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Los churros pesan en los bolsillos
Los churreros se ven obligados a subir los precios debido al encarecimiento de la harina, el aceite y el gas

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Los churros pesan en los bolsillos
Vicente Casado. / 'RINCÓN DE VICENTE'
Los amantes de los churros empiezan a ponerse a dieta. Algo tan simple como un churro ya está pesando en los bolsillos. Este producto tan sencillo como popular que se elabora únicamente con harina, agua, sal y levadura está subiendo de precio. El motivo: el encarecimiento de los productos básicos.

Este es el caso de la churrería 'Rincón de Vicente'. El dueño Vicente Casado explica que se ha visto obligado a subir el precio de los churros un 25% hace sólo unos días debido al incremento del precio de la materia prima. «La harina ha subido un 20% y el aceite a nosotros nos ha subido un 100%, con lo cual es lógico que también se encarezca el churro. La clientela se queja pero tiene que comprenderlo».

Vicente indica que la mayoría de las churrerías de Badajoz ya han subido el precio. «Incluso en algunos pueblos como Hornachos o La Codosera las churrerías han incrementado el precio mucho antes que yo». Javier Barrena, propietario de la churrería 'Morgan', apunta que también se ha visto obligado a subir el precio. Dice además que esta crisis económica afecta a todo el mundo, tanto a la empresa grande como a la típica churrería de barrio. «La gente se ve en dificultades para llegar a fin de mes y eso nosotros lo notamos porque salen menos a desayunar fuera de casa». En cuanto al encarecimiento del precio del churro, Barrena no descarta que pueda seguir subiendo.

Manteniendo precios

Sin embargo, hay otras churrerías que están 'aguantando el tirón'. Es el caso de la 'Churrería del Perpetuo Socorro' o de 'La Corchuela'. La propietaria de ésta última, María Jiménez del Amo, cuenta que «por ahora» lo está respetando. «Estoy aguantando como puedo porque a mí me ha subido todo, desde la harina hasta el gas. Pero, claro, si esto continúa así me veré obligada a subir el precio como ya han hecho muchas otras churrerías. O eso o no me quedará otra que cortar el churro en trozos más pequeños».

María Jiménez, de 50 años, lleva toda la vida trabajando en su churrería. El suyo es un negocio familiar que lleva funcionando cerca de 100 años. «Que yo recuerde ya mi abuelo trabajaba en la churrería. A mí me gusta este negocio, será porque lo llevo en la sangre», explica. El negocio de Vicente Casado también viene de familia. Él lleva 19 años trabajando en esta churrería, que perteneció a su padre. «Es una de las más antiguas de Badajoz».

Otro caso es el de la 'Churrería del Perpetuo Socorro' de Francisco Callero que empezó a trabajar allí por accidente. «Me lo ofrecieron porque necesitaban a alguien para encargarse de la churrería y yo, que en ese momento no tenía trabajo, acepté. Empecé temporalmente y aquí sigo», cuenta.

Sin embargo, Javier Barrena hace muy poco tiempo que ha decidido iniciarse en el mundo de los churros. Javier abrió hace escasamente diez meses su churrería. «Escogí este negocio porque creo que una churrería es algo que funciona, un churro es algo asequible a todo el mundo, es un desayuno popular y no vale caro. Además es algo fácil de aprender a elaborar y nosotros lo conseguimos gracias a la ayuda de Antonio Méndez, un churrero de Olivenza».

En lo que todos los churreros coinciden es que la churrería tiene que estar situada en un punto estratégico. En este sentido, Francisco explica que la clave del éxito de una churrería depende de dónde esté ubicada. «Las churrerías son un negocio que necesita del paso de la gente, por eso la mayoría se ubican cerca de un centro de salud o en lugares muy concurridos».

Menos churrerías

Los veteranos del negocio dicen que aunque la clientela no desciende el número de churrerías sí ha disminuido. «Antes había muchas más churrerías en Badajoz», indica Francisco. Pero, ¿por qué? Para los churreros el motivo de que ahora existan menos churrerías puede deberse a la constancia que requiere este trabajo. María asegura que «lo peor de este negocio es que hay que abrir todos los días del año. Los momentos más bonitos, como Semana Santa o Navidad, yo no los disfruto porque estoy trabajando».

Vicente indica que «este es un negocio antiguo y en muchos casos familiar y si los hijos no van encargándose de ellos se pierden».

Javier cuenta que el mayor inconveniente de este negocio es el horario. «Las churrerías empiezan a funcionar a primera hora y yo llevo muy mal eso de madrugar», dice.

Pero lo que para unos es un problema para otros es una ventaja. Francisco explica que «es verdad que tengo que abrir temprano pero a cambio tengo toda la tarde libre».

Sin embargo, para María es distinto. «Yo diría que ahora se venden menos churros que antes porque ahora vienen preocupados por la dieta».
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