«Teatros como éste ya no te los encuentras», explicó Santiago, que cree que el descubrimiento ha supuesto un «antes y un después» para todos.
No sólo para los operarios que trabajan en la excavación, a los que algunos hallazgos, como la escultura, «les ha cambiado la vida», sino también para los habitantes del pueblo, que han comenzado a valorar su patrimonio. «Cuando empezamos con los trabajos, nos criticaban por invertir el dinero en lo que llamaban cuatro piedras, y ahora, a las tres y media de la tarde, algunos del pueblo empiezan a subir al cerro para saber qué ha aparecido en ese día», destacó.









