Un cine abandonado de la década de 1950. Un ambiente fantasmal y urbano. Una escenografía contemporánea y un director francés, prestigioso, que se dirige hacia el final de su carrera. En todo este envoltorio llega, de nuevo, el mito de
Edipo al Teatro Romano de Mérida, aunque bajo el formato de una triple historia para contar, a la manera de Georges Lavaudant, el antiquísimo texto de Sófocles, paradigma de la tragedia griega. El director galo introduce su sello personalísimo para conducir a Eusebio Poncela, Laia Marull, Miguel Palenzuela, Rosa Novell por los caminos de una interpretación actoral en la que se pretende arrinconar la emoción para darle todo el poder a la palabra.
La emoción llega con la palabra, no con los gestos o la sobreactuación. O, dicho de una manera más específica, en palabras de Novell: se pretende tener el corazón caliente y los labios de hielo. Georges Lavaudant, que fue responsable del prestigioso Odéon-Théatre de l'Europe durante una década y ayer no estuvo en Mérida durante la presentación de su montaje, ha calificado a Edipo rey como «la primera novela policiaca de la historia de la literatura».
Pero Lavaudant no sólo ha trabajado con Edipo rey, que en la edición pasada estuvo en el Festival emeritense con Ernesto Alterio y Jorge Lavelli en la dirección, sino que se ha sacado un triple montaje -Edipo rey, Edipo en Colono y Antígona- para, en dos horas y diez minutos de espectáculo (dos y media con el obligado descanso) poner nuevo rostro a la historia trágica de Edipo y su familia, marcada por un destino y una profecía trágica bien sabida. Edipo, hijo de Layo y Yocasta, reyes de Tebas, es abandonado de niño para que muera ya que una profecía afirma que será el asesino de su padre. El niño es salvado y adoptado por el rey de Corintio, Polibio.
Con una traducción al castellano del escritor Eduardo Mendoza, el texto ha sido pulido por el dramaturgo Daniel Loayza, quien asegura que Edipo, «una invención griega, es la figura teatral en quien se ha revelado la vocación (o la fatalidad) que vuelve contra sí misma la voluntad de ver y de saber».
El montaje de Lavaudant se mostrará a través de una escenografía con espacios distintos que juegan con elementos del mundo del cine. Estrenado en el Teatro Matadero madrileño y después en el Grec de Barcelona, llega a mérida para tratar de mostrar «una estética contemporánea para eliminar los clichés sobre el teatro griego», según el director francés. «Hay una controversia por este montaje porque el lirismo es cero y la emoción también es cero», avanza
Eusebio Poncela.
«Edipo es emblemático, es uno de esos grandes textos escritos para la historia que pertenecen a la memoria colectiva, que aquí, en Mérida, siempre se resucita con grandes trabajos de puesta en escena y con grandes interpretes», indica el director del Festival, Francisco Suárez, quien ha 'fichado' a Lavaudant para representar, por decimoquinta vez en la historia del Festival a
Edipo, por estar «considerado como uno de los directores más originales y más significados e importantes del teatro contemporáneo».
Es un Edipo que «es una búsqueda de la verdad, una verdad que «le llevará a la perdición», en palabras de Rosa Novell, Yocasta en el montaje, quien defiende la propuesta del director francés al subrayar que «la palabra es la que tiene el poder; hay que hacer surgir esta palabra sin necesidad de subrayarla con emoción».