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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 julio 2014

Badajoz

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Ya no hay largos pasillos oscuros con enormes y aisladas habitaciones a cada lado. Las paredes ya no son frías y la luz del sol entra por todas las ventanas. Ahora los chicos tienen su propio apartamento (cada uno de un color vivo, como el violeta, el verde o el naranja) que comparten con otros menores de su misma edad en los que no faltan ni la tele ni el DVD ni la cadena de música. Disponen de su propio comedor, biblioteca y sala de informática. Y cuentan con la atención de 35 educadores.
Se trata del nuevo centro de menores San Juan Bautista, que se estrenó a finales del pasado año y que actualmente acoge a un total de 43 internos, desde bebés a jóvenes de 18 años. El 90% de éstos se encuentra en situación total de desamparo por parte de su familia y la Junta de Extremadura ha asumido su tutela. «Los padres de estos niños tienen problemas con la droga, la prostitución, son violentos o alguno de los dos están en la cárcel y el otro no tiene suficiente apoyo social para salir adelante. En algunos casos es una suma de todas estas situaciones la que provoca el desamparo», explica María Teresa Rodríguez Molina, directora del San Juan Bautista. «Una novedad de los últimos tiempos que antes no se daba es que llegan niños que han sido denunciados por sus padres por maltrato y no se pueden quedar en casa. Son casos puntuales, pero antes no ocurrían», agrega.
Separados por edad
En este nuevo centro los niños se dividen según la edad que tienen, para lograr una mayor adaptación. «Hay una unidad de convivencia para los menores de 0 a 6 años, donde actualmente hay 17 niños; otra para los de 6 a 8 años, con 4 niños; otra para los de 8 a 12; con 8 niños; y otra última para los de 12 a 18, con siete chicos y seis chicas. A esta edad separamos entre sexos para evitar dificultades», apunta Rodríguez Molina.
«Nuestro principal objetivo es que nuestros acogidos tengan la sensación de llevar una vida lo más normalizada posible. Por ello, tienen un horario diario establecido y unas tareas que han de seguir», asegura la directora del centro.
De lunes a viernes, los chicos acuden a clase. «No van a los mismos colegios e institutos, están repartidos por toda la ciudad», apunta. Después de la jornada lectiva, almuerzan en el comedor común, «tienen cuatro menús diferentes que cambian cada semana y que está supervisado por un médico», y se marchan después a las actividades extra escolares. Un autobús los lleva y los trae.
Posteriormente vuelven al centro, donde hacen sus tareas escolares con el apoyo de los educadores. A las ocho y media les toca la cena y después tienen tiempo libre para ver la tele o dedicarse a su ocio. «Como en todas las casas, a veces hay discusiones a la hora de irse a dormir. El otro día, por ejemplo, estaban viendo el programa de 'Fama' y no querían acostarse, así que tuvimos que negociar con ellos. Al estar separados por edad, aunque los mayores estuvieron despiertos hasta más tarde, los pequeños dormían tranquilamente sin que nadie los molestara. De todas formas, suelen ser obedientes».
Asimismo, en cuanto a la relación que tienen los chicos entre ellos, la directora asegura que apenas si recuerda alguna pelea. «Es cierto que, sobre todo con los mayores, cuando llega alguien nuevo, al principio es complicado. Pero no porque el nuevo sea peor, sino porque a lo mejor llega en un estado de mucha tensión y enseguida se crea el conflicto. Pero la verdad es que yo me asombro de la capacidad de adaptación de la mayoría de ellos».
Comprarse ropa
Los niños acogidos en este centro de menores no reciben ningún tipo de ayuda económica por parte de su familia, todos los gastos corren a cargo de la institución. «Tenemos establecido un sistema de pagas semanales que van desde los dos euros para los más pequeños hasta los 12 euros para los mayores, aunque esto es muy relativo, puesto que puede haber gastos extras. La idea es vayan al cine de vez en cuando, que puedan salir con sus amigos o ir a la peluquería, pero sin excesos. Y también jugamos mucho con los premios por buen comportamiento».
El tema de la ropa es un punto de 'conflicto' con estos chicos, sobre todo a partir de los 12 años. «Como todos los adolescentes, quieren siempre más ropa de la que se les permite. Ellos tienen la libertad para elegir lo que les gusta. Hasta los pequeños de cinco años nos dicen que ellos se quieren ir solos de tiendas... De media, les compramos cuatro conjuntos nuevos por temporada y dos pares de zapatos».
María Teresa Rodríguez insiste en que estos menores son «igual de normales que los demás», aunque sus circunstancias son muy difíciles de superar. «Muchos encuentran en el centro un alivio, porque escapan de los problemas familiares».
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