
-¿Cómo se sintió cuando supo que era celíaca?
-Muy mal, porque estaba acostumbrada a comer de todo y pasar de eso a tener que controlar qué es lo comes es horrible. Al principio estaba desorientada, no sabía qué comprar ni dónde. Recuerdo que en mi primera compra salí llorando del súper porque me estaba gastando muchísimo dinero.
-¿Qué es lo peor?
-Lo peor es en Navidad. Se pasa mal sin poder comer todos los dulces como cualquier otra persona. Pero poco a poco me fui acostumbrando.
-¿Cree que la sociedad está concienciada?
-Mi entorno se ha ido adaptando conmigo. Cuando salgo a cenar con mis amigas siempre vamos a lugares donde hay comida sin gluten. En los restaurantes siempre tengo que estar preguntando qué es lo que lleva cada alimento y explicándoles mi problema.
-¿Cómo ve la diferencia de precio en los productos?
-Yo puedo llegar a pagar unos 70 euros por una compra normal por la que otro paga 40 euros. Reconozco que me limito en las compras o adquiero menos cantidad.
-¿Qué hace cuando viaja?
-Ese es otro problema. Cuando viajo tengo que estar pendiente de si al sitio al que voy hay tiendas para celíacos. Ahora quiero viajar al extranjero y no sé dónde voy a ir a comer. Me acabaré llevando una maleta de ropa y otra llena de comida.








