Como muestra de sus afanes culturales, la proyección de documentales que organizan en verano aprovechando el espacio que les concede la ventana de la librería y las escaleras, estratégicamente colocadas para que se sitúe el público. González milita en la asociación de libreros extremeños que pugna por evitar que los préstamos que plantea la Junta no afecte negativamente a sus negocios, algo que esperan.
Amantes de los libros, viven su negocio como una parte de su vida, más allá de las ganancias económicas. Quieren ser como los buenos libreros que se han encontrado en distintas ciudades, esos capaces de recomendar una buena obra, los que saben al milímetro lo que tienen entre sus anaqueles. Ellos se van leyendo las obras que les llegan un poco en función de sus gustos personales. Se reparten ensayos, novelas, libros de historia. ¿Qué les parece la red de librerías de la ciudad? Tomás lo tiene claro, «no importa tanto la cantidad como la calidad, y a ciudad daría para más». Argumenta que el carácter universitario de Cáceres y su aspiración a convertirse en Capital Europea de la Cultura harían necesaria una red más importante.
Su sueño, y lo llevarán a cabo en cuanto puedan, es ampliar el negocio, porque prácticamente ya no les caben los libros en sus estanterías. Tienen entre 15.000 y 20.000. Y continuar con las actividades literarias, como la firma de libros o los cuentacuentos. Mientras tanto trabajan, se forman, y construyen su sueño particular.









