Hasta sus enemigos más feroces, que como toda persona importante los tiene, le reconocen a José Antonio Marcos una gestión excelente en los 23 años que ha dirigido Caja Badajoz, a la que ha colocado como la segunda entidad más solvente de España. El gallego que más poder ha tenido en Extremadura en las últimas dos décadas se ha retirado hace un par de meses y ahora pasea por su tierra, reflexiona y contempla de lejos, pero apasionadamente, los movimientos en las cajas, la crisis económica. «Ojalá tuviera treinta años menos para estar de lleno en ello», dice añorante.
Sabe que tiene fama de antipático y no le importa. «Yo no soy simpático. Me dicen que ahora, desde que me he quitado la corbata estoy más relajado, que sonrío más. Es posible». Haber dejado el cargo le permite también dar libremente sus opiniones sobre la situación económica. Las bendecidas fusiones, por ejemplo. Como presume de pensar por sí mismo avanza ideas a contracorriente: no todas las fusiones son buenas. Afirma que se va satisfecho porque en Caja Badajoz hay no uno, sino 25 directivos para relevarle. Para él hubiera sido un fracaso personal tener que fichar fuera.
-Se va en un momento complicado para bancos y cajas.
-Si me ha gustado algo es estar en entidades en crisis. Yo he estado gestionando entidades en crisis.
-Vino a Badajoz cuando había crisis en la caja.
-No exactamente. La caja estaba un poco dormida. Luego hemos tenido unos grandes resultados, una gran solvencia. Cuando yo decido marcharme es en 2005, porque había que hacer la renovación del consejo. Tendría que prejubilarme dentro de año y medio, pero si cambia el presidente es bueno que cambie el director general, porque si no el año que viene tendríamos otro cambio. Eso me ha pasado a mí y a Alfredo Liñán, que es el más importante colaborador que he tenido. Esto es una especie de partida de póker. No es normal que te sientes a jugar a las nueve si te tienes que levantar a las diez. Es conveniente que el que se siente en la mesa pueda terminar la partida. Y yo no iba a hacerlo. Dos días antes de cumplir 63 años hablé con mi presidente y amigo José Manuel Sánchez Rojas y le dije, mira, hay que ir a por todas. Y él al final lo comprendió. Y estamos todos satisfechos de cómo han ido las cosas. Si algo me hizo dudar para quedarme un año y medio más es por la crisis, pero la caja tiene un exceso de recursos propios, mil millones de pesetas, el doble de lo que exige la ley. Tendríamos que perder 5.000 millones al año durante ocho para que empezara a tener problemas.
-Caja de Badajoz ha sido reacia a la fusión con Caja Extremadura. La posición de ustedes era: somos pequeños pero nos va muy bien. Pero ahora las fusiones se imponen por decreto. Ya no se dice fusión sí o no, sino fusión, sí y ya.
-Yo he dicho que si por tamaño se fuera a una fusión, no sería nunca la última. Porque la suma de las dos cajas extremeñas no da un tamaño que justifique nada. Pero es que yo no soy creyente de que el tamaño de una empresa sea clave. Es más, la pregunta es si la próxima crisis que se puede producir en el mundo, en los próximos diez o veinte años no puede ser por el tamaño de las instituciones.
-¿Demasiado grandes?
-Claro. Vemos cómo se cae el City Bank, AIG, la primera empresa mundial de seguros. A lo mejor hay que romper los grandes grupos para que puedan tener mejor control. Los bancos que tuvieron crisis en los 90 fueron los grandes. Te encuentras con bancos, como la Banca Pueyo, con una máxima dignidad de gestión y con un tamaño ínfimo al lado de esos grupos. En el futuro puede que sean los grandes grupos los que tengan que fragmentarse, porque pueden poner en riesgo a los estados. Un gran grupo se puede llevar por delante un estado como Estados Unidos. Hemos estado a punto de verlo. Y han tenido que salir con dólares a mansalva.
No hay vuelta atrás
-¿No siempre lo grande es la solución?
-A lo mejor hay que ir a cosas de más alcance que las fusiones locales. Si es así, las cajas extremeñas tienen tiempo para reflexionar, porque la situación de otras muchas cajas del país no permite aguantar tanto tiempo. Es muy posible que en un año veamos cómo entidades de otras regiones empiezan a hacer saltos hacia otras comunidades y no será un tabú político. Hay que pensar que cuando hay una fusión, no existe vuelta atrás.
-Hay que pensárselo bien.
-Claro. Yo no soy contrario a la fusión, lo que yo he querido es que nuestra caja no tuviera nunca la necesidad de ella. Y me voy con el convencimiento de que no tiene necesidad. Que se haga, eso ya es otra cosa.
-¿Ni con Caja Extremadura?
-Sería inicialmente la fusión ad hoc. Pero la suma no daría el tamaño, si es que el tamaño es el que justifica esas operaciones. A lo mejor en tres o cinco años se puede hacer esa fusión, o no. U otro tipo de acuerdos que permitan mantener la matriz de las sociedades originarias, con sus nombres, con sus obras sociales, sin pérdida de su identidad. Pero está por ver. Vamos a vivir una etapa apasionante.
-¿Y qué pasa con esa gran caja del sur de la que hemos hablado los periódicos, con Cajasol.
-No es mentira. Antes de mi salida ha habido ocho o diez cajas que han conectado con nosotros, diciendo que convendría que hablásemos. Pero se ha quedado ahí.
-Desde hace meses el Banco de España urge a las fusiones.
-Tengo que decirte que mientras yo he estado, jamás el Banco de España le ha dicho nada a Caja Badajoz. El Banco de España está contento con Caja Badajoz, somos la segunda caja de España en solvencia. Hay 44 cajas para preocuparse antes que de nosotros.
-Muchos ciudadanos le echan la culpa de la crisis a bancos y cajas.
-Algo de razón puede haber.
-¿Quién tiene la culpa?
-Ha habido una competencia desmedida y se ha ido a operaciones de alto riesgo incluso con precios preocupantes y garantías mínimas. Este no ha sido el caso de nuestra caja. A nosotros nos han tachado a veces de prudentes y eso es algo que yo asumo.
-Es asesor de la Caja, pero me decía que no quiere intervenir.
-Yo quiero marcar distancias. Comprendo que la Caja tiene que hacer una serie de cambios, con personas más jóvenes que tienen muy buen criterio. Si me quieren llamar estoy, pero tienen que coger su propio camino. Yo no tengo por qué cogerme cabreos. Tienen que corregir errores que yo he cometido, de los que no he sido consciente. Y ver qué hacen con lo que viene. Es un momento apasionante, qué pena que no tenga treinta años menos.