Por Puebla de la Reina siempre han pasado forasteros: antes eran los maestros, los practicantes y los viajantes. Ahora, los inmigrantes. Este fue el único pueblo donde ejerció el magisterio Rodríguez Ibarra antes de irse a Sevilla a estudiar Filosofía y Letras. Vivía en la posada de María, donde también se quedaban los recoveros. En Puebla recuerdan que iba por las noches a un bar a tocar la guitarra con Juanci, el practicante, su compañero de pensión, y presumen de ser el único pueblo donde Ibarra ha sido pregonero de las fiestas. Los forasteros de ahora son peruanos. También se han integrado perfectamente y participan de las fiestas y tradiciones. Son media docena de familias. Llegaron para trabajar en una fábrica de edredones. La fábrica ha cerrado, pero ellos siguen en el pueblo trabajando en lo que sale.
La mitad de la población activa de Puebla de la Reina se dedica a la agricultura; un tercio trabaja en los servicios ;y el resto en la construcción y la industria. En 2007 había 10 comercios, seis bares, un restaurante y una caja de ahorros. Su historial demográfico es el clásico en los pueblos extremeños: 2.079 habitantes en 1950 y menos de la mitad, 864, en 2008. Aunque el reloj de la iglesia esté parado, el pueblo parece moverse y cuenta con un complejo de bungalows y casa rural explotado por el ayuntamiento. También posee buena biblioteca, magnífica piscina, banda de música, centro integrado cultural con salón de actos, despachos para asociaciones, bar, etcétera. Hay guardería, centro de día, consultorio médico, hogar del pensionista, centro del conocimiento y hasta un tanatorio a punto de inaugurarse.