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Festín sanguinario, teatro sin endulzar

SOCIEDAD

Festín sanguinario, teatro sin endulzar

Animalario ejecuta un descarnado Tito Andrónico, lastrado por su duración, pero mejorado por los actores y su puesta en escena

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Llega la compañía Animalario y la opinión pública se revuelve. Aquí, se intuye, algo va a pasar. Los convencionalismos se apartan de su teatro y no se repara en dudas: se va directamente al grano, sin tranquilizantes ni edulcorantes. Y si encima se le ofrece un texto tan salvaje como es Tito Andrónico, de William Shakespeare, donde muere hasta el apuntador, el producto final tiene que salir, a la fuerza, no apto para estómagos tranquilos. La segunda obra del Festival de Mérida revuelve vísceras, muestra crueldades, enseña la depravación humana en toda su extensión y, sobre todo, pone el dedo en la llaga: algunos para conquistar el poder no reparan ni en formas ni en acciones. Animalario conforma con su trabajo un montaje en el que la sangre no es gratuita, el grupo de actores firma un trabajo excelente, y la escenografía 'engancha' al público con la plataforma giratoria. En su debe está una duración exagerada (tres horas con descanso) que no aporta más de lo bueno que tiene.
Los cerca de 1.100 espectadores que asistieron el miércoles al estreno de Tito Andrónico captaron el mensaje desde el inicio. Fuera hipocresía. El texto es un retrato permanente de la violencia y no se anda con contemplaciones. Durante todo su desarrollo, la abrumadora tragedia envuelve a un público que no tiene tiempo ni para moverse del asiento. Buen síntoma. El silencio, en este caso, es una grandísima virtud. Ni siquiera el desnudo integral de Alberto San Juan (no menos de diez minutos estuvo sobre el escenario como su madre lo trajo al mundo) pareció revolver a los espectadores en sus gradas. En otras obras del Festival de Mérida, esto hubiera sido imposible. Con Animalario, sí.
La compañía de San Juan y Andrés Lima, su director, en su primera incursión con Shakespeare en la historia de una Roma imperial que camina hacia el abismo, consigue conmover sin amarillismo; logra hablar de la brutalidad sin caer en la misma de forma innecesaria; dibuja una guerra de mafias y familias que, por momentos, gracias a la música y a un peculiar banquete, recuerda al grandísimo Coppola con su saga de El Padrino; y, además, se permite introducir golpes efímeros de ironía o cinismo que suponen un aire fresco dentro de un espectáculo tan denso.
Grupo
El papel de Alberto San Juan y el grupo de actores de la compañía allana el camino de un montaje que no tiene tiempo para la mediocridad. Otro tanto a su favor. A algunos les molestará sobremanera la espiral de violencia y sangre que desparrame el montaje, bien conducida a través de una plataforma giratoria que acerca los actores al público, pero lo cierto es que su propuesta teatral resulta más que aceptable.
San Juan, a medio camino entre el personaje zombie, el hombre enloquecido y el hábil estratega que diseña la venganza final, presenta un concurso notable, al igual que Javier Gutiérrez en su papel del emperador Saturnino.
Donde chirría, sin embargo, es en una duración excesiva y en un texto que, en determinados pasajes, agradecía ser más cortado que mantenido porque William Shakespeare es un genial literato pero no un infalible escritor cuya pluma mágica adorna todas y cada una de las frases de sus centenarias obras. Aquí Andrés Lima, el director del montaje, podía haber dicho y hecho algo más. Respetar a Shakespeare no significa que sea un ser intocable.
La puesta en escena permite aliviar, aunque no mitigar del todo, ese déficit. Los actores no se limitan a un sólo papel y ejercen el rol de coro. Los músicos (Aurora Arévalo y Raúl Miguel) hacen de lo suyo -con notables resultados musicales- y de pequeños actores y Beatriz San Juan diseña en su cabeza, y ejecuta en el montaje, un desarrollo del texto ágil con la optimización de una simple mesa giratoria, tres manteles, cuatro espadas y trajes modernos.
Tito Andrónico, tras su estreno en Mérida, se llevará ahora al Festival de Almagro. Después pasará a Niebla y, por último, recalará en Madrid.
1. Bien. Bastante novedosa. Hacía tiempo que no venía al teatro y me ha gustado.
2. Estoy acostumbrado a montajes tradicionales y me ha sorprendido mucho lo de la mesa giratoria.
1. Espectacular. El texto es magnífico y la puesta en escena es arriesgada pero está muy bien.
2. El trabajo en equipo es muy bueno y la puesta en escena es muy simple pero llega al fondo de la cuestión.
1. Me ha gusto mucho tanto a nivel actoral como a nivel de escenografía.
2. Me gusta como los actores están alrededor de la escena y el juego de la mesa en movimiento. También como se representa el bosque y el banquete.
En Tuenti
Desenlance final de Tito Andrónico, con el general romano (Alberto San Juan) degollando a uno de sus enemigos. / BRÍGIDO
Festín sanguinario, teatro sin endulzar
El trabajo de los actores es globalmente notable y contribuye a crear dinamismo y brillantez al texto de Shakespeare. / BRÍGIDO
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