El porqué de su fascinación hacia este continente sólo se comprende sobre el terreno en el que bailan descalzos sus habitantes, por eso desde hace cinco años los integrantes extremeños de Yaramá dejan los instrumentos en Badajoz, se vacunan, preparan los visados y se embarcan hacia Senegal, Guinea, Gambia o Mali. Las semanas que pasan allí con sus maestros son algo más que un viaje de estudios.
Como un griot accidental pero con una DVC Pro HD en la mochila, el artista y camarógrafo Félix Méndez será el que traslade las leyendas africanas hasta Europa en su disco duro. Nada que ver con los ritmos makuru o dulumba con los que se expresan en estas latitudes. Un técnico y su ayudante, Maribel, han volado con Yaramá para plasmar en un documental el recorrido de estos tres españoles por el oeste africano guiados por sus dos compañeros autóctonos, hoy emigrantes. Cristina, Iván y Fidel no sólo buscan cada año emular los ritmos que esconden los maestros o perfeccionar nuevos pasos de baile. Necesitan impregnarse de la cultura mandinga y, esta vez, que las más de doce horas de material grabado expliquen el proceso vivido por los artistas. De fondo, imágenes teñidas con los vivos colores y la alegría que emana el continente más pobre del mundo.
«Cuando estás aquí se entiende que arriesguen su vida en cayucos. África parece un lugar de deshecho, la chatarrería del mundo. Los coches tienen veinte años, las medicinas son viejas. Coca-cola hay, cómo no, pero si miras en la botella, que son las que teníamos en España hace muchos años, están a punto de caducar», explica Méndez sobre unos países cuyos caminos están jalonados sin embargo con carteles de telefonía móvil de Orange. Tampoco faltan las parabólicas. «Son infraestructuras que suelen explotar empresas extranjeras, como los recursos naturales que hay, arroz, cacahuetes, ...», añade Iván Sanjuán.
Un mes de trabajo
Partieron el 26 de diciembre y regresaron a España el 26 de enero, explica Cristina Rosa, profesora de danza africana en Badajoz, por cuyas clases pasan más de 200 alumnos, la mayoría profesoras y actrices. Madrid, Casablanca, Dakar o Guinea Conakry han sido las escalas principales.
Un viaje de 48 horas en un Peugeot destartalado por pistas de tierra, mosquitos, 35 grados, el robo de parte del material de grabación durante un descuido en una aduana, basura esparcida por las calles, colchones en el suelo para dormir y la mayoría de pueblos sin luz excepto cuando juega la selección nacional de fútbol han sido parte de atípica peripecia invernal.
«La primera etapa del viaje la hemos llamado 'La palabra'. Queríamos indagar en la tradición oral africana, pilar fundamental de la transmisión de su historia y cultura, por eso recogimos el testimonio del griot Mahamadou Kouyate y nos adentramos en uno de los barrios más humildes de Dakar, Pikine, cuna de artistas muy conocidos y donde ensayamos en el complejo cultural Leopold Sedar Senghor con una de las grandes figuras femeninas de la lírica tradicional, la cantante Dialimousso Drame», explica Iván Sanjuán.
Aunque la velocidad de los bailarines es trepidante y su elasticidad y precisión asombrosa, las aulas de baile allí son muy precarias -explica Cristina- con agujeros en el suelo y donde los niños miran fijamente cómo evolucionan los artistas. «En cuanto un día hay hueco, se meten a ensayar pasos esperando una oportunidad del profesor. Allí hay mucha pobreza y llegar a ser artista implica ingresar en un ballet con el que podrían llegar a Europa algún día, pero no siempre es posible y vivir sólo de la danza en África es muy difícil».
En la segunda etapa pretendían ahondar en los pueblos tradiciones después de abandonar Dakar, atravesar Gambia y llegar a la región senegalesa de Kolda, donde predominan los núcleos rurales. «Tuvimos la ocasión -prosigue Cristina- de asistir a una fiesta tradicional como la de Djimba Tolu, fiesta de mujeres que entonan cantos y danzas ancestrales. Allí, las mujeres que no han podido tener hijos o se les han muerto de pequeños se apoyan unas a otras en una especie de ritual».
Un día después se desplazaron al pueblo de Abenem, en la costa y donde habita un grupo étnico más, los diolas. «Aquí asistimos a un festival de folclore africano que celebraba su decimocuarta edición. Yaramá participó como grupo invitado y aprovechamos para entrevistar e incluir en el documental a Tie Cumba, director artístico de diferentes formaciones y uno de los principales maestros de Ibrahima Diabate, nuestro compañero guineano».
La percusión y la danza fue la última etapa del viaje, esta vez en Conakry, capital de la república de Guinea. Coreógrafos, bailarinas, solistas, percusionistas, ... personajes relevantes en la música de este país o la fabricación de instrumentos como los djembés o el balafón que usa Yaramá en sus actuaciones también fueron grabados por Félix Méndez.
On-Yarama es el título del futuro documental de 45 minutos que ahora mismo se está montando y subtitulando en varios idiomas. Lo presentarán a festivales y lo ofertarán a cadenas de televisión. El proyecto lo ha impulsado la asociación cultural Malévola y ha tenido un coste aproximado de 30.000 euros.
«La prioridad -subraya Cristina Rosa- es difundir al máximo el trabajo que hemos hecho con el fin de dar a conocer esta cultura, pues pensamos que conocer a un pueblo ayuda a respetarlo. Cuando cubramos los gastos del viaje con la venta del documental, lo que sobre lo destinaremos a alguna causa benéfica relacionada con el desarrollo de esta parte de África. Pese a mostrarnos siempre su cara más alegre, lo necesitan». Galería Todas las fotos del viaje
Vídeo Trailer del documental On-Yarama










