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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 29 julio 2014

Mérida

MERIDA

Uno de los últimos pubs que quedaban abiertos en John Lennon cierra hoy sus puertas, tras decidir sus dueños que es momento de renovarse

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El sueño eterno de La Rivolta
Manuel Sánchez, apoyado en la barra de La Rivolta, que hoy cierra sus puertas tras 31 años./ BRÍGIDO
LA Rivolta. 1978-2009. 31 años de vida que hoy acaban para el pub de Mérida con más solera y uno de los últimos que quedaban abiertos en la calle John Lennon y que ya despuntaba en los días de la movida de los ochenta.

Pero era renovarse o morir. Caminar paralelo a los tiempos que corren y hacer una buena reforma en el local para darle nuevos aires o desaparecer. Y uno de sus dueños, Manuel Sánchez, ha optado por la segunda opción. «Como el local no es nuestro, aunque hemos hecho gestiones con el propietario para comprarlo y no lo hemos conseguido, pensamos que invertir dinero en algo ajeno ahora no es nada rentable».

Así que esta es la última noche en la que los incondicionales del local podrán disfrutar de él. A partir de mañana, ya será historia. Y será otro de los nombres que pasen a engrosar la lista de locales cerrados en la calle John Lennon en los últimos años.

Sánchez afirma que si encuentran un local, siempre que esté en el centro de Mérida, que sea asequible y en el que se pueda montar algo parecido a La Rivolta, se decidirían a embarcarse de nuevo en el negocio de la hostelería. Pero esto sólo es un proyecto que está en mente.

Ahora tiene pensado continuar con su restaurante en la calle Romero Leal, en el que está totalmente volcado. Quiere, y además, dice que necesita descansar de todo el trabajo que da un pub, que le ha ocupado desde que tenía 25 años, edad que tenía cuando se decidió a abrir La Rivolta.

Los comienzos

Emilio, Isidro y Manuel Sánchez, que hasta hoy es uno de los responsables del local, abrieron las puertas de La Rivolta en un momento «en el que en España había ansias de libertad y de conocer cosas nuevas».

Fue el primer pub que se creó en la calle que por aquel entonces se llamaba Comandante Castejón. Pronto pasó a ser uno de los locales de moda de la ciudad. A él acudían todo tipo de personas.

Años más tarde, la calle pasó a llamarse John Lennon y La Rivolta era el lugar escogido por miles de jóvenes emeritenses, y también de fuera de la ciudad, para pasar sus ratos de ocio los fines de semana. Se convirtió, según recuerda Sánchez, en «un verdadero punto de encuentro de amigos y conocidos». Y también en el único lugar en el que se podía degustar el 'Agüita de Mérida', un cóctel especial que tuvo mucho éxito entre sus clientes, además de una gran variedad de cafés y combinados. Los batidos naturales de frutas también era una de sus especialidades.

Pero no se quedó ahí. La Rivolta fue también el lugar escogido para organizar numerosas exposiciones de pintura, tertulias literarias, presentaciones de libros, conciertos de cantautores y grupos musicales locales... «El sitio donde cientos de personas se han conocido y otras tantas se habrán enamorado. De eso he sido yo testigo de excepción», recuerda Manuel Sánchez.

Antes de abrir La Rivolta, sus fundadores ya habían viajado bastante por todo el mundo. Y todo lo que aprendieron les sirvió para ser ellos mismos quienes decoraran el local. Le dieron su toque personal, el que siempre le ha caracterizado, «bohemio, un lugar de encuentro donde las personas pudieran sentirse a gusto, poder hablar, escuchar buena música y pasarlo bien».

En las mesas distribuidas por todo el local también se han desarrollado durante estos 31 años miles de partidas de parchís, dominó, ajedrez, cartas... Siempre bien acompañadas con música de fondo que siempre sonaba acorde con el ambiente que había en esos momentos en la sala.

Muchas anécdotas

31 años dan para mucho. Bueno y malo. Y anécdotas tienen muchas que contar. Sánchez recuerda una ocasión en la que la policía se presentó en el local, allá por el año 79, tratando a aplicar la Ley Antiterrorista. Tampoco puede olvidar las redadas que se hacían en La Rivolta, la prohibición que tenían los soldados que estaban en Mérida de acudir a este pub o la vez que, en Jueves Santo, tuvieron que cerrar el local porque la procesión pasaba por la puerta de La Rivolta.

Ahora sus incondicionales tendrán que buscarse un nuevo punto de encuentro para quedar. Porque La Rivolta ya es historia.
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