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«Vivo en un permanente instante de pánico que me hace transmitir más»

BLANCA PORTILLO PROTAGONISTA DE MEDEA

«Vivo en un permanente instante de pánico que me hace transmitir más»

La madrileña, avalada por una ascendente carrera en los últimos años, asume el reto de liderar la función de la tragedia de Eurípides

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Llega con una sonrisa, muy amable y con unas enormes gafas oscuras que tapan sus ojos. Sin embargo, a Blanca Portillo (Madrid, 1963), se le intuye, a pesar de las lentes, una mirada nerviosa, expectante, que denota tanta ilusión como responsabilidad. Es la nueva Medea del siglo XXI, el mito fetiche del Festival de Mérida y que marca una especie de estigma teatral. La actriz madrileña, quien acumula una brutal trayectoria profesional en los últimos cuatro años, fuma Camel durante la entrevista con HOY y, después de ella, accede a fotografiarse con dos parejas, una extremeña y otra catalana, que han estado esperando con soberana paciencia a que concluyera el cuestionario.
-Yo, en su lugar, me encontraría abrumado con tanto elogio previo y tantas expectativas sobre la obra.
-Sí que abruma un poco aunque mi actitud no tiene nada ver con eso. Mi pretensión no es superar nada ni ser como, no se sabe muy bien qué. Mi actitud es absolutamente humilde, sencilla. Claro que me encantaría que a la gente le fascinara y la recordara durante muchísimos años pero necesito quitarme eso de encima porque si no parece que tengo que cumplir no sé que expectativas más allá de hacer un buen trabajo. Bastante carga de miedo y de responsabilidad tenemos cuando salimos al escenario como para añadirte ese peso que, a mí, me asusta mucho. Además porque las otras Medeas han sido mujeres importantísimas y porque Nuria Espert está ahí. Quiero pensar que si una es honesta y hace el trabajo desde el corazón y desde el alma nadie va a juzgar y a comparar porque no sería justo.
-A los 19 años interpretó varios monólogos de Medea. Parece como si el mito empezara ya a perseguirle ante de que Francisco Suárez (director del Festival) fuese el perseguidor. ¿Cree usted en que estaba predestinado hacer Medea?
-Según van pasando los años me voy dando cuenta de que hay personajes que te persiguen. Creo que la vida es sabia y hay momentos en los que las cosas aparecen por algo. Cuando apareció Medea por primera vez yo estaba en la escuela estaba llena de pasión, de locura, de enfermedad por esta profesión. Y, de repente apareció Medea, aunque eran tres o cuatro monólogos los que hice, que necesitaban de mí que pusiera esa pasión, esa creencia, esa fe en el teatro. Y desapareció hasta muchos años después. A lo largo del tiempo, compañeros y directores me han ido diciendo que era un personaje que tenía que hacer, pero nadie vino nunca a decirme 'ven a hacerlo' hasta que llegó Tomaz Pandur y Paco Suárez con la propuesta. Y es ahora cuando tiene que venir. Ni con 25 ni con 35 años, sino ahora, con 46 años y casi 30 por detrás de profesión. No sé si es el destino pero siento que hay algo mágico y no me ha pasado sólo con Medea sino con otros personajes que están ahí que están esperando que pongas lo mejor de tí porque son los más exigentes. Y están apareciendo últimamente llamando a la puerta.
Matices
-Esta Medea le llega en su momento dulce porque lleva unos cuatro años de locura en cuanto a trabajo. Si no hubiera sido por esto, quizás nadie se hubiera acordado ahora de Blanca Portillo.
-No, no lo creo. Lo que pasa es que en estos momentos la proyección que tiene mi trabajo es mucho mayor. Hace cinco años dejé la televisión y me marché a Buenos Aires. Y eso todo el mundo lo supo. Cuando volví con el espectáculo argentino que estaba haciendo, La hija del aire, con Jorge Lavelli, eso se convirtió casi en un hito. Lo que pasa es que en los últimos años han sucedido cosas en mi carrera que le han dado una mayor proyección. Eso también hace que la gente vea más registros de tí, pero creo que no tiene nada tanto que ver con el momento profesional como con el momento vital. O sea, es ahora cuando lo tengo que hacer. Es el momento de Medea.
-Pandur dice que congeniaría muy bien con Eurípides. ¿Cómo estaría usted con Medea? ¿Qué destacaría del perfil de esta mujer?
