MERIDA

En la mañana de ayer, sobre las siete menos cuarto, Antonio Balboa, al llegar a abrir su bar como todos los días, se encontró con la Policía. Una desagradable sorpresa que le desveló que algo malo, de nuevo, había ocurrido en su bar.
Y no se equivocó. Una de las cristaleras aparecía rota y un gran boquete dejaba ver desde fuera parte del interior del bar. Alguien había destrozado durante la noche una de las ventanas que ya fue dañada el pasado mes de diciembre, ocasión en la que sí que robaron.
Balboa cree que los cacos no tuvieron tiempo de asaltar el bar «porque posiblemente los vecinos de las viviendas de alrededor oyeron algo y avisarían a la Policía».
Con el disgusto encima, lo primero que hizo ayer por la mañana fue dirigirse a la comisaría de Policía a poner la denuncia.
Con las manos vacías
Es la tercera que pone en los últimos cinco meses. La primera la puso en septiembre, primera vez que asaltaron el bar, aunque tampoco se pudieron llevar nada. Y puede ser que el aviso de los vecinos también interrumpiera la fechoría que los cacos iban a cometer. La segunda, en la que sí se hicieron con un suculento botín, fue el pasado 28 de diciembre. En esa ocasión, las dos ventanas que daban acceso al bar fueron forzadas. Por una de ellas los ladrones pudieron sacar la recaudación de las máquinas tragaperras, el dinero procedente del cambio, cuya cantidad ascendía a unos 300 euros, alguna botella y hasta un jamón.
Unos días después de producirse el robo, Balboa recuerda que recibió la visita del alcalde, Ángel Calle. El primer edil estuvo conversando con él y le dijo que, en breve, se iba a aumentar la seguridad en la zona con la presencia de la Policía de Barrio. Pero a Antonio estas palabras no le sirven para nada, porque ayer comenzó de nuevo la semana encontrándose su bar como nunca desearía. «Por mucho que me lo digan, yo no veo seguridad en la zona, y la prueba de ello es lo que ha sucedido de nuevo».
Con este panorama, asegura que ya no puede más. Está desanimado, harto de dar parte al seguro y cansado de quejarse de la falta de seguridad y vigilancia policial. Por eso dice que, si le asaltan el bar una vez más, lo más probable es que tenga que cerrar.








