MONESTERIO

Durante su estancia, profesores y alumnos han visitado varias fincas de distinto tamaño y diferente tipo de gestión. En sus recorridos han tenido la oportunidad de entrevistarse con los dueños y los trabajadores de las explotaciones, indagado así en la forma de manejar este medio, que ajuicio de Rufino Acosta, «ha permitido mantener este singular paisaje, incluso en momentos de dificultad y crisis, como la actual de bajada de precios de los animales y los altos costes de los piensos». Pero si con algo se quedan los catalanes, es con «los bosques de encinas, el cerdo ibérico y sus derivados», que han conocido y saboreado durante estas jornadas.
Relación
El profesor de Antropología extremeño Rufino Acosta se muestra especialmente satisfecho porque sus colegas catalanes hayan expresado esta curiosidad personal y científica por las dehesas de Pallares y por sus gentes. «Es gratificante contribuir, aunque sea modestamente, a estrechar las relaciones entre Extremadura y Cataluña, una comunidad que también para muchos extremeños es poco y mal conocida y de la que se puede aprender bastante», afirma Acosta, para quien «las incomunicaciones históricas y el mal hacer de políticos de uno y otro lado han impedido hasta ahora el acercamiento entre sus gentes, a pesar de que un considerable número de extremeños encontró su hogar en Cataluña y de que, visto desde el otro lado, buena parte de la población catalana procede de Extremadura», cuestión esta última en la que insisten los profesores José Luis Molina y María Valdés, responsables de la iniciativa por parte de la Universidad Autónoma de Barcelona.
La estancia se inició en Santa Olla de Cala. En su última etapa el recorrido les llevó por tierras de Fuente de Cantos, Calera de León y su monasterio de Tentudía, así como a las sierras de robledales y castañares en el camino de Cabeza la Vaca, para recalar finalmente en Segura de León.








