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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

SOCIEDAD

Las redes sociales han promovido un nivel sin precedentes de divulgación de información personal en Internet, pero muchos usuarios no son conscientes de los riesgos. El robo de cuentas de correo y los insultos a profesores son los delitos más habituales en los que incurren
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¿Los amigos de mis amigos son mis amigos?
Portada de la red social Tuenti.com
Tienes una solicitud de amigo». El mensaje se repite a menudo. Así se va creando la cadena. Y ya son más de 2,3 millones sólo en España. No está mal, teniendo en cuenta que hace un año apenas eran 300.000 los que se reunían en torno a Facebook, una de las principales redes sociales del mundo en Internet. Hoy hay donde elegir, pero a principios de siglo no eran tan populares. Todo parte de la teoría de los 'seis grados de separación', según la cual todos los habitantes del planeta están conectados a través de no más de seis personas. Está comprobado. Sólo hay que echar un vistazo a alguna de estas redes.

Las hay para todos los gustos, tanto generales como temáticas (literatura, música, cine, televisión, viajes y, lo último, las de compras). Encabezan el ranking YouTube, Tuenti, MySpace, Orkut, Live Spaces, Xing, LinkedIn, Plurk, Twitter o Friendfeed. Entre todas han promovido un «nivel sin precedentes de divulgación de información de carácter personal», según la resolución sobre Protección de la Privacidad en los Servicios de Redes Sociales, derivada de la 30 Conferencia Internacional de Autoridades de Protección de Datos y Privacidad -celebrada el pasado mes de octubre en Estrasburgo-.

Tienen sus ventajas: las oportunidades de comunicación y el intercambio en tiempo real de todo tipo de información. Sin embargo, como recoge la resolución de Estrasburgo, la utilización de estos servicios «puede plantear riesgos para la privacidad de sus usuarios (y de terceras personas): los datos personales son accesibles de forma pública y global, de una manera y en un volumen sin precedentes, incluidas enormes cantidades de fotografías y vídeos digitales».

Ahí está la clave. En principio, la idea es compartir información, ya sea de amistad, profesional, sobre aficiones o de ocio. Pero lo que aparentemente son datos inocentes se puede volver en contra. Algo tan simple como colgar una fotografía en la Red puede tener sus consecuencias. Sin ir más lejos, hace apenas unos días, un colegio madrileño expulsó a tres alumnos por insultar a sus profesores en Tuenti a partir del vídeo que uno de ellos grabó en el móvil -a pesar de que están prohibidos en las aulas-. También la Fiscalía de Menores de La Rioja investiga a otros alumnos por hacer lo mismo y, en Sevilla, la Policía sigue la pista de Marta del Castillo -la joven de 17 años desaparecida hace una semana- en su ordenador. Al parecer, se conectó a Internet esa noche, lo que preocupa al padre por su carácter «confiado» con los amigos, a los que facilitaba incluso sus contraseñas personales de mail y chat.

Derecho al control

Todos estos casos son sólo la punta de un iceberg que empieza a dar la cara. Detrás de todo está la Ley Orgánica de Protección de Datos, que regula el derecho a controlar el uso que puedan hacer terceras personas de los datos privados. Lo que ocurre es que no todo el mundo le presta atención. Como recuerda el coordinador del área de estudios de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), Ricard Martínez, lo primero es ser conscientes de los riesgos. «Los usuarios no suelen caer en la cuenta, pero cada información es visible, todo lo que se comparte puede ser objeto de tratamiento por terceras personas», advierte.

Las cifras lo dicen todo: según la Comisión Europea, sólo el 33 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años conocen sus derechos en este campo. ¿Por qué esta edad? Es la franja que más preocupa. No sólo porque son los principales usuarios de las redes sociales, sino porque, como observa Ricard Martínez, «son especialmente vulnerables ya que tienen todos los medios, pero no están formados adecuadamente». Aquí los padres y el colegio juegan un papel fundamental. Los primeros, como protectores, deberían informarse y orientar al niño, acompañándole cuando está frente al ordenador. Los segundos, complementando esa educación en el aula. Como granito de arena, la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid ha puesto en marcha una campaña divulgativa entre institutos de Enseñanza Secundaria con el fin de sensibilizar a los estudiantes sobre el uso de las nuevas tecnologías. También la UE se ha puesto manos a la obra con el programa 'Safer Internet', cuyo objetivo es garantizar que los jóvenes sean «capaces de identificar los riesgos potenciales».

