
CÓMO LO VEN
Este peculiar acuerdo es una consecuencia del pacto regional de la convivencia escolar conseguido hace año y medio por la Consejería de Educación, profesores y asociaciones de padres.
Ahora se trata de concretar en unas cuartillas una mayor participación de las familias en la vida de los centros, particularmente en la de los institutos donde las tutorías son menos frecuentadas y hay mayores barreras de incomunicación entre padres y profesores.
Los contratos empezaron a firmarse en octubre y el contenido es cuestión de cada centro, tras un debate de todas las partes y la aprobación final del documento por parte del consejo escolar.
La aceptación de estos protocolos va «muy rápida» y con «gran participación de los centros» según la información de que dispone Antonio Tejero, director general de Calidad y Equidad Educativa. La iniciativa también recibe alabanzas de la federación de asociaciones de padres de centros públicos (Freapa).
El objetivo es que el proceso se termine durante el primer trimestre de 2009. No hay datos todavía de en cuántos colegios e institutos se ha tramitado el contrato y en estos momentos los servicios de inspección educativa están haciendo un primer recuento.
En principio puede parecer una tontería, o una perogrullada, que unos y otros acuerden unas normas que deberían ser básicas, y además se comprometan por escrito a respetarlas.
Efectivamente, las obligaciones principales de los padres para con la educación de sus hijos no sólo se dan por supuestas sino que incluso aparecen escritas como ley en el Código Civil; sin embargo, «luego la práctica real es distinta», observa el director general Antonio Tejero, «y la relación que debería haber entre centro y padres no existe, o estos últimos no colaboran».
Hay que entrar a la hora
Un ejemplo: «Hay una hora de entrada al colegio, pero también es cierto que a diario tenemos familias que llevan a los niños tarde; es un problema que retrasa el inicio de actividades, perturba la organización, y plantea el problema de quién sale y quién entra del recinto». No se trata de «dar a nadie con el Código Civil en la cabeza», pero sí de recordar y reforzar lo básico.
La Consejería estima que esta idea del contrato familiar estimula la toma de conciencia de los padres sobre la importancia de participar más en el proceso educativo, un «compromiso moral» firmado para que la responsabilidad educativa «no recaiga sólo en los hombros del centro; en esta era de tanta información es más necesaria que nunca la participación».
En muchos casos, sin embargo, el compromiso se está reduciendo a que el niño entrega a los padres el cuadernillo, lo hojean como quien observa la letra pequeña de un contrato, y lo firman sin más para que no digan que ellos no quieren lo mejor para sus hijos.
Lo «ideal», reconoce el director general Antonio Tejero, es que este contrato incluyera tanto las obligaciones de las familias como las del centro educativo, aunque no es así en todos los casos.
«Pero los hay, por ejemplo conozco uno de un centro rural agrupado, que contiene también un compromiso concreto del centro con las familias, con derechos y deberes por ambas partes».
La firma de estos contratos es voluntaria para los padres, nadie les obliga. Están dándose algunos ejemplos de negativas.
¿Qué pasa en ese caso? «Si la familia no cumple, va a ser muy difícil que el centro pueda asumir todos los objetivos de éxito educativo, aunque hará todo lo que pueda», responde Tejero. No es que el niño vaya a ser tratado peor pero «la situación va a ir claramente en perjuicio de él».
«No pasa nada», abunda el presidente de Freapa, Rafael Delgado, «pero si conseguimos que el sesenta o setenta por ciento de los centros lo tengan, y lo firmen el cincuenta por ciento de las familias, algo avanzaremos; aunque dentro de un tiempo hay que ver si ha servido para algo».
¿Qué aporta realmente esta iniciativa? A juicio de Delgado viene a cubrir «deficiencias» en la relación actualmente existente entre centros y padres.
Cada escuela lo adapta
La Consejería de Educación ha ofrecido un contrato tipo que luego cada colegio e instituto adapta a sus circunstancias. «Por ejemplo, donde hay absentismo, pues que las familias se comprometan a llevar los niños a clase; o si no hay relación con los profesores, ir a verlos al menos una vez al mes; incluso cuestiones de aseo e higiene donde es necesario».
Delgado echa de menos que en algunos contratos aparezcan también los compromisos por parte del colegio. «Si yo firmo como padre ir a hablar con el profesor, que él se obligue a poner un horario en el que los dos podamos; en los institutos las tutorías son a las diez, las once o las doce, y de veinte minutos, y si los dos padres están trabajando difícilmente pueden ir a esa hora».
La participación hasta ahora es «general» donde el documento es acordado entre todos. «Los que se hacen desde el colegio, y los padres se limitan luego a firmar, no valen para nada».









