JUAN, desde su despacho de Badajoz, puede pasarse horas hablando con un cliente de Suecia. O con un amigo de Londres. Incluso puede hacer una ronda con todos los proveedores que tiene en el extranejero y no gastarse un euro en teléfono.
El milagro lo hace posible el Skype, una herramienta informática capaz de reducir el coste telefónico a cero. Para conseguirlo sólo hay que bajarse el software de Internet, que es gratuito, e instalar en el ordenador un micrófono y un altavoz.
El skype convierte la voz humana en datos y las transmite a través de Internet con absoluta claridad. También permite la videollamada entre dos usuarios. Es algo así como un 'messenger' de voz y vídeo.
Con el programa instalado en el ordenador se puede llamar a cualquier teléfono fijo o móvil del mundo. Si se conecta con alguien que también tiene Skype, la conferencia sale gratis, y si el receptor es un móvil o fijo convencional, sin Skype, se paga algo menos de un céntimo el minuto.
Con esta tarifa es lógico que cada días más gente sucumba al nuevo soporte. Juan del Valle fue uno de ellos. En su empresa de Badajoz, que se dedica a la venta de vino y a la exportación, funcionan con este sistema desde hace ya varios años. «El ahorro es más que importante».
Juan descubrió el sistema al poco tiempo de aparecer, allá por 2003. Al año siguiente, en 2004, ya lo utilizaba en su oficina.
En todo este tiempo ha comprobado como los usuarios del Skype han dejado de ser una excepción. «Hoy ya lo utiliza mucha gente y en un futuro será algo general», estima. Prueba de este éxito es que en la mayoría de las tiendas de informática ya se venden 'webcam' y auriculares específicos para el Skype.
Además del ahorro económico, también juega a favor del soporte su fácil y gratuita instalación. «No hace falta ser ningún experto en ordenadores, cualquiera que habitualmente trabaje con ordenadores se lo puede instalar solo», según ha podido constatar el empresario pacense por la cantidad de amigos a los que se los recomendó. «Todos están encantados, de hecho ninguno se ha arrepentido de ponerlo en casa».
Raúl también es otro usuario avanzado de Skype. En Cáceres conoció a su novia, una estudiante alemana de Erasmus. Cuando ella regresó a su país, el teléfono se convirtió en imprescindible. Pero tenía que sortear muchos toques de atención de sus padres por las abultadas facturas de teléfono que llegaban. El problema se acabó cuando su novia le habló del Skype. «Hablábamos todos los días y no pagamos un duro en más de dos años que estuvimos separados», recuerda hoy Raúl.
Además de las llamadas en vivo, el programa también permite enviar mensajes de voz en caso de que uno de la persona con la que se quiere contactar no esté disponible. En este caso se trata de un servicio de pago, aunque también con una tarifa reducida de algo menos de un céntimo por mensaje.
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