SEGÚN EL MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE

La huella ecológica de una ciudad es la suma de todas las tierras agrícolas, de pastoreo, bosques y zonas de pesca requeridas para producir los alimentos y materiales que cada territorio consume y para absorber los desechos. El número de productos no locales que se consumen, la preferencia por los productos empaquetados, la alimentación basada en productos cárnicos frente a los vegetales o el papel que no se recicla son algunos de los factores que hacen aumentar la huella ecológica de una sociedad y ponen en peligro la sostenibilidad.
Cáceres ha sorprendido a todos al alzarse con el título de capital más sostenible de España (sólo necesita 1,38 más de territorio para estar equilibrada) seguida de Cuenca. El tercer puesto es de Badajoz y en el extremo contrario, las capitales con mayor impacto medioambiental, destacan Bilbao (100,8 veces su territorio), Pamplona (89,36), Barcelona (83,37), Santander (81,37) y A Coruña (80,23).
A pesar de ser un dato tan positivo para Badajoz, hay que tomar este indicador con mucha prudencia según reconoce el director del Observatorio de la Sostenibilidad, Luis Jiménez Herrero. «Es relativo porque hay que tener en cuenta que Badajoz tiene un término municipal muy grande y eso le beneficia a la hora de tener este dato. Hay que tener en cuenta todos los factores».
Antonio Gentil, de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza en Extremadura (Adenex) coincide en esta opinión. Gentil tiene claro que el hecho de que Badajoz sea la tercera ciudad más sostenible es un dato a tomarse con prudencia, e incluso adelanta que su colectivo está elaborando un proyecto para crear un Observatorio de la Sostenibilidad de Extremadura, cuya sede estaría en Badajoz y que estudiaría de cerca las carencias medioambientales de la ciudad.
Mucho por hacer
Los factores a los que se refiere Luis Jiménez son los que recoge en informe del Observatorio de la Sostenibilidad y en los que queda claro que en Badajoz aún queda mucho por hacer.
El primer punto relevante es el agua. Badajoz consume, en total, menos que la media de España aunque el consumo doméstico sí que supera el baremo nacional. Un pacense usa 172,3 litros al día, cinco por encima de la media.
La calidad de las aguas también es un tema conflictivo, ya que según explica el director del Observatorio de la Sostenibilidad, en la capital pacense no se usa el tratamiento terciario. Para limpiar el agua hay tres tipos de herramientas; el tratamiento primario (filtros, depuradoras), el secundario (productos químicos) y el terciario que está considerado de mayor calidad y más ecológico, aunque es más caro, y que consiste en usar productos biológicos, especialmente bacterias.
Antonio Gentil, de Adenex, también es consciente de esta situación y cree que Badajoz debe hacer un esfuerzo. «Es el último núcleo urbano de Extremadura por el que pasa el Guadiana y tiene una responsabilidad muy grande para cuidar al río».
En cuanto al consumo energético, Badajoz saca buena nota en el informe. El consumo de energía eléctrica por habitante es superior a los 3,90 mwh/hab y es ligeramente inferior al medio español.
La gestión de residuos sólidos, sin embargo, no deja a la ciudad en tan buen lugar. Los pacenses generan menos basura que la media española, pero la recogida selectiva se encuentra por debajo de la media. Gentil admite que el reciclaje es un punto importante aunque asegura que es más vital generar menos residuos que reutilizarlos.
Sin embargo, Juan Carlos Giraldo, de Ecologistas en Acción, es abiertamente crítico con la gestión de residuos. «Para que fuera sostenible habría que cerrar el círculo de la materia, es decir, no reciclar para que las cosas vayan a un contenedor sino reutilizar los materiales de verdad». Para Giraldo, la gestión de las zonas verdes y el arbolado y la limpieza de la ciudad en general «también dejan mucho que desear».
Desparramar la ciudad
El último factor que analiza el Observatorio de la Sostenibilidad y uno de los más importantes, es el modelo de ciudad en el que se está convirtiendo Badajoz y que recibe un claro suspenso por parte de esta institución. La forma de ocupar el suelo, es decir, expandirse o construir, también afecta al medio ambiente.
El Observatorio apuesta por las ciudades compactas, que crezcan en altura porque tienen menor impacto ambiental. Una urbanización en las afueras exige más infraestructuras, alcantarillado, carreteras y además, potencia que la gente utilice más el coche. Se trata de no «desparramar» la ciudad sino hacerla compacta, según solicita Luis Jiménez. En el informe de la institución que dirige, sin embargo, cataloga a Badajoz de modelo de ciudad 'urbana fragmentada de tipo insular', en términos sencillos, crece hacia fuera en contra de lo que recomienda Medio Ambiente.
En resumen, el agua de Badajoz no se limpia de la mejor manera que existe, falta reciclaje y la ciudad crece propiciando más el tráfico, pero su amplio término municipal y el bajo gasto energético debido a su menor actividad económica le otorgan el bronce de la sostenibilidad entre las capitales de provincia. Sin embargo, para mantener este puesto en el futuro debe apostar por «solucionar los temas pendientes», concluye el director de Observatorio de la Sostenibilidad.