Ante todo, prudencia

Para empezar, el número de móvil y el domicilio sobran en cualquier perfil. Y, para seguir, la prudencia y el sentido común son herramientas básicas. Así lo entiende el profesor de Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra y creador del proyecto eCuaderno, José Luis Orihuela, investigador del impacto de la innovación tecnológica sobre los medios y los modos de comunicación. «Si estás en Internet y tienes un secreto, es mejor que ni lo pienses», asegura.

La máxima es no dar más datos de los que no se darían a un desconocido por la calle. Y es que es fácil perder el control de la cadena. A veces, los amigos de nuestros amigos pueden no ser nuestros amigos. La AEPD aconseja cuidar las relaciones que se establecen. En opinión de Ricard Martínez, ya no basta sólo con que la red garantice los derechos del usuario (supuestamente, debe informar de la utilización que va a hacer de sus datos).

«El propio entorno obliga a extremar las precauciones. Nunca hay que olvidar que no estamos en el salón de casa», apunta, poniendo como ejemplo la publicación de instantáneas de un cumpleaños donde hay niños o el caso de un grupo de amigos que se van de juerga y uno de ellos cuelga en la Red la imagen del momento. «Si esa foto la ve el empresario que tiene el currículum de uno de ellos sobre la mesa, se lo pensará a la hora de contratarlo», comenta Martínez.

Y lo peor es que en Internet las palabras no se las lleva el viento. Existe el llamado 'derecho al olvido', pero no es tan fácil hacer uso de él cuando la información facilitada ya ha empezado a circular de forma virtual. La resolución sobre Protección de la Privacidad en los Servicios de Redes Sociales es clara al respecto: «Puede resultar muy arduo (y en ocasiones imposible) eliminar por completo determinada información una vez que ha sido publicada en Internet: incluso eliminada del sitio original, es posible que terceras partes o los propios proveedores de los servicios de redes sociales conserven copias».

Un ejemplo de esos usos secundarios se está empezando a ver en las empresas. Algunas ya investigan los perfiles de los candidatos a un puesto de trabajo o de los propios empleados. Como añade la resolución de Estrasburgo, «las personas se enfrentan a posibles pérdidas de control sobre la forma en que terceros emplearán la información una vez publicada en la red».

En realidad, la difusión de los datos personales en Internet no es comparable a la que se pueda producir cara a cara, ya que el virtual no es precisamente un cara a cara en 'petit comité', en él tienen cabida muchos más interlocutores. A veces, incluso millones. De ahí la recomendación de prudencia. Eso sí, todo depende de la red que se elija. A juicio del sociólogo Francisco Javier Cortázar, unas «son más voraces» que otras en lo que a nivel de información y preferencias personales se refiere.

En este sentido, y aunque el propio internauta es el que tiene en sus manos buena parte de la responsabilidad, dependiendo de la red que escoja, podrá estar más o menos expuesto al riesgo. Según Ricard Martínez, lo normal es que se trate de redes sociales abiertas, es decir, cualquiera puede acceder a ellas (caso de la propia Facebook). Pero también existen las redes cerradas, exclusivas de una comunidad (un ejemplo es Tuenti, a la que se accede sólo por invitación).

También hay redes, como Fickr, que disponen de distintos niveles de privacidad, detalla el sociólogo especializado en nuevas tecnologías y subdirector del Observatorio para la Cibersociedad, Fernando Garrido. En su opinión, la tendencia es hacia una sofisticación. «Poco a poco los usuarios aprenden y demandan estos niveles de acceso a sus contenidos», agrega, convencido de que «si no estás en las redes no existes».

Los nuevos espacios

«Las redes sociales son los nuevos espacios virtuales en los que nos relacionamos y en los que construimos nuestra identidad», considera José Luis Orihuela, optimista, pese a las críticas. Al fin y al cabo, como recuerda el profesor, revelar información propia en el perfil de usuario es condición necesaria para ser encontrado. Por tanto, cuanto más completo esté el perfil, más sentido tiene la pertenencia a la red.

