
Tan solo los siete museos de la ciudad y la mayoría de las iglesias del Casco Antiguo tienen establecido un horario diario para atender a las visitas turísticas. Pero los visitantes que cada día pasean por el centro histórico reclaman que el resto de edificaciones abran sus puertas para poder ser admiradas en su interior sin necesidad de tener que conformarse únicamente con la impresión que ofrezca el exterior.
La Puerta de Palmas, uno de los monumentos más representativos de la ciudad, no puede ser visitada salvo en ocasiones en las que se organizan diferentes visitas a su interior y en las que se permite el acceso a las torres y sus dos balcones.
Actualmente, es la concejalía de turismo quien organiza visitas a este lugar todos los primeros sábados de cada mes. En esta excursión, se puede acceder además a la Torre de Espantaperros y a las antiguas Casas Consistoriales, cerradas también durante el resto de los días.
La historia de las Casas Mudéjares, situada en la Plaza de San José, también es explicada todos los primeros sábados junto a estos tres monumentos, pero, además, desde hace poco más de un año, cualquier persona que pase por su puerta de entrada, observará que en esta ocasión sí podrán visitar su interior.
Una de las joyas que la ciudad posee en su patrimonio artístico y que muy pocos ciudadanos conocen es el Salón Nobleo de Baile del Antiguo Casino de la ciudad, actual salón de plenos de la Diputación Provincial.
Elvira Ramos, una de las turistas que ayer por la mañana paseaba por la Plaza de España, se quejaba porque no había podido acceder a su interior. «Tengo un hermano que vive aquí y me recomendó ir a ver el salón de plenos de la Diputación. Hace unos días lo intenté pero el vigilante no me dejó», asegura esta chica procedente de Huelva.
Lugares desconocidos
Pero este no es el único lugar que a pesar de ser desconocido por la mayoría de los ciudadanos y, por supuesto, por los visitantes, es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: La Capilla del Principal de la Ermita de la Soledad, situada justo encima de la capilla a la que habitualmente acceden los pacenses para visitar a su patrona, fue restaurada hace unos años con el objetivo de devolver su esplendor a este sitio.
Habitualmente, cuando se intenta acceder a este lugar, uno se puede encontrar que la puerta de acceso está cerrada y que, por lo tanto, no puede ser visitado. No obstante, esta capilla es mostrada con normalidad al público cada vez que así se solicita por parte de algún interesado.
Opiniones
Junto a las torres albarranas de la alcazaba paseaba ayer José Manuel Cervera con el resto de su familia. Este visitante, procedente de Barcelona, afirma que «parece que Badajoz no quiere mostrar sus grandes monumentos y lo bonito que es».
«He llegado con ganas de ver estas torres y la torre de Espantaperros pero están cerradas; me voy a quedar con las ganas de verlas», afirma este turista que viene desde Cataluña. Y es que en las murallas árabes de la alcazaba, a pesar de que en varias torres se permite el acceso al interior porque están restauradas y adecuadas, la Torre de Espantaperros, la Torre de la Puerta del Capitel o la Torre de los Ahorcados permanecen habitualmente inaccesibles.
Y lo mismo ocurre en la Giralda, una de las edificaciones más modernas del Casco Antiguo pero, a la vez, de mayor singularidad. En este caso, este inmueble no pertenece a ninguna institución pública, sino que es propiedad privada. Quizás por su cercanía al Museo Provincial de Bellas Artes, desde la asociación Amigos de Badajoz se ha propuesto en varias ocasiones que alguna institución pública compre este edificio para la ampliación del museo y, así, tener como entrada principal un edificio de esta tipología.
«He hecho un viaje de 400 kilómetros y creo que me hubiera gustado visitar el interior de todos los edificios interesantes», comentaba ayer Carlos Marques mientras paseaba junto a una chica por los jardines de la Galera.
Esta pareja procedente de la ciudad portuguesa de Coimbra, cree que en Badajoz deberían cobrar alguna cantidad por entrar en los monumentos y dedicar ese dinero a su conservación. «Esto es lo que se hace en Portugal, y es mucho mejor pagar algo que encontrarse con un monumento cerrado», afirma Marques. No obstante, a pesar de este asunto, El portugués confiesa que «la ciudad de Badajoz les está gustando mucho».
Precisamente en los jardines donde ayer se encontraba paseando Carlos Marques, se encuentra La Galera, una edificación del siglo XVI adosada a la Torre de Espantaperros y que en la actualidad está cedida al Museo Arqueológico como almacén.
Este lugar, que en su día fue ayuntamiento, cárcel y hasta la sede del propio museo para el que hoy sirve como depósito, también se encuentra con el acceso restringido a todos aquellos visitantes interesados en contemplar su interior.
Otros monumentos como la torre de Santa María, la torre de la Catedral, la cúpula de la Concepción o el Palacio de Congresos, permanecen habitualmente cerrados al público.









