PLASENCIA

El hombre solía darle comida y el animal no huía de él, de manera que entre los dos consiguieron hacerse con ella, una difícil tarea que ha traído de cabeza a la Protectora de Animales y a los empleados municipales durante varios meses.
Salud Martín, la presidenta de la asociación, cuenta que ella misma lo ha intentado, llevándole comida en más de una ocasión, aunque con resultado nulo. «Los galgos son muy cariñosos, lo que ocurre es que cuando les sueltan para que se marchen les pegan, precisamente por su fidelidad, y se vuelven huidizos».
Por suerte, a la galga se le ha olvidado pronto el abandono al que ha sido sometida y desde el domingo mueve el rabo en la perrera municipal, donde se muestra de lo más mimoso.
Ahí está, pendiente de que alguien la adopte, igual que al resto de los ejemplares que viven en las instalaciones municipales. La Protectora ha reforzado la campaña de adopción con salidas periódicas a la calle, donde muestran algunas de las mascotas que se pueden llevar a casa.
En el caso de los galgos, se están cediendo a otras asociaciones que trabajan a nivel europeo, donde esta elegante raza es muy demandada.








