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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 24 mayo 2012

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VÍCTOR CHAMORRO, ESCRITOR

El autor de 'Los alumbrados' proyecta una biografía de Muñoz Torrero, padre de la Constitución de 1812

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«Mi compromiso con Extremadura es recuperar un lenguaje que se va a perder»
Víctor Chamorro ha repartido su vida entre la enseñanza y la literatura, entre Madrid y Hervás. / MARISA NÚÑEZ
-¿El sentimiento extremeñista es ahora mayor que en los años de la transición a la democracia?
-Pues no lo sé. Porque yo creo que ese sentimiento tiene que estar basado en el conocimiento. Una cosa que no se conoce profundamente no se puede amar profundamente. No sé qué nivel de conocimiento tienen las nuevas generaciones del hecho extremeño, de lo que ha hecho Extremadura a lo largo de la historia; lo ignoro. No sé si habrá cierto déficit quizás en la escuela, en los institutos, en la universidad... No lo sé, pero ahí está la madre del cordero.
-¿A qué jugaba de niño en Hervás?
-En una terraza, yo solo. Tenía una espada de madera y jugaba a los cuentos del Guerrero del Antifaz, hacía varios personajes. Me desdoblaba. Si era el Guerrero del Antifaz exclamaba: «¡Por Cristo!, «¡Por la cruz!»». Si era Goliat decía «¡Por las barbas del profeta!». Fui bastante solitario.
-Estudió Derecho en Salamanca.
-Sí.
-Supongo que conocería el barrio chino.
-Sí. Precisamente en 'El pequeño Werther' yo describo un poco autobiográficamente esa vida. En primer lugar yo no entiendo cómo mi padre, que era un probo funcionario...
-Su padre era secretario de Ayuntamiento ¿no?
-Sí, secretario del Ayuntamiento de Hervás. Y me lleva a una pensión que estaba en el umbral del barrio chino. Y no quise decirle nunca a mi padre dónde me has metido porque con la gente que estaba allí me lo pasé muy bien. Yo tenía que atravesar el barrio chino para ir al campo de fútbol a ver jugar al Salamanca. Se me han quedado muy grabadas aquellas primeras escenas.
-¿Tiene la sensación de que sus años como enseñante ha sido un tiempo que le ha robado a la literatura?
-No. Porque no sé cuál de las dos profesiones me ha llenado más. Tuve que dejar la enseñanza antes de tiempo, se cerró el colegio privado y estuve muy deprimido. Aún siento ese vacío. Esas siete horas con los chicos y las chicas.
-¿Le gustaba dar clase?
-Mucho. Porque con la literatura descansaba de la enseñanza y con la enseñanza descansaba de la literatura.
-Daba clases de Literatura...
-De Literatura y de Historia.
-¿Han cambiado mucho los nombres de las personas que admiraba a los 20 años y a los que admira ahora?
-Yo ya no admiro, miro simplemente. (Risas). En aquella época sí, porque había gente rara. Ahora, si me dicen «hay un tío raro» digo ¿dónde está? que quiero conocerlo. Estamos todos muy troquelados, homogeneizados... Yo he conocido por ejemplo a Emilio González de Hervás, un personaje increíble y posteriormente a extremeños como Jesús Vicente Chamorro, el fiscal.
-¿No tenía ninguna relación con usted a pesar del mismo apellido?
-No, no. Simplemente fuimos muy amigos. Y ahora mismo ya vas viendo las cosas quizás con más escepticismo, con más distancia.
-¿Alguna vez ha militado en algún partido político?
-No, no... Eso es imposible. Un escritor, un intelectual, debe militar en una ideología. Yo siempre he dicho que el marxismo es lo que más me ha llenado; pero la obediencia debida a un partido, sea del signo que sea, no entra en el campo de la crítica que debe hacer una persona que se dedica a escribir, que tiene que ser crítica por sistema.
-¿Conserva su primera máquina de escribir?
-Sí, y tenía el tipo de la 's' y de la 'o' gastado. Entonces, las primeras copias que yo envié al Premio Planeta, después de escribir la novela, había que ir con una plumilla poniendo la 'o' y la 's'; más trabajo casi que escribirla. Y luego tuve tres o cuatro máquinas. Una eléctrica. Aquello fue para mi mujer... ¡una máquina eléctrica! Y luego el ordenador. Pero yo nunca he sabido escribir a máquina.
-¿Se acuerda de las marcas de los coches que ha tenido?
-Sí. He tenido un Seat 600 de segunda mano, un Simca 1000 de segunda mano; otro Simca 1000 de segunda mano y ahora tengo un Renault de segunda mano.
-¿Un Renault Megane?
-Es que no sé de qué marca es.
-¿Dónde conoció a Pablo Castellano?
-Le conocí con motivo de un libro que a mí me pareció un libro extraordinario para aquella época que fue 'Conversaciones en Extremadura', de Marciano Rivero. Se presentó en Plasencia y ahí le conocí.
-La suya ha sido una mirada poco complaciente sobre Extremadura.
-Pues no sé, yo creo que ha sido complacentísima. Si por complacencia entendemos tener placer con ella, no se puede escribir tantos libros de Extremadura como yo he escrito si no había un gran placer y un gran amor. Ahora, ¿cómo lo expuse y cómo se entendió? Unos lo entendieron bien y otros lo entendieron mal.
-¿Se imagina de empresario?
-A veces he pensado (yo no juego a la lotería, pero mi mujer juega) que si me viese con un millón o cinco millones de euros, tendría que ser empresario, y tendría que hacer algo importante. Porque un empresario puede hacer algo importante o ser un simple especulador. A mí un buen empresario me parece que es un ser que crea mucho tejido social. Ahora no sé cómo serán los empresarios, si habrá algún buen empresario o habrá algún buen banquero. (Risas). Ahí está la madre del cordero.
