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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 21 mayo 2012

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En el epicentro de la huelga
Por vez primera en nuestra historia, un ejército organizado de miles de camioneros pone al Gobierno contra la pared
15.06.08 -

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En el epicentro de la huelga
Asamblea clandestina de camioneros de Plataforma, el pasado miércoles en un polígono industrial de Madrid. En estas reuniones se toman decisiones que se ejecutan posteriormente de «manera paramilitar». En ésta se dispuso ir a protestar frente al Ministerio de Fomento.
Faltan quince minutos para las seis de la tarde. El puerto seco de Madrid, en Coslada, es un desierto de camiones en movimiento. Sobre la M-40 descarga un aguacero que amaina cuando el vehículo en que viajamos dobla por el acceso desde la carretera de Andalucía hacia el polígono «Los Olivos», en Getafe. Cientos de camioneros, que por la mañana se habían desplegado por el núcleo de transportes cosladeño, van descendiendo de sus vehículos particulares; algunos, los menos, han llegado hasta aquí a bordo de sus cabezas tractoras. El lugar elegido es un fondo de saco, despejado de edificios. A través de un SMS, miembros y simpatizantes de Plataforma han sido convocados a esta asamblea clandestina con el objeto de informar sobre las próximas acciones y dar a conocer la suerte de los detenidos de la jornada -a esas horas, 33 en Madrid, 3 de Fenadismer (Federación Nacional de Asociaciones de Transporte de España), que se ha desmarcado del acuerdo de los grandes flotistas con la ministra de Fomento, y el resto de Plataforma-. La tensión acumulada desde que esta mañana, al amanecer, empezaran a parar los camiones en puntos estratégicos para el tráfico de entrada y salida a la capital (autovías de Burgos y de Zaragoza) está a punto de estallar. Algunos apenas han dormido desde el domingo, otros desde el viernes. Un tipo sin cejas que se hace con el megáfono grita con la voz quebrada que las sanciones que les han impuesto desde el día 8 son ilegales y que se van a recurrir; entonces se escuchan los gritos de los que las tienen desde el 6, pero el del altavoz corta por lo sano arguyendo que eso no se va a convertir en una carrera a ver quién tiene más multas por la huelga. El gentío asiente. A renglón seguido, el portavoz informa de los detenidos y proclama que los de Fenasdimer, liberados tras la asistencia de sus abogados, se han negado a salir a la calle hasta que no lo hagan los compañeros de Plataforma. En muchas caras se aprietan los dientes y con fuerza se aplaude la decisión. Otro grito pide la comparecencia de «El Gallego» o de «El Gitano», un tal Belmonte que al parecer también ha sido conducido a la comisaría. «¿Aquí hace falta "El Gallego", y que diga, y nos empuje!».

Al llamamiento han acudido transportistas, además de los de Madrid, de regiones vecinas como Castilla-La Mancha. Y tampoco se trata de una reunión de afiliados a Plataforma: asociados a la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), que ha pactado con la ministra Álvarez, no están dispuestos a plegarse a un acuerdo que consideran una tomadura de pelo. El clamor es que Zapatero se quiere burlar de ellos. El grito unánime es que no se van a rendir y menos ahora cuando miles de camioneros funcionan como un solo hombre tras la estela de ese gallego de Lugo, Manuel Núñez, que lidera la revuelta vertebrada de los pequeños patronos de un sector neurálgico para la economía del país y que, por primera vez, se ha servido de las nuevas tecnologías para, en menos de un mes, poner en marcha una maquinaria capaz de arrollar al Gobierno del PSOE.

