En el mes de agosto de 2004, hace ahora cinco años, comenzaron las obras de rehabilitación de una antigua nave minera para convertirla en el Edificio Embarcadero, un espacio multiusos, innovador y llamado a marcar un antes y un después en la ciudad. Un lustro más tarde se maneja la fecha del 31 de diciembre del 2009, es decir, dos años después de que se dieran por concluidas por trámite de urgencia las obras para poder financiarlas con fondos europeos, como la más probable para el inicio de su utilización.
No es seguro porque la recuperación arquitectónica de este espacio de Aldea Moret se ha prolongado en el tiempo por encima de lo imaginable. Enrique Castro, gerente del Plan Urban, programa que dotó de presupuesto a las obras, por un importe inicial de cinco millones de euros, asegura que esa previsión final sí se cumplirá y anuncia que en 2010 se podrá utilizar un espacio que tratará de combinar la iniciativa privada con la pública.'
«Se ha establecido un plan general para actuar en toda la ciudad. El Plan Urban ha hecho posible la recuperación del Edificio Embarcadero y el centro de empresas innovadoras Garaje 2.0. Se trata de ejecutar no solo pequeñas actuaciones sino un plan director que pretende poner en valor esas naves, el poblado minero...». El gerente del Plan Urban sugiere que, para inaugurar en diciembre, en el Embarcadero la obra se quiere dar por concluida con unas mejoras en una bóveda además de «unas placas para impermeabilizar el edificio y mejorar su acústica».
El mobiliario ya se ha adquirido por un importe de 600.000 euros y tan sólo falta montarlo.
Más complicado están resultando también los accesos hasta la antigua nave minera, que aún presentan un aspecto de obra, caminos de tierra y materiales provisionales, y que seguramente se verán afectados por otras obras cercanas, como la del paso inferior que debe salvar la vía del ferrocarril.
Empresas privadas
Por otro lado está su contenido, aún sin definir, aunque ideas no faltan. El plan director debe marcar ahora las directrices de uso ya que «es un edificio carísimo en cuanto a mantenimiento», según reconoce Enrique Castro.
La propuesta es que junto a espacios públicos (ludoteca, biblioteca, salas...) se puedan instalar empresas privadas, que además contribuyan de esta manera a aportar fondos para su mantenimiento diario.