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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 16 mayo 2012

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La autovía deja en la cuneta los negocios de la Nacional 630
Los empresarios buscan alternativas tras caer los ingresos un 50% y el cierre de históricos como el restaurante de La Perala, Miraltajo o Muebles Forja

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Manuel tiene la piel curtida por el sol. Viste de uniforme y su nombre y apellidos se leen en una tarjeta e presentación que luce en la solapa. Ha entrado en el lavabo y sale de allí con toda tranquilidad. Ni un coche, ni un surtidor en marcha. El negocio está tranquilo. Tanto que se toma con parsimonia la llegada de dos nuevos visitantes a la gasolinera en la que trabaja. «¿Que cómo está el negocio? Pues, mal, está mal. La autovía se nota, nos ha hecho mucho daño», resume.

Manuel, dependiente en la gasolinera pegada a la N-630, junto al cruce de Casar de Cáceres, cuenta que su jefe se ha visto obligado a reducir plantilla, que ya casi no paran camioneros y que, aunque ellos tenían una clientela fija, la A-66 queda demasiado lejos y «a trasmano como para desviarse hasta aquí». No es una voz única. La de Manuel es la voz de tantos otros. La de decenas de negocios que se quedan en la cuneta menos de dos años después de la entrada en servicio de la autovía Ruta de la Plata.

Unos lamentan que los ingresos han caído a la mitad, otros que sus clientes ya se han ido. En el peor de los casos están los que ni siquiera han podido permitirse el lujo de la paciencia y directamente han debido cerrar. Entre estos últimos, el histórico restaurante de La Perala, el restaurante Miraltajo en su nueva versión de hostal rural o Muebles Forja, en proceso de liquidación.

Media tarde del miércoles en pleno bar de carretera. Vísperas de fiesta y absoluta calma. Resuena de fondo la música de Paulina Rubio en una tele esquinada y se entremezclan sus acordes con el tracatrán inmisericorde de la máquina recreativa de turno. El camarero está muy lejos de andar estresado. Se sobra y se basta para atender a tres clientes que comparten copeo y conversación. También al cuarto, que tiene olvidado sobre la barra su café, ensimismado ante la posibilidad de ganar el premio gordo.

«Hemos notado mucho la autovía. Se nota mucho en la barra. Todo esto anda fatal». El discurso que surge detrás de la barra se interrumpe por la llegada de un grupo de moteros. La N-630, que antes era un hervidero de coches, camiones y atascos, ahora parece una carretera desangelada, de puro paseo. Se ven más motos y ciclistas que nunca, pero el encargado de la barra del bar descarta que supongan nuevas fuentes de ingreso para el negocio: «Aquí entran los mismos, no veo que haya más».

Unos kilómetros más allá, en dirección sur, un desvío señalizado a mano izquierda conduce al albergue de la Vía de la Plata en el pantano de Alcántara. Su director, Andrés Rodríguez, en un alarde de sinceridad, reconoce que la autovía no les ha causado ningún estropicio, aunque está tan mal señalizada que provoca una desorientación general.

«Tengo clientes que venían al albergue y han acabado en Mérida. La gente no tiene muchas facilidades para llegar aquí, aunque hemos tenido más suerte que la hospedería de Garrovillas. Allí sí que ha hecho daño la autovía», señala. Alude a la escasa señalización que reciben los turistas en la nueva vía rápida, lo que, en la práctica, supone perderse para muchos de ellos. Además, la autovía Ruta de la Plata ha dejado en una delicada situación a Garrovillas de Alconétar, para quien no sepa dónde está, una localidad fantasma. Su nombre no aparece por ningún lado de la autovía, y la conexión entre la nueva infraestructura y la histórica localidad cacereña se debe hacer a través de la sinuosa carretera que conecta Hinojal con la N-630, en la que prevalecen las curvas. Alguien llegó a referirse a ese tramo de unos pocos kilómetros como 'la peor carretera de Extremadura'. Y no andaba desencaminado. La apertura de la autovía provocó que se revisase el firme y se señalizase debidamente, y aun así perdura como una conexión infame, un auténtico cuello de botella si los usuarios se decidiesen a utilizar ese acceso, y mucho peor todavía si los vehículos pesados apostasen por esa conexión.