«Es el propio interesado quien define qué datos de los que aporta pueden ser consultados por qué usuarios de la red. La existencia de un perfil privado para amigos y de uno público para el resto es una de las más elementales defensas contra intromisiones indeseadas», recomienda. Si no, siempre queda la opción de cambiar de identidad. Otra de las prácticas habituales, y a veces, incluso aconsejada. No dan cifras, pero la realidad está entre las cuatro paredes en las que trabajan. El grupo de delitos tecnológicos de la Policía Nacional ha duplicado su personal en tan sólo dos años. Su jefe, Antonio Domínguez, asegura que el aumento de las denuncias por el uso fraudulento de redes sociales como Youtube y Tuenti, o los famosos Messenger y Emule, se ha disparado en los últimos años. El robo de las cuentas de correo entre jóvenes por motivos de celos cuando dejan de ser pareja o amigos, y el insulto y vejaciones a profesores están entre los delitos que más cometen.

Para ello, el grupo policial ha impartido conferencias junto a la Guardia Civil en un centenar de colegios de la provincia para dejar claro a los chavales que robar una cuenta de correo puede llevar aparejado una pena de seis años de cárcel, cuatro por violación de la intimidad y dos por usurpación de la personalidad. «Cuando les decimos esto a los niños, primero se sonríen, y luego se llevan la mano a la cabeza», sostiene Domínguez, que asegura que el mayor problema radica en que los jóvenes desconocen por completo que, «lo que para ellos es un juego, es en sí un delito».

«Dando las charlas nos hemos dado cuenta de que este delito es algo habitual en el mundillo de los jóvenes en Internet», indica Domínguez. Hace poco corrió como la pólvora el robo de una cuenta de correo del cantante David Bisbal, que había sido sometido a chantaje y extorsión. Los jóvenes no lo hacen para llegar a estos extremos, pero sí, como explica el responsable policial, por celos en el caso de una ex pareja o de amigos que ya no lo son.

Para las personas cercanas es fácil saber qué palabras o fechas son las importantes y se suelen utilizar como claves. Por eso, Domínguez les recomienda a los jóvenes que, cuando en la cuenta de correo se accede al apartado '¿Has olvidado tu contraseña?', hagan la pregunta '¿Cómo se llama mi perro?' y contesten con otra muy diferente, por ejemplo con una fecha importante del cumpleaños de la abuela, que nadie conoce. En cualquier caso, que la pregunta y la respuesta no tengan nada que ver es una forma de evitar ser víctima de este tipo de delitos. Y a los que los cometen, sin saberlo, les reitera que lleva aparejado una pena de seis años de cárcel.

La Policía Nacional de Málaga recibió el año pasado un buen número de denuncias de docentes que se han sentido insultados y vejados por sus alumnos en Youtube, Tuenti y otras redes sociales. «El problema es que los jóvenes utilizan estos cauces para criticar a un profesor (algo que podrían hacer en la intimidad sin problemas), sin llegar a analizar que estas redes son un altavoz y que, muchas veces, la persona afectada conoce los contenidos que en ella se ponen», precisa Domínguez.

Los docentes llegan a denunciar los hechos, pero finalmente, en la mayoría de los casos, retiran las denuncias, porque solucionan los problemas dentro del propio centro escolar. «Hace poco hemos tenido un caso en el que la profesora retiró la denuncia porque se habló el tema en el claustro de profesores y con los padres del alumno que la había insultado en la Red y le expulsaron del centro cuatro días como medida disciplinaria», indica el jefe de Delitos Tecnológicos de la Policía.

Otra de las cosas que no saben los jóvenes es que las fotos o imágenes que tengan de un compañero no son suyas, pese a que tengan el soporte físico o digital. El tema se agrava aún más en el caso de menores, cuya publicación de fotos es en sí un delito. «Si yo la hice en un cumpleaños», dicen algunos. El quid de la cuestión está en que en la mayoría de los casos los niños o compañeros están de acuerdo con que cuelguen esas fotos en Internet, pero que hay otros casos donde se ríen de ellos o incluso graban peleas y hechos violentos en los que, además de violar esta norma, se añade otro delito.

El uso de teléfonos móviles está prohibido en los centros andaluces pero, obviamente, los escolares y jóvenes los pueden esconder simplemente silenciándolos. Lo importante, según Domínguez, es que sepan cómo moverse en Internet para no delinquir ni ser víctimas de delitos.
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