los spam bombardean nuestros teléfonos

El aparato cuenta con un reconocedor de llamadas. Es un número desconocido, pero empieza por 91, el prefijo de la provincia. A la tentación inicial de mandar a paseo al pesado de turno, se contrapone la duda de si no será una urgencia. Un segundo de incertidumbre. «¿Descuelgo?». Finalmente se impone la responsabilidad. Se levanta el auricular y ¿horror!: «Ha sido especialmente seleccionado para...». Un lejano teleoperador empieza a «vender» una «novedosa conexión a internet...», «un seguro de coches gratuito...» o alguna oferta bancaria «irrechazable». En definitiva, acaba de convertirse en una más de las miles de víctimas que cada día son asediadas por los «spam» telefónicos.
Intimidad invadida
«Spam», una aborrecida palabra para los habituales de Internet. Lleva años incomodando a los internautas que comprueban como sus correos electrónicos son inundados por las más insospechadas y peregrinas propuestas: medicinas a mitad de precio, alargamientos imposibles, novias rusas, portátiles de ocasión...
Una invasión de la intimidad que ahora ha sido adaptada a la telefonía. Una práctica ante la que los consumidores españoles se encuentran de momento indefensos, sin recursos legales para combatirla y que el Ministerio de Sanidad y Consumo define como: «Un tipo de llamadas insistentes, no solicitadas y tremendamente molestas para la mayoría de los consumidores pues por regla general se producen en horas de descanso familiar, sobre todo a primera hora de la tarde y por la noche».
Desde el 29 de agosto pasado Bernat Soria, titular de Sanidad y Consumo y sus colegas de Justicia, Economía y Hacienda e Industria tienen el visto bueno del Consejo de Ministros para desarrollar un proyecto de ley que prohíba estas prácticas abusivas.
Según fuentes ministeriales, ya se encuentra muy avanzado: «El objetivo es que esté incorporado al ordenamiento español a final de año, pero es difícil predecir los plazos». Sin embargo, para las asociaciones de consumidores lleva un retraso considerable e «injustificado».
Regresemos al pobre hombre que ha sucumbido al mal impulso de descolgar. Al enfado mayúsculo se suma la incertidumbre de desconocer quién ha facilitado el número a la empresa acosadora, de qué base de datos se han nutrido, la sensación de haber sido atracado y la convicción de que el infierno acaba de comenzar.
Y es que detrás del teleoperador de turno que suele trabajar a comisión y desde lugares remotos, se sitúa la fría tecnología. Unas máquinas insensibles, programadas para realizar marcaciones automáticas y aleatorias. No hace falta que nadie componga los números. Artefactos dotados, además, con unos programas informáticos que tienen en cuenta hasta el último detalle del comportamiento del teléfono al que se conectan. Memorizan si comunicaba, si es un fax, si salta el contestador o si atiende una persona. Almacena todos los datos de forma que si localiza que un casa concreta descuelgan a las 10 de la noche, siempre llamará a esa hora. O si nunca encuentra una respuesta irá adelantando o retrasando sus llamadas de forma que puede llegar a sonar el teléfono a las dos o a las tres de la madrugada.
El simple hecho de descolgar nutre a esas máquinas de una información preciosa: el día de la semana y franja horaria en la que es más que probable que esa persona vuelva a responder. El sistema optimiza las bases de datos -las tradicionales guías de teléfonos sieguen siendo las más utilizadas- para determinar cuáles son los más válidos.
El «spam» se ha pasado al teléfono de la mano del abaratamiento de las comunicaciones propiciado por internet y del abanico de nuevas posibilidades que ofrece. Estas llamadas inoportunas solían ir antecedidas por los conocidos «número privado» o «número oculto». Un aviso de que al otro lado del hilo se iba a encontrar alguna propuesta comercial. Bastaba con no descolgar y se esquivaba al inoportuno.
Llamadas camufladas
Sin embargo, desde que se puede telefonear desde internet es muy fácil para las empresas de telemarketing utilizar números virtuales asignados a líneas de telefonía IP. Pueden camuflarse detrás de números que tengan el mismo prefijo que el de la provincia de los destinatarios lo que multiplica el efecto de respuesta. Además, la telefonía IP, es mucho más barata que la convencional.
Desde el Instituto Nacional de Consumo se confirma que «en agosto se envío una carta en la que se comunicaba a las empresas que en los últimos meses se habían recibido quejas de consumidores, tanto individuales como por parte de asociaciones, por llamadas de agentes comerciales a sus teléfonos particulares y se insistía en que la Ley General de Telecomunicaciones reconocía a los consumidores el derecho a no recibir llamadas con fines de venta directa sin consentimiento previo».
«El objetivo -concluyen- es que las empresas recapacitaran sobre este tipo de actuaciones y fomenten buenas prácticas respetuosas con los derechos de los consumidores».









