Económico: La mayoría de los docentes se jubilan con el 100% de la nómina exceptuando el pago del activo al pasivo que suponen algo más de 300 euros al mes. En el caso de los docentes de Primaria sólo se pierde el paso del activo al pasivo que ronda en algo más de 300 euros siempre y cuando reúna los requisitos de años trabajados y edad. En Secundaria la pérdida es la misma aunque hay que tener en cuenta que estos últimos pueden realizar labores gratificadas en el centro como puede ser jefes de departamento, que no pueden realizar los docentes de Primaria y, lógicamente, no van a mantener dichos incentivos al no desarrollar dichas funciones por lo que no es cierto que las condiciones de los docentes de Secundaria sean peores que la de los docentes de Primaria.
Social: En la actualidad una persona de 60 años es una persona joven que como mínimo para poder jubilarse ha trabajado durante 30 años, la mitad de su vida. Debido al estilo de vida actual se puede optar por jubilarse para poder disfrutar de una segunda juventud o tercera juventud, de sus nietos, hijos, parejas o simplemente para realizarse en aspectos personales distintos o prepararse para una senectud relajada. Otros optan por jubilarse por permanecer los últimos años con sus padres y poder atenderles física y afectivamente ya que la Ley de Dependencia 'depende' de muchos factores. También los hay que movidos por la precaria situación de la conciliación de la vida laboral y familiar de sus hijos se jubilan para poder asistir a sus nietos, algunos por deseo y otros casi obligados.
Laboral: ANPE fue el primer sindicato que alertó de las violencia de baja intensidad en el aula que hacía inviable un clima educativo dentro de la misma y que a su vez conseguía acelerar el síndrome del profesor quemado. De hecho el Defensor del Profesor lleva años funcionando y cada vez son más los docentes que llaman incapaces de volver al aula el día siguiente por insultos, amenazas, desmotivación... La conflictividad dentro del aula, la falta de autoridad del docente (necesitamos el grado ya) y una Administración que ignora estos problemas cual avestruz puede ser una de las causas principales.
La desidia por parte de nuestros políticos para reconocer salarialmente al docente es evidente; a los funcionarios docentes se nos ha congelado el sueldo cada vez que España estornudaba (económicamente hablando), y así llevamos una pérdida del 20% de poder adquisitivo con el resto. Una revisión salarial automática dignificaría ante la sociedad nuestra labor
Psíquico: La labor docente está absolutamente devaluada y el docente confundido. Yo, concretamente, he vivido calificaciones numéricas, el paso a colores, a PA y NM y ahora vuelta a los sobresalientes y todo en un periplo de no más de ocho años. Las reformas educativas no han solucionado los problemas; muchas la han empeorado. El docente ya no sabe ni puede actuar con sus alumnos porque realmente ni sabe lo que se espera de él ni puede centrarse en enseñar porque no le dejan. Ahora se le pide que trate a 25 niños a la vez pero por separado y que además sea su padre, su madre, su amigo y en algunos casos hasta su chacha o su 'spárring'. El docente está cansado psíquicamente porque quien es docente lo es por vocación y hoy por hoy la educación está mal, y no precisamente por ellos que se han dejado la piel en sus 30 ó 35 años, cuando no más, en formar a una media de 800 alumnos y quizás entre ellos se encuentren apellidos ilustres como Cabrera, Zapatero, Solbes, etc.
El cansancio psíquico que provoca tratar con alumnos es muy elevado. Si nuestros hijos nos cansan un verano imagínese multiplicados por 10 y durante diez meses durante treinta años. La adaptación de los 'docentes de toda la vida' a las nuevas tecnologías también ayuda a este fenómeno ya que aún ofertando cursos de informática en formación continua específicos para docentes éstos no han conseguido motivar a muchos y que en un importante número no poseen ordenador en casa y no saben utilizarlo, quizás si se hubiera optado por dotar a los docentes de ordenadores antes que a los alumnos habría servido para algo. La obligatoriedad de utilizar dichos medios puede crear en el docente la sensación de que su tiempo ha pasado y que otros deben ocupar su lugar.
Por último lo más importante, más vale pájaro en mano que ciento volando y al ritmo que va la economía, el envejecimiento de la sociedad y el paro, la mayoría viendo peligrar sus pensiones o el inminente aumento de edad o años cotizados para poder jubilarse, han hecho suyos el 'pies para qué os quiero'.








