FRANCISCO MICHAVILA PITARCH DIRECTOR DE LA CÁTEDRA DE UNESCO DE GESTIÓN Y POLÍTICA UNIVERSITARIA

VÍA CULTURA
-Parece que la universidad está en continuo debate.
-Está en continuo debate porque ahora nos encontramos inmerso en una reflexión importante para que las universidades tengan un papel crucial en las sociedades europeas. La prueba la vivimos con la crisis. La producción de riqueza que nace a partir de los estudios y las investigaciones se encuentran más resguardadas de la tormenta económica. Además de que para salir del atolladero se reclama innovación e investigación. Y evidentemente ese papel se juega en la universidad.
-Entonces el binomio conocimiento-riqueza se hace ahora más necesario que nunca.
-La formación de capital humano es crucial para el progreso. Existen muchos estudios que avalan que las sociedades más productivas son las que más invierten en formación. Por lo tanto, ése es el camino que se debe seguir para el futuro más cercano.
-¿De qué posición parte España en este proceso de modernización de la universidad?
-Tenemos que tener en cuenta dos contextos diferentes. Por un lado, nos encontramos en un proceso de convergencia europeo donde todas las universidades europeas tratan de encontrar una sintonía común. Adaptarse a este nuevo modelo requiere esfuerzos y España los está haciendo y debe seguir haciendo. Los centros españoles deben quitar lastre normativo y ser más ágiles. Por otro lado, nos encontramos con la intención del modelo europeo de seguir el modelo universitario americano. Este es otro contexto. Y en este caso todas las universidades europeas deben hacer el esfuerzo.
-Debemos reconocer que hemos dejado atrás la universidad elitista.
-Evidentemente se han incrementado muchos los recursos desde 1983. Podemos decir que ahora se dedica casi el doble y hemos dado pasos de gigante en las políticas de becas. Y una realidad es incontestable. Ahora contamos con la mejor universidad de toda la historia, pero queda mucho por hacer. La universidad también adolece de problemas importantes. Una amplia rigidez normativa de los órganos o la pasividad estudiantil por ejemplo. El 30% de los universitarios abandona su carrera y muchos profesores no son capaces de motivar a los estudiantes. Este diagnóstico significa que, a pesar de lo que históricamente hemos hecho, debemos seguir corrigiendo cuestiones para el futuro.
-Pero la organización de universidad, facultad, departamento parece que tiene fecha de caducidad.
-Es un modelo organizativo que ha resultado muy fructífero. Pero para los nuevos retos que demanda la sociedad, la universidad necesita comportarse de una forma más ágil y necesita modernizarse.
-En muchos casos se habla de masificación.
-En algún momento se ha dicho que en las universidades españolas había muchos alumnos, pero yo no lo creí así y tampoco lo creo ahora. En términos porcentuales estamos en cotas similares al de resto de Europa. Además es tremendamente positivo que haya muchos universitarios. A nivel personal es bueno que la gente mantenga ese deseo de saber más y se preocupe por dotarse de un bagaje cultural. A nivel colectivo, una sociedad compuesta de gente instruida siempre conseguirá avanzar más que una menos formada. La formación, cuanto más mejor. Otra cosa es que el resto de enseñanzas superiores alternativas a la universidad no gocen todavía de recursos necesarios. La formación profesional, por ejemplo, necesita de un impulso para adecuarse a las necesidades de la sociedad. Eso también lo debe cumplir la universidad. Una de las críticas de las reforma es que los estudiantes aspiran a ganarse la vida con los estudios universitarios. ¿Y qué menos?, pregunto yo. Evidentemente, la universidad debe ser capaz de dar respuesta a las necesidades de la sociedad, tanto a las formativas como a las de desarrollo profesional.
-Sobre este plan se han dicho muchas cosas y no todas son ciertas. Evidentemente se trata de un proceso de modernización que beneficiará a las universidades españolas. Pero se trata de un instrumento para un largo camino que se debe recorrer. El día después de Bolonia también existe. Tras Bolonia quedarán muchos recursos y necesidades que cubrir. El principal cambio es que hasta ahora en muchos casos uno buscaba en los estudios universitarios una salida laboral y profesional. Ahora, en cambio, puede que la formación universitaria vaya por un lado y la ocupación profesional por otro. No debe resultar extraño que una persona con formación humanística acabe dirigiendo una empresa o que un físico tenga una carrera en otros ámbitos. Ese modelo de educación transversal supone una formación más enriquecedera. Seguimos el modelo americano.