-Ha escrito muchas veces las palabras 'oligarquía', 'terrateniente' y 'jornalero'.
-Sí, es el meollo de la historia de Extremadura. El terrateniente, con tierras que se perdían en el horizonte, y el jornalero con dos brazos caídos a la fuerza porque descansaba también la tierra a su alrededor. Esto motivó la emigración. Extremadura es sobre todo emigración, emigración epopéyica a Indias, emigración a Alemania... Es una de las características de que el emigrante lleva a Extremadura en su melancolía y va creando Extremadura por donde va, a pesar de que, probablemente, tuvo que salir porque no le trató bien Extremadura. He recorrido todos los hogares extremeños de España (los de Madrid muchas veces) y he comprobado que sienten una verdadera pasión por Extremadura. Bueno, más que por Extremadura, por el pueblo, cada uno por su pueblo, pero en ese pueblo sintetizan la tierra.
-¿Ha viajado mucho al extranjero?
-No, no he tenido dinero. Cuando cumplí 25 años de casado me fui con mi mujer a Estambul. Y luego alguna vez he viajado a Portugal, alguna vez a Francia, pero, vamos, me voy a morir sin conocer la India, sin conocer Egipto y sin conocer África, porque América no me interesa.
-¿Qué tal convive con las nuevas tecnologías?
-Bueno, pues, a mí me parece que el móvil e Internet están produciendo mucha esquizofrenia, y mucha soledad detrás de tanto mensaje. Y mucho autismo. Se creen que los ordenadores en la escuela es la panacea, y es un instrumento más, como la tiza o el encerado.
-Se molestó alguien cuando publicó en uno de sus libros de viaje esos versos atribuidos a Pérez Enciso: «Plasencia, tierra bravía / con más de doscientas tascas/ y ninguna librería»?
-No, fueron otros versos y hubo alguna librería que me vetó. Esa sí molestó, pero yo no me la había inventado, dije solamente que se cantaba esa copla. Y entonces alguien me vetó, y me han tenido vetado bastante tiempo.
-¿Se considera más cerca de Cela, de García Márquez o de Valle Inclán?
-Estoy entre los tres. De mí dicen que soy del realismo social, pero yo no entiendo eso. Realismo social es una redundancia. Yo estoy en el realismo mágico, en el esperpento. Cela es esperpéntico, y Valle Inclán. Estoy también en ese mundo en el que la vida, la realidad y el sueño, tienen una frontera difusa, que es el surrealismo. Me parece un buen instrumento para expresarse.
-¿Sigue la política regional de cerca?
-No. Mi compromiso con Extremadura ya a estas alturas de la comedia, del vodevil o de la tragicomedia que es la vida de cada uno, mi compromiso es recuperar un lenguaje que se va a perder. Un lenguaje que yo creo que es el castellano cervantino más puro de España, el extremeño, porque por su enclaustramiento de siglos ha tenido menos contaminaciones. Lo mío es recuperar todo el lenguaje que pueda y ponerlo en boca de personajes. Hacer que viva el lenguaje. Y luego recuperar, en las novelas que me queden por escribir, pues ahora, por ejemplo, me gustaría escribir la vida de uno de los extremeños más ilustres del mundo, el padre Muñoz Torrero. Lo que pretendo es rescatar trozos de la historia de Extremadura, novelados, y recuperar lenguaje.
-¿Piensa reeditar o actualizar alguna de sus guías viajeras?
-No; actualizar ya no. Yo creo que el encanto es ver cómo ha cambiado todo. Ver los cambios.
-¿Cuál es el tópico que más daño ha hecho a Extremadura?
-El de «Tierra de conquistadores». Extremadura, imperialidad, Trento, cruzada... Imperialismo camuflado de religiosidad. Porque luego si estudias bien lo de Indias, aparte del genocidio que lo hubo, está el mestizaje, y sobre todo, lo más grande que se consiguió, creo yo, fue el castellano. Nosotros les dimos el castellano, y al final el castellano fue el aglutinante de razas diferentes, y ellos no lo han devuelto enriquecido, enriquecidísimo. Yo creo que la literatura iberoamericana empezó con aquellas lanzas de Cortés, de Pizarro o de Balboa. Y luego los grandes capitanes tomaron todos esposas o amantes, pero las quisieron y legitimaron la prole. Eso no lo hicieron los ingleses, ni los franceses, ni los holandeses.
-¿En qué trabaja ahora?
-Voy a sacar un poemario. He estado haciendo un poema, con el 'mono' que me dejó la enseñanza y va a ser algo así como 'Mi última clase'. Ya fuera del aula, dirigida a los jóvenes, y donde recojo mi experiencia de casi 40 años de profesión.
-Va a ser una especie de Juan de Mairena.
-Sí, algo así.
-Ha creado una editorial.
-Sí. Mi hija, después de que me diesen el premio Café Gijón me dijo que estaba harta, que estaba cansada de ver cómo seguía mandando libros como un novicio, tras cuarenta años... Parece que me había adivinado el pensamiento, porque nunca se lo había dicho, y le contesté: «A tu disposición, cuando tú quieras». 'Los alumbrados', por ejemplo, es un libro que estaba ahí y no había manera de que el mercado lo aceptase.
-¿Siempre ha tenido un perro?
-Sí, he tenido dos perros y el actual.
-¿De qué raza es?
-Es bastardo.
-(Risas). ¿No tiene pedigri?
-Sí, pedigrí 'chucho'.
-Con respecto a Extremadura, y desde su larga trayectoria, ¿se siente reconocido?
-Eso pienso que no es mi problema. Mi problema ha sido escribir veinte libros sobre Extremadura.
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