estamos, un jaleo llamado Vegaviana. . O mejor que un jaleo, una singularidad, una estupenda rareza creada hace más de medio siglo, un experimento urbanístico que subyugó a los arquitectos de medio mundo por la armonía conseguida, allá por 1955, entre el campo y el pueblo, entre las casas y los árboles.
Porque Vegaviana es un pueblo en medio de una dehesa. Pero primero fue un poblado, uno de los 73 poblados que se levantaron en Extremadura al amparo de los planes de regadío. Se construyeron 10.309 viviendas y 215 escuelas. En aquellos poblados clónicos de arquitectura blanca se realojaron 43.434 extremeños. Eran 12.307 colonos. A cada uno de ellos se les entregó una casa con sus cuadras y almacenes, una yegua percherona, dos vacas de leche, dos cerdos, 25 gallinas y una parcela de 4 hectáreas de regadío o de 25 hectáreas de secano. Estas pertenencias había que pagarlas en especies o en dinero: la casa en 40 años y la tierra, en 25. Algunas familias renunciaron a los animales por temor a no poder pagarlos.
Los Coca y los Covaleda
Vegaviana se construyó entre 1955 y 1960 donde antes había una dehesa de 2.500 hectáreas propiedad de las familias Coca (banqueros) y Covaleda (ganaderos). El Instituto Nacional de Colonización (INC) convirtió algo más de 2.000 hectáreas de secano en regadío. Los Coca se quedaron con 300. El resto se repartió entre 390 colonos llegados de una treintena de pueblos de la provincia de Cáceres (Talaván, Trujillo, Brozas, Aliseda, Zorita, Salorino, Cáceres capital.). Estos son datos del INC. Otras fuentes hablan de 179 colonos.
Sea como fuere, el caso es que el abuelo de Rocío, que vivía en Talaván, se trasladó a Vegaviana con sus 16 hijos y allí empezó a salir adelante como pudo. El empeño no era fácil y hace 40 años, el padre de Rocío tuvo que emigrar a Madrid. El resto de la historia tiene su punto romántico: Rocío venía a Vegaviana a pasar los veranos, se enamoró de un muchacho del pueblo, hace tres años decidieron comenzar una vida en común y esa es la razón de que Rocío se afane esta mañana limpiando su pub después de haber hecho churros en La Pacheca.
Pasarse al tabaco
En los inicios, en Vegaviana se cultivó algodón y maíz. A partir de 1966 se pasaron al tabaco. Emilio del Sol, que fue alcalde pedáneo de Vegaviana, nos recordaba no hace mucho la dificultad de los primeros tiempos en el pueblo, cuando la tierra no producía lo que debía, los compradores no aparecían y en 1965 emigraron del pueblo 70 personas.
Emilio tenía cuatro hermanos y vivía con sus padres en la calle Arco de España de Cáceres, a un paso de la Plaza Mayor. Su padre era un obrero con trabajos esporádicos, oyeron hablar del plan de colonización y, aunque en casa no sabían nada de campo, se apuntaron. Hoy, los tiempos han cambiado y cada agricultor de Vegaviana posee una media de 8-9 hectáreas que permiten vivir decentemente. En la zona se cultiva tabaco y también maíz, tomate, judía, pimiento del piquillo.
Vegaviana perteneció desde su creación hasta este año al municipio de Moraleja. Los primeros intentos serios de constituirse en municipio independiente comenzaron en 1987, cuando la asociación de vecinos organizó una manifestación en Moraleja para conseguir una farmacia. La Agrupación Independiente de Moraleja, constituida en candidatura electoral municipal, llegó a tener tres concejales en el ayuntamiento. En 2005 interpusieron un expediente de segregación municipal y ese año crearon su escudo y su bandera. La bandera es roja, verde y blanca, incorporando el color amarillo en su escudo.
En 2006, Moraleja aprobó en pleno municipal ceder 2.200 hectáreas de terreno de regadío a Vegaviana para hacer posibles sus planes de segregación. El 19 de junio de este año se culminó su independencia y su constitución en ayuntamiento número 220 de Cáceres (en Badajoz hay 164).
Merece la pena visitar Vegaviana para conocer otro modo de vida. Las calles están llenas de ciclistas que mantienen el hábito de trasladarse en bicicleta, tan común a todos los pueblos de colonización, pueblos sin cuestas. Su encanto nace de su particular urbanismo. El poblado se acabó en 1960. El arquitecto que lo diseñó, José Luis Fernández del Amo, fue un genio que se adelantó a su tiempo. Realizó el proyecto en 1954 en colaboración con Genaro Rodríguez.
Para empezar, no arrancó ninguna encina excepto las que estaban justo donde se levantaron las casas. Así consiguió imbricar el pueblo en el medio natural. Hizo que las puertas de las casas dieran a plazas, nunca a calles, convirtiendo estos espacios en ágoras de convivencia. A las calles daban las traseras, para que entraran los animales. Las fachadas se hicieron con pizarra de la zona, pero se encalaron al modo tradicional.
El resultado fue un pueblo armónico y equilibrado, con mucho sosiego y con sus casas situadas entre encinas. Vegaviana se convirtió en el poblado modelo. En 1958, la URSS premió su urbanismo. Después, llegaron más premios: medalla de oro Eugeni D'Ors, premio de urbanismo de la Bienal Internacional de Arte de Sao Paulo. Vegaviana se convirtió, y sigue convertida, en punto de peregrinaje de arquitectos y estudiantes de Arquitectura.
Esta singularidad ha impulsado la declaración del pueblo como Bien de Interés Turístico. Si se aprueba, será el primer pueblo de colonización que consiga tal galardón, que ya tienen otros lugares de arquitectura más tradicional de la Sierra de Gata como Trevejo, Hoyos, Gata, San Martín de Trevejo y Robledillo de Gata.
Silencio y relax
La sensación que se tiene al llegar a Vegaviana es la de silencio absoluto, equilibrio y relax. De vez en cuando pasa una bicicleta sobre la que pedalea un hombre mayor de 50 años. Los más jóvenes parecen haber adoptado hábitos de la ciudad e incluso van a comprar el periódico en su coche.
Paseando por el pueblo, se suceden las grandes explanadas abiertas, llenas de encinas y alcornoques, que proyectan su sombra sobre los coches aparcados. En el centro, un parque, un monolito con la bandera y el escudo, una plaza conmemorando la visita de Fernández Vara para celebrar la independencia, la iglesia, el ayuntamiento, el monumento al colono y el bar donde Rocío se afana para demostrar que la tercera generación de hijos de Vegaviana es capaz de salir adelante aunque ya no haya planes de colonización.
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