TOROS
Dos del tercero, y la segunda de ella fue un viva Cartagena del palco; y las dos del sexto tras un aviso que sonó con dos minutos de retraso. Cuando el toro del Puerto se echó tras cumplida resistencia, ya habían cumplido los quince minutos reglamentarios.
Al tercero lo mató Perera por arriba e inapelablemente. Aunque no llegó a haber más que una tanda de verdad ligada, una cogida de Perera, empalado y volteado en un cite con la izquierda, le dio carga de emoción a la faena, abierta con el pase cambiado por la espalda en cite de lejos. Trabajo, luego, más amontonado y precipitado que propiamente construido o pensado. Fue tan largo trasteo que a la hora de rodar el toro ya nadie echaba ni cuentas de la voltereta. Gacho y capacho, muy afilado, ese tercero de corrida cobró antes de banderillas demasiado capotazos. Algo lastimado, claudicó ligeramente. Pedía tiempo y distancia.
Sin pausa
Los ataques de Perera fueron de no perder un minuto ni perdonar un hueco. El toro le pisó la muleta antes y después de la cogida más de una vez y más de dos. La faena tuvo, en fin, su parte de agobiante refriega. El toro, que escarbó al final y hasta se pegó un volatín, tuvo docilidad. Mejor son que cualquier de los dos primeros de corrida.
Perera se dejó sin picar el sexto y el toro, crudo, se arrancó ya en banderillas con pies de bravo. Un banderazo para abrir faena y en cadena siete muletazos de ir jugando en trenza hasta plantarse en los medios las dos partes. Entrega de toro y torero, que abrió hostilidades con una tanda en redondo abierta de largo. Cinco y el de pecho. Fueron el tramo de mayor armonía de un trabajo de aliento. La banda atacó el Nerva, de Rojas. Las tandas de muletazos se fueron sucediendo unas tras otra, casi calcadas. Por la mano izquierda, menos sujetado, el toro le hizo a Perera perder pasos, así que, hallada la distancia y resuelta la fórmula, los muletazos de tacada fueron carambolas de mano diestra. Tapando a veces Perera al toro, soltándolo otras. Algún paseo. Parecía que tocaba ya cuadrar y que iba a cambiar de espada Perera, pero no. Encantada la gente con el dos por el precio de una. Sobrecogidos los más cuando Perera se enredó en circulares y trenzas forzados pero firmísimos. Descalzo Perera tras perder una zapatilla en un pisotón. Intentos de provocar un indulto. Bueno era el toro y brava su resistencia. Un pinchazo, una estocada defectuosa, a hombros, cierto delirio.











