«Somos de una generación en las que te bautizaban obligatoriamente, y muchas personas, cuando maduran, no se sienten identificadas ni con el sacramento ni con la institución católica», explica.
Como ella, medio centenar de extremeños, cada uno por distintas razones, están participando desde hace dos meses en un proceso para borrarse de los archivos eclesiásticos. La fórmula se llama apostar y no está exenta de dificultades.
Hace unos años, la apostasía era una petición completamente minoritaria, y las únicas personas que salían de la Iglesia era debido a una excomunión.
En los últimos años se han ido produciendo casos en Extremadura al igual que en otras comunidades autónomas. Las solicitudes se limitaban a una decena de personas al año hasta hace un par de meses, cuando se creo la asociación 'Cáceres Laica'.
Esta agrupación surgió de la mano de un grupo de cacereños que pretende luchar por la separación de la Iglesia y el Estado, y ya cuentan con unos 200 colaboradores de toda la región.
Sus objetivos son diversos, como por ejemplo, pedir que los ayuntamientos se aíslen de los actos religiosos, o defender el laicismo en los centros educativos.
Otra de sus funciones es facilitar el proceso a las personas que estén interesadas en apostatar y éste es el punto en el que se han visto más derbordados.
«No sabíamos que había tanta gente que buscaba un cauce para apostatar. Nos hemos encontrado con personas que llevan toda su vida planteándoselo, pero que no sabían qué paso dar», explica Milagros Carrero, presidenta de 'Cáceres Laica'.
Su agrupación informa a los interesados a través de internet y mediante mesas que colocan en la calle. «Hemos recibido muchas peticiones, pero nosotros sólo le damos el cauce a los que lo tienen decidido. No convencemos a nadie porque hay personas que están en nuestra asociación pero no quieren renunciar la Iglesia, y lo respetamos profundamente».
Jóvenes y jubilados
El perfil de las personas que han acudido a 'Cáceres Laica' para que les ayude a apostatar suele ser el de gente joven pero en edad laboral, que se han criado como católicos , pero que ya no profesan su fé. También han encontrado casos de personas jubiladas que han tomado esta decisión con la madurez.
En cuanto a las causas, la mayor parte alega motivos ideológicos, además de no ser creyente. En muchos casos se trata de personas que no están de acuerdo con las últimas decisiones tomadas por la jerarquía eclesiástica, como la de intervenir en asuntos políticos.
«Hay mucha gente que lo tenía claro desde hace años pero es más fácil apoyarse en grupo», explica María de la Cruz, simpatizante de la asociación en Badajoz durante la charla de presentación que llevó a cabo la agrupación en la capital pacense.
Precisamente por esta razón, antes del verano, han convocado un acto de apostasía colectivo en el Arzobispado de Mérida-Badajoz. Un grupo de personas acudirá a esta institución para pedir que borren sus nombres del registro.
La medida pretende concienciar a la Iglesia para que facilite los trámites de la apostasía, que actualmente son largos y complejos.
Para apostatar hay que solicitar que borren sus datos del Obispado y de la parroquia en la que el interesado fue bautizado, ya que no hay un registro único.
La segunda dificultad es que, en la mayor parte de los casos, la Iglesia no responde. Si esto ocurre, se debe pasar la solicitud a la Agencia Española de Protección de Datos. Ésta actúa obligando a la Iglesia a borrar a la persona que lo solicite ya que, por Ley, nadie puede mantener los datos de un español si éste no lo desea.
Los apóstatas comparan este proceso al de alguien que recibe publicidad de una empresa, y debe acudir a la AEPD para que borren su nombre y dirección.
El último obstáculo con el que se encuentran los apóstatas es el más insalvable. Muchos ya han logrado la intervención de la Agencia o han conseguido que su parroquia colabore pero, llegado a este punto, la Iglesia no borra su nombre, ya que los registros son históricos, sino que anotan al margen 'Dado de baja'. No es lo idóneo para ellos, pero dejan de constar como miembros de la Iglesia Católica.









