-Usted nació en Londres en 1947. ¿Qué hacían sus padres allí?
-Mi padre dirigía el Instituto de España, el precursor de lo que es hoy día el Instituto Cervantes. Llegó a Londres en 1946, y yo nací allí al año siguiente.
-¿Son más hermanos?
-Sí, actualmente somos tres.
-¿Alguna vez ha pensado que un país como este no es el suyo?
-(Risas). Qué pregunta... Yo estoy convencido de que este es mi país, pero eso no quiere decir que haya muchas cosas que desearía que fueran de otra manera.
-¿En qué momento empezó a interesarle la filosofía como materia académica?
-Pues yo sabía cuando terminé Bachillerato que iba a estudiar Filosofía.
-¿Hizo el Bachillerato en Madrid?
-Terminé el Bachillerato en Madrid. Hice lo que era antes hasta la reválida de 4º en Inglaterra. Entonces me convalidaron estudios y cursé los tres últimos años en Madrid.
-¿En qué centro?
-En el Colegio Estudio, 5º, 6º y Preu. Yo era muy joven, por la convalidación estaba adelantado, pero sí que sabía que iba a hacer Filosofía desde los 13 o 14 años.
-¿Le interesaba la filosofía más que el arte, por ejemplo?
-Pues sí, me parecía que tenía más consistencia.
-Más consistencia desde la perspectiva intelectual, ¿no?
-Claro, claro. Y además es una afirmación muy discutible, según las personas.
-¿Es cierto que la claridad es la cortesía del filósofo?
-Desde luego, lo que pasa es que es muy difícil ser de verdad claro.
-¿Por qué le interesan filósofos como Leibniz y Ortega?
-Por razones muy distintas. Yo tuve una formación en la Universidad de Madrid muy escolástica. Y se puede decir que Leibniz es el último, el que cierra de alguna manera la filosofía tradicional y la convierte en algunos aspectos en filosofía moderna. Eso por un lado. Y por otro lado yo diría que es muy difícil hacer filosofía en España sin contar con Ortega y sin (aunque uno pueda estar más o menos de acuerdo) sin deber mucho a Ortega.
-¿Visitó alguna vez de noche el Museo del Prado?
-No, nunca.
-¿Cuántos idiomas habla?
-Hablar hablo tres... cuatro. Se puede decir que cuatro. Lo que pasa es que el cuarto, que es el alemán, lo hablo muy mal. Pero bueno... me hago entender. ¿Los otros? Inglés, francés, español y alemán.
-¿Por qué llegó su familia a Trujillo?
-Yo diría que casi por casualidad. No tenían ninguna vinculación con Extremadura, pero les invitaron una Semana Santa cerca de Trujillo y les gustó tanto que se quedaron.
-¿Se considera un mecenas?
-Bueno, el acto de liberalidad fue el de mis padres rehabilitando el convento de la Coria y donándolo a una Fundación. El papel mío es el de hacer que dicha fundación sea funcional. Y ello implica, más que liberalidad, sobre todo voluntad de colaboración con personas e instituciones en proyectos comunes.
-¿Guarda algún juguete de su infancia?
-Sí, sí. Juguetes y libros.
-¿Y qué juguetes, por ejemplo?
-Hace años que nos los abro, pero tengo por ejemplo la colección de soldados.
-¿Soldados de plomo?
-No, eran de goma, gracias a eso han sobrevivido.
-¿Algún tren eléctrico?
-No, nunca tuve tren. Tengo los soldados, pero, vamos, hace años que no los veo. Lo que sí es verdad es que nunca los he tirado.
-¿Alguna vez se peleó físicamente con amigos de su pandilla?
-Alguna vez, sí.
-Hay un célebre libro de Lou Marinoff que recomienda 'Más Platón y menos Prozac'. ¿Le parece acertado el consejo?
-Pues menos Prozac, desde luego. Y yo diría que más Platón y otros muchos autores. No lo restringiría a uno solo.
-¿Cree que el Plan Bolonia perjudica a las carreras de humanidades?
-Yo creo que los problemas de las humanidades son anteriores al Plan de Bolonia y van a seguir estando después. No creo que el Plan de Bolonia ayude, pero tampoco creo que perjudique demasiado, porque hay un problema real y hace falta una voluntad muy fuerte para mejorar las cosas. Hombre, el Plan Bolonia es muy discutible, pero no es la cuestión.
-¿Cuánto dinero cree que se habrá invertido ya en la restauración de La Coria?
-Muchísimo, lo que pasa es que es un cálculo difícil de hacer porque se ha hecho a través de treinta años. Más, treinta y cinco años. A partir de 1970. Bueno, no es que las cosas hayan cambiado de valor, es que hay cosas que se podían hacer en los años setenta y que no se pueden hacer ahora. No lo sé, ni el valor que podría tener ahora La Coria, ni quién lo pagaría, porque, claro, el valor es siempre una cosa convencional. Digamos que es mucho y lo suficiente para que un proyecto se haya materializado.
