ANTONIO ÁVILA CONCEJAL DE MEDIO AMBIENTE
-La Unión de Consumidores asegura que el 80% de los parques infantiles de Badajoz se encuentra mal. ¿Hay alguien en su concejalía que se encargue de revisarlos?
-En el año que llevo de concejal hemos estado mirando todos los columpios de los niños con la intención de mejorarlos. De hecho, en Ciudad Jardín hemos puesto un suelo de goma en la zona de salida del tobogán a demanda de los vecinos. Eso es una prueba y tenemos la intención de extenderlo todos los lugares donde haya columpios para que se parezcan a lo que hay en Castelar y en la plaza de Santa María de la Cabeza.
-¿Da resultado la goma?
-Funciona muy bien, pero en Ciudad Jardín ya la están arrancando a tirones. El vandalismo es una lacra, pero no sólo ahí: en Las Vaguadas el Ayuntamiento se gastó alrededor de 17 millones de pesetas en los juegos infantiles, pero tuvimos que desmantelarlos porque les prendieron fuego. Lo mismo pasó en Pardaleras.
-Los vecinos piden vigilancia.
-En Badajoz hay 19 o 20 guardas que rotan por todos los parques. Ellos llaman la atención cuando ven a alguien destrozando las cosas, pero por las noches no están y la conservación depende de la Policía, lo mismo que sucede con las calles y con el resto de las cosas que forman parte de la ciudad.
-Supongo que eso no consolará a quienes tienen que llevar a sus hijos a parques destrozados.
-Nosotros hacemos lo que podemos, pero el Ayuntamiento de Badajoz tiene recursos limitados. Pasa lo mismo que con los contenedores cuando les prenden fuego: llega un momento en el que yo no los puedo reponer porque no tengo más dinero para contenedores. Y no son sólo los contenedores, también pasa con los bancos de sentarse, con las señales de tráfico, las papeleras...
Desanimado
-No parece muy esperanzado.
-¿Qué necesitamos, un policía en cada calle? Si lo que queremos es eso, tendremos que pagarlo entre todos los ciudadanos, porque la única forma que tiene el Ayuntamiento de costear un servicio de vigilancia de 24 horas es utilizando ingresos que vengan de otras administraciones, vendiendo terreno o subiendo los impuestos. Eso o...
-¿A qué se refiere?
-La otra solución que yo veo es la apuesta por concienciación ciudadana. Si no hubiese actos vandálicos, no harían falta la Policía ni los barrenderos ni los reparadores de parques infantiles. Viviríamos en un estado de bienestar. Pero esto no es algo que sólo pase en Badajoz, ocurre en toda Europa.
-Que pase en otros lugares no consuela demasiado.
-Yo tengo claro que la mayoría de la gente colabora, si no estaría todo destrozado. Pero también hay unos pocos que le hacen daño a unos muchos. Y si la Policía coge a un chaval que le ha prendido fuego a un columpio, lo lleva a comisaría y a los dos minutos la justicia lo deja suelto, hay que entender el desánimo de la Policía. A veces da sensación de vacío de poder, de que no pasa nada.
-Las cosas están como están, pero alguna solución habrá.
-Yo he estudiado privatizar el mantenimiento y lo voy a hacer esta legislatura. También tengo previsto que todos los columpios de la ciudad tengan el suelo de goma para que los niños no sufran, y quiero colocar unas vallas en todos los parques que estén pegados a la calzada para evitar que los niños puedan salir. A eso pretendo sumar otra valla que rodee todo el perímetro de los parques infantiles para que no entren los perros.
-¿Hay fecha de realización?
-Lo haré cuando tenga el presupuesto aprobado y la financiación, pero mi concejalía lo lleva este año. Están presupuestados 120.000 euros para comprar columpios, porque a mí me duele que los niños de Las Vaguadas, de Pardaleras o de Sinforiano Madroñero no tengan donde jugar.
-Por cierto, la Unión de Consumidores pide que las zonas de juego peligrosas sean clausuradas. ¿Tomará medidas?
-Cuando yo veo que existe un riesgo hay dos opciones: o se arregla o se clausura. En ocasiones se ha optado por la segunda opción, pero los niños siguen subiéndose.
-¿No se podrían colocar vallas alrededor?
-En la fuente de la Constitución pusimos vallas para que no se metiera la gente y al final no sirvieron. Por mucho que yo quiera, hay cosas que no están en mi mano.









