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HOYes.tvHOYes.tv | RSS | ed. impresa | Regístrate | 20 marzo 2010

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El juez que no quería ser político
25.03.08 -

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José Antonio Alonso fue compañero de colegio del presidente del Gobierno, a quien le une una sólida amistad. Ese mutuo afecto cimentado a pie de pupitre llevó a José Luis Rodríguez Zapatero a confiarle la pasada legislatura dos de las carteras más sensibles, Interior y Defensa, en un momento difícil y con el Ejecutivo inmerso en un proceso de diálogo con ETA. Magistrado de perfil progresista, al llegar al Gobierno esperaba ser ministro de Justicia y rehuía puestos de gran relevancia política. Aún así, no ha sabido negarse cuando el líder del PSOE le ha llamado para un cargo de máxima confianza.

Su primera misión fue dirigir el Ministerio del Interior, un puesto que nadie quería para sí en una legislatura que nació perturbada por los peores atentados de la historia de Europa y bajo la amenaza de los terrorismos etarra e islamista. Alonso, que este viernes tendrá 48 años, cumplió su cometido sin sobresaltos y, aunque no le gusta presumir de ello, será recordado como el primer responsable de la lucha antiterrorista que no tuvo que asistir a funerales, pues durante su mandato no hubo asesinatos.

El 7 de abril del 2006 sustituyó a Bono al frente de Defensa, poco después de que ETA declarase el alto el fuego. El cargo le convertía en jefe del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), principal órgano de espionaje adscrito a Defensa, en un momento en que los informes del servicio secreto y el trabajo de campo de sus agentes eran clave para verificar si la banda quería dejar de matar.

Alonso, que sabía más del proceso de lo que admitía, siempre defendió que, a pesar del fracaso, el presidente cumplió una obligación democrática al buscar la paz.

Días después de ser adscrito a Defensa, viajó a Afganistán para conocer el trabajo que allí desempeñan los militares españoles. Tras comprobar sus dificultades y ante la evidencia de una ofensiva de los talibanes, Alonso pidió permiso para incrementar en 150 efectivos el contingente en el país asiático, despliegue que se realizó tras la autorización del Congreso. Ese logro cautivó a los miembros de la cúpula militar, a quienes agradó mucho su influencia sobre el presidente, y también su discreción, cualidad que le alejaba de su antecesor.

Su peor jornada

Su día más aciago fue el 25 de junio del 2007, cuando el estallido de un coche bomba acabó con la vida de seis soldados en Líbano. Aquella misma tarde Alonso marchó a Líbano y regresó al día siguiente con los restos de los fallecidos, despedidos en un funeral de Estado.

Su natural discreción llevó a José Antonio Alonso a no capitalizar los éxitos de su etapa. En septiembre del 2007 dio por zanjadas las dificultades crónicas de los ejércitos para captar soldados y marineros. Meses antes el ministro había ordenado traer a España a una niña afgana para curarle en Madrid un tumor que le había desfigurado la cara y le impedía comer.

Ese año realizó un viaje a Estados Unidos. que enmendó en parte el desencuentro que existía entre ambos ejércitos por la retirada de Irak. Meses después, la bandera de las barras y estrellas volvió a desfilar por Madrid en la fiesta del 12 de octubre.
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