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La prisión y el Club de Ajedrez Linex-Magic le pusieron ayer en bandeja la posibilidad de divertirse sobre el tablero blanquinegro, y, esta vez, midiéndose nada menos que a uno de los mejores ajedrecistas españoles, el extremeño Manuel Pérez Calendario. El Maestro Internacional del club emeritense disputó una partida simultánea contra veinte internos del centro penitenciario, una actividad que se enmarca en las celebraciones de la Fiesta de la Merced, su patrona.
En la capilla
Así que en la capilla de la prisión -lugar escogido para la exhibición- no tocaba ayer rezar, sino jugar al ajedrez. Pese al festivo día, el escrupuloso silencio que adornaba la extensa habitación, situada al fondo del eje central del centro, llamaba la atención a cualquiera. Incluso al propio ajedrecista, quien se congratula de que nunca antes había contemplado una 'afición' tan respetuosa. «Me ha sorprendido. No lo esperaba. Todos estaban muy callados y se lo han tomado en serio. Me gustaría repetir». En similares términos se expresa Juan Antonio Montero, secretario del club y con experiencia en la vida carcelaria como psicólogo. «Es atractivo para ellos y colaboran con la gente que viene aquí para ayudarles. De ahí ese respeto».
Lo del ajedrez simultáneo tiene su encanto. Prueben a jugar varias partidas de ajedrez al mismo tiempo y comprobarán el mérito del jugador del Linex-Magic. El maestro explica que es capaz de mantener en la mente las 20 imágenes de las 20 mesas colocadas en forma rectangular y que él visita rotando en el sentido de las agujas del reloj.
En la capilla casi se puede escuchar los suspiros de aquellos a los que va derrotando. Ninguno se lamenta. Ni se enfada. Los malos gestos son sustituídos por una educación exquisita. Dudo que en una conferencia en Oxford haya tanto respeto al ponente, su equipo y al resto de presentes. «Hemos hecho una selección por todos los módulos de la cárcel de internos interesados en jugar. La verdad es que en este centro se ve mucha afición por el ajedrez», añade Augusto Durán, educador social con 150 presos a su cargo.
Al final, cuando Rafael regresó a su celda del módulo 3, el ajedrez le había enseñado una lección que él ya conoce: saber perder. Y es que el rival de ayer era de entidad. Ni que decir tiene que sacó ventaja en todas las partidas, aunque hubo un lituano, según explicó Candelario, que se lo puso «difícil». Ganar ayer no era lo importante. Que se lo digan al interno Fernando Gómez, que se despidió sonriente con un «nos ha ganado sin despeinarse».