El «Chófer digital»

Pero «El Gallego», un empresario de 50 años con nueve camiones, no es un hombre que ande en internet, como sucede con el 90% de los transportistas. El alma de la red de comunicaciones es Antonio Llanos, también de Lugo -la denominación de origen de Plataforma-, otro camionero de 54 años, hijo del sector, y a quien se conoce como el «Chófer digital». Premiado por la escuela de negocios Esade por haber sido pionero hace diez años en la creación de una comunidad virtual del transporte, él mismo reconoce la hazaña. «Esto -dice- es un caso para estudio sociológico. Porque -insiste- por primera vez, los transportistas se han coordinado y organizado en la España invertebrada de Ortega y Gasset. A nosotros nos daban el día 12 de mayo la autorización para actuar en todo el territorio nacional, y el día 14 iniciábamos esta operación que denominamos «asimétrica», -flamante nomenclatura para novedosas formas de actuar- porque se va a desarrollar en varios campos, y para la que hemos ordenado disciplinadamente a los autónomos del transporte por carretera de toda España. Nuestra magnitud es la de 128.000 transportistas, más del 80%, que hasta la aparición de Plataforma estaban divididos en una miríada de asociaciones provinciales, y la mayoría que iba por libre. Lo que hicimos fue montar una infraestructura de comunicación y de información que nos son propias, no sólo por el medio digital, sino por contactos entre nosotros, en los sitios en donde comemos, donde paramos, el boca a boca, las emisoras, también el correo electrónico, los chats, los sms... La consecuencia es que antes de un mes teníamos 42 bases de transportistas de Plataforma distribuidas por toda España y con hitos que han sido imposibles para los políticos en años y años: hemos reunido a los tres sindicatos de Vascongadas en una sola base, y todos sabemos lo que quiere decir vascos y lo celosos que son de lo suyo, y están aquí en pie de igualdad con los extremeños, los gallegos, los andaluces, los madrileños, los manchegos... E igual, con los catalanes. Hemos unido a todos los españoles en pos de un objetivo común para que funcionen de una manera disciplinada y organizada al lado de la Plataforma nacional, que tiene la palabra del conjunto. Somos democráticos de base y autogestionarios. El poder va de abajo a arriba y la estructura es descentralizada. Nuestros frentes son digital y físico. Hacemos reuniones, asambleas y hablamos de democracia hasta que se nos seca la boca, pero luego, cuando asumimos una decisión con urna de por medio, se ejecuta de forma paramilitar».

La de la tarde del miércoles, en el polígono getafense de Los Olivos, fue la de ir inmediatamente a protestar ante al Ministerio de Fomento por los compañeros detenidos. Sobre la marcha se hacen las pancartas y se acuerdan los gritos. «ZP dimisión», «Rubalcaba represión», «Los transportistas no somos terroristas», «Habláis con terroristas pero no con transportistas», «Zapatero, cabrón, danos solución», «Libertad, libertad»...

Llegar al Paseo de la Castellana y ver avanzar los vehículos de los antidisturbios ha sido todo uno. No hacía falta haber pasado por la academia de la CIA para darse cuenta de que entre los asambleístas hay alguno que no es camionero. Lo había advertido «Chófer Digital»: «Nos vigilan estructuras vinculadas a la defensa estratégica y me parece lógico y justo porque para eso están esas unidades, como otros servicios fuera del Estado, que deben proporcionar al Gobierno un control de la situación. Otra cosa es que lo consigan».

Frente a los policías que acordonan el edificio de Nuevos Ministerios, donde se cobija Álvarez, uno de los asambleístas cuenta cómo en la jornada anterior los guardias civiles mandados por Interior contra los huelguistas compartieron penalidades. «También el PSOE nos ha engañado a nosotros: prometió sacarnos del Ejército y equiparar nuestros sueldos con los de otras policías y nada de nada», explicaba un camionero lo que le había dicho el agente. Es la confidencia entre los desesperados que prende en el frente de batalla.

Porque esto es la guerra. Así lo entienden los transportistas. «La batalla -dice el portavoz de Plataforma- acaba de empezar. Al presidente del Gobierno le decimos que a su tolerancia cero, nosotros responderemos con información máxima. Y cada cual informa a su manera». Entre la mayoría también cunde la sorpresa: «Quién nos iba a decir que paralizaríamos el país. ¿Dios mío -se echa las manos a la cabeza uno de los patronos-, la que hemos liado!».

