según daniel craig
Valencia -que ha pagado 100.000 de los 400.000 euros del presupuesto de esta presentación, al 50% entre Ayuntamiento y Generalitat- ha sido el último destino europeo del equipo de 'Quantum of Solace', formado por su director, Marc Forster, la última chica Bond -la ucraniana Olga Kurylenko- y el español Fernando Guillén Cuervo. Todos ellos arroparon al atractivo Craig en la promoción de esta macroproducción de aventuras que comienza una hora después de 'Casino Royale' y presenta a un Bond vengativo y más vulnerable, golpeado por la traición de su amada (Eva Green).
Craig apareció con un traje azul oscuro y una camisa a juego con sus increíbles y profundos ojos azules. Recién llegado de Roma y con unos días de descanso antes de embarcarse en una gira por Australia y Japón, el rubio fue todo un 'gentleman' al saludar, uno por uno, a todos los periodistas, ante los que se mostró después nervioso porque no paró de jugar con el bolígrafo.
Nacido en Chester, Inglaterra, hace 40 años, el intérprete reconoció que en su segunda historia como Bond, el motor de éste es la venganza. «No hay que olvidar que estamos hablando de un personaje que es un asesino. Roger Moore siempre decía que Bond era un seductor, no le voy a llevar la contraria, pero aquí hace un viaje doloroso, lo está pasando mal porque ha muerto la mujer a la que amaba, pero estoy seguro de que volverá a su esencia», comentó el sucesor de Pierce Brosnan, que, muy modesto, cree que no ha aportado «nada especial» a la criatura creada por Ian Fleming.
«Mi trabajo ha consistido en saber bien la historia que se quería contar y que ésta fuera lo más realista posible para que el público se la crea y disfrute», apuntó Craig, que también estará en la próxima película de Bond. «No sé qué pasará entonces. Con ésta hemos cerrado un círculo, así que a partir de ahora está todo abierto y las posibilidades son infinitas. Lo importante es que tenemos una base fuerte y unos personajes sólidos».
El actor se mostró feliz por estar en Valencia, ciudad que visitó con 19 años con una compañía teatral y en la que tiene un buen amigo, el profesor Manuel Conejero. Con nulo dominio del castellano, insistió en que no ha querido copiar a ninguno de los colegas que se pusieron el traje de Bond. Eso sí, tiene a Sean Connery como inspiración: «Para mí hizo el mejor Bond y ha dejado una gran influencia en todos los que formamos parte de esta aventura. Gracias a él, la saga se ha prolongado en el tiempo. Yo pretendo individualizarlo, hacerlo mío», dijo. Y añadió: «Soy un gran fan de Bond y quiero que dure, darle más vida introduciendo nuevos elementos, porque repetir los mismos chistes y hacerlo aburrido podría destruirlo».
'Munich', 'Camino a la perfección', 'Sylvia', 'Tomb Raider' y 'La madre' son algunas de las incursiones cinematográficas de este artista británico, que cuida mucho lo que dice. «Es que a veces bromeo con cosas y la gente las toma en serio», advirtió Craig, que sufrió en propia carne la dureza del rodaje de esta película, una de las más físicas de la saga y con menos dosis de sexo. «Mi Bond no es tan erótico como el que hizo Roger Moore, que, según dicen, se acostó con nueve mujeres. Sí me gustaría que en la próxima entrega hubiera más chicas».
Craig aseguró que no desea vengarse de los críticos que pusieron el grito en el cielo cuando, en 2005, se hizo público su fichaje por no responder al perfil típico del Bond. Preguntado sobre si a través del personaje se siente portavoz de los temas denunciados en las películas -el calentamiento global, el poder de las grandes empresas o la dictadura-, respondió: «Sí y no. Bond está fuera del mundo, no toma partido a nivel político. Y si lo hiciera sería un error porque no debe traspasar el límite» de ser quien creó Fleming a mediados del siglo pasado.
No matar inocentes
Al lado de Craig estuvo Fernando Guillén Cuervo, que encarna a un corrupto jefe policial boliviano. Reconoció que aún no termina de creerse la oportunidad que ha tenido al trabajar en esta superproducción de 184 millones de euros, y valoró el acierto de los productores al darle «un nuevo rumbo» a la saga, «más realista, oscura y crítica». Su papel, aunque pequeño, le ha permitido mostrar un perfil «mefistofélico»: «Hacer de malo es lo mejor que me podían ofrecer».
El director de la cinta, Marc Forster, confesó, por su parte, haber acabado «muy cansado» del rodaje, especialmente por sus múltiples localizaciones -Reino Unido, Panamá, Chile, Italia, Austria y México-, y aunque se mostró muy agradecido por haber consolidado a James Bond como un oscuro antihéroe, ha rechazado dirigir la próxima entrega. Reconoció que ha podido rodar «con mucha libertad» y que sólo puso una condición para aceptar la dirección de la cinta: que Bond no matara a inocentes.









