La Universidad de Extremadura, con el patrocinio del Ayuntamiento de Hornachos y la Diputación de Badajoz, ha contribuido a la conmemoración del cuarto aniversario de la expulsión de los moriscos de los territorios de la Monarquía Hispánica a través del curso de verano 'El legado de una cultura compartida: los moriscos en la España Moderna', dirigido por la profesora de Historia Moderna de la UEx, Isabel Testón Núñez.
La minoría morisca durante siglos formó parte del tejido social de España y, al verse obligados a partir, se produjo un desgarro en ese frágil tejido. La marcha no supuso ni un olvido ni una ruptura total. Las pervivencias en suelo hispano son perceptibles a través de la lengua, la literatura, el arte, la cultura, la economía y la sociedad. También lo hispano se hizo sentir en el suelo norteafricano gracias a la presencia morisca.
El seminario, clausurado ayer, ha tratado durante de mover la conciencia social de los alumnos para que se enfrenten a este tema desde una actitud crítica y así poder entender la realidad presente.
El bando de expulsión de los moriscos se publicó a fines de 1609, aunque no se hizo efectivo hasta comienzos de 1610. Existe una razón histórica para la celebración del seminario en este marco: Hornachos era una de las mayores morerías de la Corona de Castilla y la mayor de Extremadura, con la peculiaridad de que los habitantes eran casi todos moriscos, mudéjares, musulmanes que tras la Reconquista permanecen en territorio cristiano obligados a convertirse a la religión católica para permanecer en sus hogares.
Cuando se firma el decreto de expulsión permanecían en Hornachos unos 2.500 moriscos, de los más de 4.000 que se estima vivían en el pueblo a finales del siglo XVI. Apunta Isabel Testón que «la gran peste de principios de siglo XVII, la presión inquisitorial, la actuación no muy benévola de las autoridades reales y la sospecha de que la orden de expulsión estaba a punto de hacerse efectiva, animaron a muchos hornachegos a emprender voluntariamente un viaje sin retorno, aunque muchos no lo supieran».
Los moriscos de Hornachos, que fueron los primeros que salieron de Extremadura, se embarcaron en dirección a Ceuta, estableciéndose primero en Tetuán, para más tarde hacerlo en Rabat-Salé, donde aún se conservan familias con vínculos sanguíneos con los hornachegos que llegaron a comienzos del siglo XVII.
En relación al legado morisco que dejaron en Extremadura, los intercambios fueron mutuos entre ellos y los cristianos viejos, «se ha hablado de grupos cerrados que preservaban su cultura y tradiciones. Realmente fue así, pero no con una cohesión tan marcada como en ocasiones se ha defendido. Entre unos y otros se produjo una retroalimentación cultural y las influencias fueron, por tanto, mutuas».
Datos extremeños
Las profesoras de UEx María de los Ángeles Hernández Bermejo, Isabel Testón Núñez y Rocío Sánchez Rubio, secretaria del curso de verano, han ofrecido datos relevantes sobre los moriscos de Extremadura. La ubicación mayoritaria de los colectivos de mudéjares en la región se produjo en poblaciones situadas al sur del Guadiana, aunque importantes morerías también se situaron al norte y de forma más dispersa en zonas realengas. Dentro del territorio extremeño, se conocen diez morerías de consideración: siete de las localidades pertenecen a las órdenes Militares de Santiago y Alcántara (Hornachos, Alcántara, Mérida, Benquerencia, Magacela, Llerena y Valencia de Alcántara), dos estaban situadas en tierras de realengo (Plasencia y Trujillo) y una sola, Medellín, en jurisdicción señorial. En 1502 en la Corona de Castilla debían vivir unos 20.000 mudéjares y de ellos unas 1.000 familias se asentaban en Extremadura. Se puede afirmar que poco más de 5.000 mudéjares vivían en la región en el tiempo previo a la conversión de 1502. Hornachos, en el momento de la conversión forzosa, constituía el más importante enclave mudéjar de Castilla.