El acoso del miedo

Carlos Barchín, propietario de una «ruina» -nombre que se da en el sector al camión- confiesa que todos los días de su vida sale muerto de miedo a trabajar. «Me levanto a las 5,30 horas y desde ese momento es como circular por el filo de la navaja esperando a que en cualquier momento te multen por algo que ni siquiera puedes controlar como es el exceso de carga. El Gobierno nos utiliza como herramienta recaudatoria de primer orden con sanciones millonarias por actuaciones que para cualquier otro no llevarían aparejada ni siquiera un reproche. Pero ese cumplimiento estricto de la ley al que se nos somete, para la propia Administración no existe. Porque desde que nos levantamos nuestro trabajo de cara a los demás se rige por el «esto es lo que hay». Pagamos multas por no llevar carta de porte, que es responsabilidad de los cargadores, porque nos echen al camión más carga, por trabajar aunque sea 1 minuto más (5 minutos de exceso de conducción son 4.600 euros de multa), si queremos trabajar debemos descargar nosotros incumpliendo la ley, no recibimos ningún tipo de ayuda -frente a las subvenciones que reciben los transportistas extranjeros- y se nos penaliza por ser una actividad «contaminante», y ni siquiera podemos pagar el gasóleo profesional, como ocurre con los tractores; estamos desprotegidos ante los continuos robos de combustible, nos fríen a impuestos con el céntimo sanitario y luego el pago a la Seguridad Social, cobramos el trabajo en pagarés a seis meses a precios de hace 10 años, pagamos dos seguros (el de la cabeza y el remolque), se han duplicado los avales bancarios para el combustible... Paga letras del camión, la hipoteca... Estamos desesperados. Estamos acojonados. Lo hemos perdido todo y por eso no nos vamos a rendir».

El peso de la Ley

Evaristo Basterrica está en lo mismo. Es patrón asociado de Fenadismer y también anuncia que no se rendirá. Para él, el paro son sus vacaciones. Tiene tres camiones. Sus dos conductores -un chófer cobra alrededor de 2.500 euros al mes incluidas las dietas- están al quite. «La variación de la factura anual de gasóleo en un año -desglosa- ha sido de 16.170 euros y sólo entre febrero y mayo el incremento del combustible supondrá un aumento de la factura anual de 9.702 euros. Hay gente que está trabajando por debajo de costes y eso va contra la ley, que sin embargo con tanto rigor se nos aplica. Desde el Gobierno, artistas en la manipulación del lenguaje, quieren hacer creer a la sociedad que pedimos unas tarifas mínimas en una sociedad de libre mercado, pero por encima del libre mercado está la ley, que dice que el precio debe incluir los costes mínimos de explotación, que además publica el propio Gobierno a través del Observatorio del Mercado del Transporte por Carretera. Trabajar por debajo de esos costes de explotación no es libremercado, es dumping, y eso lo prohibe la norma de la UE. La razón está de nuestra parte y no nos rendiremos». El grito de guerra se repite.

A Zapatero estos empresarios le han tirado el guante en la cara de su ministra Álvarez, que ha dado por cerrado el conflicto negociando con los que no habían convocado la huelga. Por eso, el movilizador digital Llanos avisa: «El Gobierno nos lanza las Fuerzas de Seguridad, y está en su derecho, y nosotros responderemos con la guerra psicológica y la alarma social del desabastecimiento. Otras acciones serán declarar a todos los transportistas de España en suspensión de pagos, dar la consigna de que dejen de pagar a los bancos, a los proveedores y después a Hacienda y a la Seguridad Social. Y hay más acciones asimétricas. Salvo los Cuerpos de Seguridad del Estado no hay otra organización con nuestra infraestructura y capacidad de movilización, en 42 provincias y con transportistas bregados en ir y plantarle cara al Gobierno. Tenemos un líder, una vertebración y un héroe -el piquete muerto el martes en Granada-. Nuestra batalla va para adelante». www.transportes.org la alienta y ya prepara el segundo asalto.

MÁS INFORMACIÓN en la página 28, con el título «Los transportistas de Asemtraex deciden dejar de secundar el paro»
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