
Se nota, se siente, la crisis está presente. Los ciudadanos se retraen en el gasto, quizá no tanto porque hayan disminuido sus disponibilidades como por temor a que, a corto plazo, necesiten apretarse el cinturón. Pero hay capítulos a los que, al parecer, no están dispuestos a renunciar. Y el de acudir a los bares o restaurantes, es uno de ellos.
Así lo cree José Luis Ascarza, presidente de la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería. En su opinión, «siempre que hay un ajuste macroeconómico, se producen estas tensiones, pero el ocio, el disfrute es lo último a lo que los ciudadanos están dispuestos a renunciar».
Abundando en ese planteamiento, el dirigente empresarial está convencido de que «los ciudadanos pueden aplazar el cambio de coche o dejar para más adelante la compra del televisor de plasma, pero no esta dispuestos a dejar de ir al bar o al restaurante».
Para sostener su argumento, Ascarza echa mano de los datos de ocupación en hoteles y hospederías en estos días de Semana Santa. «La ocupación, en términos generales, ha sido del cien por cien en Extremadura. Si hubiera crisis los datos serían muy distintos y no estaríamos hablando de plena ocupación», advierte.
Según sus informaciones, el Martes Santo el sector hotelero de la región se encontraba al 91% de su capacidad y el miércoles ya había alcanzado el 94%, y tanto el Jueves como el Viernes Santo, los hoteles han estado casi al completo.
En contra de lo que opinan los propietarios de bares y restaurantes, Ascarza insiste en que la salvación de la economía familiar no está en ahorrarse el euro que cuesta una cerveza. «Por ese camino no se consiguen grandes ahorros», insiste.
Al exponer esta idea le viene a la memoria una frase del banquero Pablo de Garnica, histórico presidente del Banco Español de Crédito (hoy Banesto), quien aconsejaba saber ahorrar una peseta, pero también saber invertir un millón. «Quiero decir que los problemas económicos no desaparecen porque uno deje de acudir al bar», asegura José Luis Ascarza.
La opinión del representante de los hosteleros contrasta con las conclusiones de un estudio reciente elaborado por la consultora Deloitte. Los datos ponen de manifiesto que las comidas fuera de casa son, junto a los viajes o la compra del coche, las primeras víctimas del encarecimiento de los intereses. Las fuentes consultadas corroboran esta tendencia que, según prevén, se acentuará en la medida que continúen subiendo las cuotas de los créditos y haya recesión económica.
Pero Ascarza, a pesar de todo, insiste en que, «de momento» no puede decirse que el sector se esté resintiendo de la crisis, al menos en Extremadura. Por lo que al ocio respecta, la temporada que se avecina «será tan buena o mejor que las pasadas». Otra cosa -señala- es el turismo de negocio, relacionado con profesionales y representantes de empresas a los que, efectivamente, se les han recortado los gastos y eso sí puede influir.
Entretanto la crisis se manifiesta, Ascarza confiesa sentir un «moderado optimismo» y se mantiene «un poco a la expectativa, a ver qué pasa»
Otra visión
Para los que están detrás de la barra sacando adelante su negocio, las cosas se ven de otro modo. Desde esa posición el panorama que se divisa no mueve al optimismo. Desde luego, Juan Lara, que regenta el mesón 'Los gemelos' en San Roque, tiene una opinión bien distinta. «Digan lo que digan, se nota que hay menos dinero», asegura.
Desde hace unos meses la gente que acude a su establecimiento no consume con la prodigalidad de antes. Ahora, al parecer, en lugar de tres o cuatro cervezas los clientes se toman dos y en vez de pedir dos raciones se conforman con una. «Se nota, se nota mucho que hay menos dineros en los bolsillos», asegura Juan Lara.
Más que en las mesas, donde mejor se aprecia el retraimiento es en la barra, pues al decir de este empresario, «es el copeo diario el que más se resiente». Sobre todo por las noches, «el bajón ha sido grandísimo».
El restaurante Dosca II todavía no ha sido visitado por la crisis. Su propietario asegura que, por el momento, no la ve, pero la siente. Guillermo Cayado asegura que su restaurante sigue recibiendo la misma afluencia de gente, pero admite que «la barra está algo más flojilla, es verdad». Unos días antes de Semana Santa este popular cocinero aseguraba que su comedor marcha como siempre. «Hoy por hoy, tenemos todas las mesas al completo. Gracias a Dios, no nos podemos quejar», declara.
Aunque su clientela no haya descendido en lo cuantitativo, sí que observa una pérdida en lo sustantivo. Guillermo Cayado no oculta que últimamente los comensales reducen el menú, aquilatan el gasto en bebidas y postres y también prescinden de los entrantes.
Según explica, «antes era habitual que se pidieran unos entremeses, pero ahora se va directamente al menú. También la categoría de los vinos ha disminuido. «No sé si es por la crisis, pero el hecho es que es así», admite.
En tanto el comedor se mantiene en su nivel habitual, la barra da signos de decaimiento, con una menor afluencia y menor tiempo de permanencia de la clientela. «Se sigue consumiendo, pero es verdad que no en la misma cantidad de antes. Un par de cervecitas y para de contar», señala el dueño de Dosca.
En el popular bar de San Roque, La Esquina no se oculta que el movimiento «ha bajado mucho» de un tiempo a esta parte. Raúl Pintiado señala que estos días de Semana Santa no han sido tan buenos como otros años. «Lo hemos notado bastante, sobre todo en el comedor».
La actividad de la barra se mantiene más o menos estable durante las mañanas, pero por la noche ha decaído de manera muy significativa, reconoce Raúl Pintiado. Hay días entre semana que prácticamente no acude nadie. «Los lunes, martes y miércoles son nefastos al menos en este barrio. No sabemos a qué se debe».