Garrovillas se duele de la A-66. Le queda demasiado lejos y sin un punto de conexión que haya mejorado las comunicaciones. Por si no fuera bastante, su hospedería pasa momentos de dificultad, tras comprobarse que la viabilidad del proyecto andaba bajo mínimos. «La hospedería ha cerrado y hay varias casas rurales afectadas. La autovía no ha ayudado nada. Todo lo contrario», señala Andrés Rodríguez, que al menos no se queja de cómo van las cosas por el albergue del pantano de Alcántara. Es media tarde y en el recibidor del centro se acumulan peregrinos. Sobre todo extranjeros. Huele a comida precocinada y café. Un ordenador portátil muestra una conexión 3G con un módem de última generación enchufado al puerto USB. Andrés Rodríguez se explica: «No estamos a tope pero casi. Tenemos capacidad para 26 personas y hoy contamos 20 registradas. No está mal. Hemos sobrevivido a la autovía porque éste es otro tipo de negocio»·.

Unos pocos metros más arriba la historia se cuenta de manera muy distinta. A pie de la carretera nacional estaba el histórico restaurante Miraltajo. Cerrado a cal y canto, dejó paso a un hostal rural, el Lindamar. La suya fue un experiencia breve y poco fructífera. «Se hicieron con el local unos holandeses, pero no funcionó. Tuvieron que cerrar en junio del año pasado. Aquello era insostenible», señala el director del albergue, que da la clave de su supervivencia: «Nos salva que no somos un negocio de carretera». Es justo el caso contrario que la gasolinera La Pista, en Cañaveral. «Se nota muchísimo la autovía para mal. Apenas tenemos ya camiones. Los que paran son clientes de antes, pero tampoco se lo han puesto demasiado fácil con los accesos al pueblo», reflexiona el dependiente a preguntas de un usuario que acaba de estacionar el coche .

Estratégico

Emilio Durán, el alcalde del pueblo, cuenta la historia por su parte positiva. «Hay que aprovechar las sinergias que produce la autovía. Cañaveral está en un lugar estratégico. Es cierto que algunos negocios se han visto afectados. La churrería y la gasolinera son dos de ellos. Algunas empresas se han quedado al 50% pero la autovía era necesaria. Ahora hay trabajadores que van y viene, que residen en el pueblo,y antes estaban fuera», concluye.,

Algunos afectados han contado esa misma historia de forma muy distinta. Como el responsable del bar restaurante Romano, que recordaba en estas páginas como la autovía les ha quitado clientes y recursos: «Antes, las capital quedaba más lejos y la gente se quedaba a comer aquí». Ya no sucede nada de eso. La autovía también puso el punto y final de la historia de La Perala, un restaurante emblemático por el que han pasado generaciones de cacereños. El sitio parece tocado por la varita de una maldición.

Primero dejó de parar el tren, luego cerró la gasolinera de Repsol, que hoy es un acopio de hierbajos y abandono, y más tarde dio cerrojazo el propio restaurante. También cerró el pub nocturno Altamira, donde la actividad de fiesta y jolgorio nocturno hace tiempo que puso el epílogo. Varias inmobiliarias tratan de hacer su agosto en pleno mayo. En La Perala, lugar de parada obligatoria durante años entre la capital y los pueblos de Cáceres, sólo se leen carteles de 'Se vende'. Hasta cuatro empresas median en esa gestión. Todavía se mantiene el reclamo que funcionó durante años: «Desayunos, comidas, camas». Ya no queda nada.

Es el mismo caso de Muebles Forja, más hacia el norte. El responsable de la empresa resume la situación. «Cerré el día 1 de abril. No merecía la pena continuar. Esto no tiene ningún futuro. Estamos ya en periodo de liquidación porque tenemos que quitarnos de encima lo que queda».

Más de lo mismo

En una situación similar, aunque todavía no tan traumática, se encuentra el Hostal Las Encinas, donde tiran de la misma ecuación para resolver las cuentas: el negocio desciende un 50% por culpa de la autovía. En Valdesalor, su alcalde, Carlos Pérez manda un mensaje de optimismo: «Ahora hay más tranquilidad. Nuestra baza es que nosotros no vivimos de la carretera ni de la autovía, pero la A-66 me parece positiva en esencia». Pese a ello, Traexsa mantenía abiertas dos gasolineras, una a cada lado de la N-630, y una de ellas ya ha debido cerrar. Nada nuevo bajo el sol. En la cuneta de la N-630 han quedado ése y otros tantos negocios.
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