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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 21 mayo 2012

Regional

DÍA DE EXTREMADURA

Los manifestantes contra la refinería y las térmicas se oyeron a lo lejos durante el acto Calle pidió perdón por su insulto de agosto

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Hacía una temperatura benigna anoche en el Teatro Romano de Mérida, esta vez no tuvieron que agitarse los abanicos. El escenario estaba bonito, medio iluminado, con grandes cubos azulados y los fustes de las prolongadas columnas sosteniendo el 'marco incomparable'.

A las afueras, junto a la entrada del Museo Nacional de Arte Romano, la policía agrupó tras vallas metálicas azules a los otros habituales, los manifestantes que protestan conta la refinería y contra las térmicas.

Durante todo el acto se oyeron a los lejos sus sirenas y gritos, vítores y abucheos, animosos y festivos.

El acto institucional del Día de Extremadura empezó con mucha puntualidad. Cuando hizo su entrada en la escena, el presidente Guillermo Fernández Vara había apurado ya algún cigarrito en ese corro de autoridades en el que al final se quedaron los seis más importantes según el protocolo; el alcalde de Mérida, Ángel Calle; la delegada del Gobierno, Carmen Pereira; el presidente de la Asamblea, Juan Ramón Ferreira, y los presidentes de las diputaciones, Juan Tovar (Cáceres) y Valentín Cortés (Badajoz).

Invitados

Había sitio de sobra en el graderío del Teatro. Abajo como siempre el crisol de los invitados de mayor copete, políticos como Carlos Floriano, la élite militar, el Consejo de Gobierno, la Mesa de la Asamblea de Extremadura, diputados nacionales y autonómicos, senadores.

También el ex presidente de la Junta, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, citado en alguno de los discursos.

Unas filas más arriba de un grupo de animosos 'fans' de los dueños del restaurante Atrio vimos sentado en el anonimato a Ángel Juanes, ahora magistrado del Tribunal Supremo, y que presidió varios tribunales en Extremadura.

La noche estaba hermosa. Media luna, los cipreses se estiraban para ver el escenario por encima de las Siete Sillas, esos siete graderíos superiores quebrados por el tiempo y donde la leyenda local asentaba a los siete reyes moros que decidían los destinos del territorio.

Ángel Calle, el alcalde, tomó la palabra para dar la bienvenida y tuvo el acierto de disculparse ante todos los extremeños por el insulto que dirigió a principios de agosto a un exaltado nacionalista catalán.

Mérida quiere más servir, que pedir, dijo. Pedir lo que en justicia merezca, pero ser la que más ofrece. Amiga, fraternal y solidaria, el lugar donde se resuelven los conflictos regionales.

Mientras el avión a Badajoz procedente de Madrid o Barcelona (a las nueve y nueve de la noche) sobrevolaba el Teatro, Calle aplaudía y apoyaba el intento de Cáceres 2016.

Un recuerdo para su madre, a quienes las monjas cuidaron hasta su muerte, en Villafranca de los Barros. Desde la izquierda histórica: «Yo sí creo en las Hermanas de la Cruz».
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