-¿Sin la Fundación Xavier de Salas, La Coria sólo sería un montón de piedras y de ruinas?
-Hoy, desde luego hay edificios de la entidad de La Coria que se han perdido o están en trance de perderse, en el ámbito nacional. Lo que pasa es que es que hay turismo y muchos edificios semejantes se han convertido en hoteles. Lo que es muy díficil es pensar que se pueda convertir en la vivienda de un particular. Eso no es muy fácil. Desde luego, La Coria corría peligro de perderse, sin duda.
-¿En el área de la filosofía España es un país subdesarrollado o en vías de desarrollo?
-(Risas). Bueno, yo diría que tiene muchas posibilidades. Y estoy seguro que si se mantiene, como es probable que se mantenga, como sociedad democrática, la causa de la filosofía se mantendrá y se desarrollará. Yo creo que Ortega es muy importante porque uno de nuestros filósofos, quizás el más importante de nuestros filófos cara al desarrollo de la filosofia en la sociedad. Un autor como Zubiri es un gran maestro de la filosofía pero de ninguna manera tuvo el tipo de proyección que tuvo Ortega, porque Ortega elevó el nivel de la sociedad española como sociedad que usa ideas y trabaja con ideas. Entonces yo creo que se ha dado un recorrido y se dará más, pero desde luego no estamos entre los países... punteros.
-¿Discutir de fútbol le parece una vulgaridad?
-No. Para nada. Lo que pasa es que yo pienso que hay que hacer otras cosas además. Pero no, por supuesto que no. Es parte de nuestro mundo.
-¿Es aficionado, por cierto?
-Muy a distancia. Me entero, lo sigo. Pero hace muchisimo tiempo que no voy a un campo de fútbol.
-¿Históricamente, Extremadura puede entenderse sin Iberoamérica?
-Yo creo que Iberoamérica mostró lo mejor de Extremadura. Extremadura se proyecta de una manera más importante. Yo creo que la contribución de Extremadura es de primera clase, y está entre los legados que Europa ha hecho al Tercer Mundo. Podemos pensar, no sé, los ingleses en la India; los portugueses en Brasil y nosotros también en Iberoamérica.
-¿Cuáles son sus defectos y cuáles sus virtudes?
-¿Míos? No lo sé. Prefiero no analizarme demasiado. (Risas).
-¿Es creyente? En el sentido tradicional de la expresión.
-(Hace una larga pausa). Pues no, realmente no. Lo que sí hago es respetar a la Iglesia, porque creo que la historia de España, la sociedad española, se hace con la Iglesia. Es una cuestión que siempre hay que tener en cuenta.
-¿Qué es lo que más le divierte en la vida?
-Bueno... Depende mucho. Como la mayor parte de las personas tengo distintos niveles de atención y por tanto distintas aficiones ajustadas a esos niveles. Hay momentos en que me gusta mucho mi trabajo de filosofia, hay otros momentos en que me gusta mucho el trabajo que hago para la fundación, otros momentos en que me gusta mucho sencillamente ir al cine o leer una novela. Si a mí me preguntan ¿cuáles son mis mayores placeres?, pues tendría que dar un elenco y tendría que decir que lo mejor es una vida que tenga un determinado equilibrio ¿no?
-Dígame un país que le gustaría visitar y el último libro que ha leído.
-¿Un país que no haya visitado? Apenas he estado en Amsterdam, Holanda. Es una asignatura que tengo pendiente. Y Canadá me interesa muchísimo, tanto Quebec como Vancuver. Son dos ciudades que me gustaría conocer bien.
-¿Y el último libro que ha leído?
-Pues vamos a ver, ¿qué estoy leyendo ahora? Estoy leyendo a Aranguren. Llevo dos o tres semanas trabajando sobre él. Estoy leyendo 'Ética y Política'. Por ejemplo, de él también he leído 'Catolicismo y protestantismo como formas de vida', que es un grandísimo libro. Eso es lo último.
-Aunque supongo que lee más de un libro a la vez.
-Sí, claro. Esta mañana he estado leyendo una cosa que conocía de Isaias Berlin. He sacado unas ideas y lo he vuelto a dejar. He estado, viendo, por ejemplo, un libro de Abellán sobre la escuela de Madrid.
-¿Si le dieran la oportunidad de reencarnarse, en quién lo haría, en un filósofo famoso o en una estrella del deporte?
-¡Ah, no!, yo en un filósofo, sin lugar a dudas. Me parece que lo más interesante es la experiencia intelectual, sin lugar a dudas. Otra cosa muy comprensible y de agradecer es la aportación que los deportistas hacen a la sociedad, pero vamos, sin lugar a dudas, más de lo mismo.