-Todos sus perfiles. Sería injusto hacia ella tomar una de sus posibilidades a la hora de representar la obra. Nuestro intento ha sido ver todo lo que hay. Es un personaje que no es una cosa sola. Habrá quien acentúe un aspecto en perjuicio del otro. Nosotros hemos intentado darle todos los valores, los matices que tiene. Claro que es una asesina, ha matado, pero también es una mujer llena de amor, absolutamente enamorada. Es una madre también; para que una madre se deshaga de sus hijos, ¡qué le está pasando! Es una mujer llena de odio, pero también de una profunda ternura. Es una luchadora, y también muy frágil, que sufre profundamente. Hemos intentado buscar todas esas cosas que tiene porque es un ser humano tremendamente completo. Yo tengo la impresión de que la entiendo.
Pánico
-¿Se puede decir que habla con ella de vez en cuando?
-Nos entendemos. Comprendo su sentir. Su dolor, su ilusión, su perseverancia en la vida, su lucha por un sueño. Su capacidad para tirar de la vida cuando la vida la está empujando. Tiene enormes valores y también defectos, pero es que lo bonito es eso, por eso es un ser humano completo, y por eso nos conmueve. Sería injusto decir que Medea es sólo la vengadora, la maga o la bruja. Es muchas cosas.
-Hablando de conmover. Es más posible que esta Medea consiga llenar el Teatro Romano varios días. ¿Qué tiene el teatro, que es el hermano pobre de las artes escénicas, que hace enganchar al espectador?
-Creo que es el suceso en vivo. En los tiempos en los que vivimos, uno no tiene que moverse de su casa para tenerlo todo. Con un ordenador y un buen equipo de sonido y pantalla no tienes que hacer nada. Te bajas de Internet todo. Hay mucho ocio, muchas posibilidades pero el teatro existe por algo desde que el hombre es hombre. Necesitamos lo vivo, lo que ocurre aquí, ahora, movernos en el momento. Necesitamos el ritual de desplazarte de tu lugar de pasividad a un lugar donde va a suceder algo. Un suceso. Creo que es necesario para el ser humano. El teatro, ahora, está volviendo a tomar su lugar. La gente necesita cosas vivas, no una pantalla, y dejarse conmover, emocionarse, y vivir tu propia historia a través de un ser humano. Y eso creo que está haciendo que el teatro tenga el lugar que siempre le ha correspondido. Es un hecho vivo, que ocurre aquí y ahora y, además, irrepetible porque aunque veas la función dos veces no hay dos funciones iguales. Eso es magia pura.
-Hace una semana, Eusebio Poncela, con la trayectoria tan vasta que tiene a sus espaldas, llegó a decir que estaba nervioso antes del estreno. ¿Qué se le pasa por la cabeza?
-Según van pasando los años, tengo claro que vivo en un permanente instante de pánico. Y no es broma. Cuando uno es joven, la ignorancia es atrevida y tus responsabilidades son menores. Cuando te vas haciendo mayor, la responsabilidad es mayor y el miedo crece proporcionalmente. A mayor responsabilidad, mayor terror y mayor deseo de hacerlo cada vez mejor. Antes del estreno tengo todo el miedo del mundo, siempre lo tengo, pero, afortunadamente, no es un miedo que paralice. Si me dejara arrastrar por ese miedo, por esa responsabilidad, no saldría al escenario. Es un miedo que se convierte en grandes dosis de adrenalina y va parejo al deseo de transmitir, de dar más. Subirse al escenario es un acto de generosidad.
-El director del Festival de Mérida ha dicho la arqueología teatral lastra el teatro, entendiendo arqueología por puestas en escenas antiguas. Usted también ha defendido la contemporaneidad de mitos clásicos aunque eso conlleve introducir elementos modernos en el Teatro Romano.
-La intención de esta Medea no es modernizar. Es que lo que Eurípides escribió es tremendamente moderno. No hay nada más cercano que un miembro de una pareja diciendo al otro '¿por qué me dejas?' y el otro respondiendo, 'cariño, es que no quiero seguir siendo pobre'. Eso es tan contemporáneo, tan real, que creo si le pusiéramos una interpretación a lo peplum (cine antiguo de temática grecorromana), lo alejaríamos de la gente. No sé como hacían los griegos el teatro, bueno, tenemos referencias de cómo lo hacía, pero pienso que malo sería si siguiéramos haciendo igual. Lo importante es que las palabras siguen siendo actuales, siguen valiendo hoy y dentro de 2.500 años. Hay que exigirle al teatro que te cuente algo que te conmueva hoy, que no tiene que ver con que si llevo coturnos (antiguo calzado alto de suela de corcho sujetos por cintas de cuero u otro material utilizado en la antigua Roma) o no los llevo. O si voy en zapatillas o en bata. Da igual.
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«Vivo en un permanente instante de pánico que me hace transmitir más»
Blanca Portillo posa junto a la escultura de Margarita Xirgu en su Medea de 1933. / J. M. ROMERO
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