
Fueron gestos como ése los que le revalorizaron por entre una afición, la emeritense, que ya le había acogido desde el principio de buen agrado por sus sorprendentes cifras goleadoras. Salía a gol por partido. Tan excelso rendimiento le surtió al Mérida que, antes de que finalizara contrato, Pepe Fouto lo vendió a mitad de temporada al Mallorca. El serbio, devoto del jamón y de la vida en la ciudad, se resistió hasta el final a la decisión del presidente. Precisamente ahí nació su idea de regresar. Y lo consiguió en el verano de 1996. Pero sus malas relaciones con Sergio Kresic le obligaron a emigrar al América de México a mitad de temporada. Pero no cesó en su empeño por volver. Y aquí está, ahora como entrenador, para conseguir un ascenso que nunca vivió como jugador en la capital emeritense.
Sin pensárselo
La posibilidad de hacerse cargo del Mérida se la comentaron en la noche del domingo, a través de una llamada telefónica. Sin meditarlo demasiado, agarró un avión el lunes para Madrid y ayer llegó al estadio Romano para firmar un contrato que lo vincula al club para los últimos seis partidos de Liga, «con la posibilidad, si se hacen las cosas bien, de que continúe la próxima temporada», adelanta un presidente, Fouto Galván, caracterizado por dar oportunidades a ex-jugadores sin experiencia en los banquillos. Lo hizo el año pasado con Jaime Molina y su padre lo inventó con Pepe Mel, Juan Señor y el malogrado Juanito en la década pasada. La mayoría de las apuestas rozaron el sobresaliente. De ahí la osadía por Milojevic.
Algo envejecido respecto a cuando se marchó, más elegante y apartado de la ropa juvenil que por entonces portaba y un poso de seriedad producto de la experiencia, lejos de esa jovialidad alborozada de sus días de jugador, Goran Milojevic no se cansó de recalcar ayer que la clave del éxito residirá en sus jugadores. «Yo he sido futbolista, y sé la importancia que tenemos en un vestuario y en un equipo. Ellos son los protagonistas», concretó el serbio, a quien no le agradó que el presidente, minutos antes, le otorgase todo el protagonismo del momento.
Atento al grupo
Después de comer se merendó de postre todos los partidos que el club guarda del Puertollano en su vídeoteca. Instruido en las grandes verdades del grupo IV, es consciente que no sabe más que Javier Álvarez o Gudi sobre la categoría y su nueva plantilla, de ahí que delegue en ellos más de lo que le gustaría en un principio. Pero, si pudiera y las exigencias no fueran tan apresuradas, le embriagaría imponer su estilo: «En un equipo hay que tener cierta disciplina. Hay que tocar, pero saber dónde, cuándo y cómo. No obstante, yo siempre intento atacar. Prefiero ganar un partido que empatar tres», ejemplificó un Milojevic que guarda en su decálogo el trato con el vestuario de Juanito y la filosofía de juego de Cruyff. «Aunque ahora me gusta el Atleti y como lo lleva Aguirre». Por eso jugará con el 4-4-2, «si tengo jugadores que me lo permitan, claro». «El primer objetivo es el primer partido. Yo nunca he echado cuentas. Me he informado y conozco a varios jugadores de la plantilla. Y también conozco la categoría: sé que se le puede golear al líder y perder con el colista. Miren el pasado domingo el Betis B con el Algeciras. Pero primero tengo que hablar con los jugadores, que son la clave de todo. Soy dialogante, pero hasta un punto. En la situación en la que estamos, a estas alturas, hay que ir a muerte. Porque, en mi modesta
opinión, esta ciudad merece un equipo en Primera». Primera lección: los tiempos cambian y el pasado, pasado fue. El mejor jugador de la historia del Mérida C.P., junto a Miguel Ángel Benítez y Sinval, deberá acostumbrarse a su nueva realidad.








